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Los polvos sueltos son uno de esos cosméticos que parece que nunca van a bajarse del trono. Solo hace falta echar un vistazo a nuestro alrededor para darnos cuenta: aunque el acabado completamente mate ya no es la gran tendencia, seguimos recurriendo a ellos para controlar los brillos, fijar la base y conseguir que el maquillaje aguante muchas más horas.

Lo curioso es que, aunque forman parte de prácticamente cualquier neceser, utilizarlos bien no resulta tan sencillo como parece. El tono que escogemos, el tipo de polvo, la cantidad que aplicamos, cómo lo hacemos y, sobre todo, dónde lo aplicamos pueden marcar la diferencia entre una piel bonita y otra que parece excesivamente maquillada.

Y es precisamente esa sencillez la que puede llevarnos a cometer errores. Patricia Cuesta, Head of Education & Artistry de Too Faced, explica cómo aplicarlo para conseguir una piel fijada, fresca y natural, también cuando aparecen los primeros signos de la edad.

El error más común en el maquillaje

Durante años, aplicar polvos sueltos significaba prácticamente cubrir el rostro entero. La intención era eliminar cualquier rastro de brillo y conseguir una piel completamente mate, pero las tendencias han cambiado y con ellas también la manera de entender la fijación del maquillaje.

Ahora el objetivo es distinto. La piel no tiene por qué perder toda su luminosidad para que una base quede bien fijada, de hecho, conservar ciertos puntos de luz ayuda a mantener la dimensión del rostro y consigue que el resultado sea mucho más natural, especialmente cuando aparecen líneas de expresión, pequeñas arrugas o cambios en la textura.

"Antes se buscaba matificar toda la piel, ahora buscamos equilibrio. Hoy utilizamos los polvos de forma estratégica, solo donde realmente hacen falta, para fijar el maquillaje sin perder ese glow natural que tanto nos gusta", explica Patricia Cuesta.

La cantidad tiene mucho que ver con ese acabado. De acuerdo con la experta, una capa excesiva de polvo puede absorber demasiado la humedad superficial de la piel y hacer que el maquillaje pierda frescura.

En una piel madura, además, puede acumularse en pequeñas líneas y hacer que estas resulten más visibles a medida que pasan las horas.

Por eso, uno de los principales cambios está en dejar de entender los polvos como un producto que debe repartirse por todo el rostro. La clave está en observar dónde aparece realmente el exceso de brillo o dónde necesitamos que la base permanezca más estable y trabajar únicamente esas zonas.

"Ahora somos mucho más precisos con la cantidad y con la zona donde colocamos el polvo. Yo lo concentraría en el centro del rostro y alrededor de la nariz, y sería mucho más ligera en zonas secas o donde haya líneas de expresión", explica la maquilladora.

La zona T sigue siendo una de las grandes aliadas de los polvos

Para saber dónde hay que aplicar este producto, la maquilladora ha dibujado un nuevo mapa del rostro en el que los polvos ya no tienen cabida en todas partes. La clave está en identificar las zonas que realmente necesitan fijación y dejar el resto de la piel libre para conservar su luminosidad natural.

La frente y el centro del rostro son algunas de las áreas donde más fácilmente aparece el brillo, por lo que continúan siendo zonas especialmente adecuadas para utilizar polvo suelto. Aquí puede ayudar a fijar la base y prolongar su duración sin necesidad de modificar el acabado del resto de la piel.

La clave está en no convertir la zona T en una superficie completamente mate. Basta con depositar una pequeña cantidad allí donde el maquillaje tiende a perder fijación o donde el exceso de grasa resulta más evidente.

En las pieles maduras, este gesto adquiere todavía más importancia porque permite mantener la luminosidad en las zonas que no necesitan corrección. El resultado es un rostro con diferentes dimensiones, en lugar de una capa uniforme de producto que termina haciendo que la piel parezca más plana.

El contorno de la nariz es otro de los puntos en los que los polvos pueden resultar especialmente útiles. Se trata de una zona con bastante movimiento, donde la base puede desplazarse con facilidad a lo largo del día y donde también pueden aparecer brillos.

Aquí la aplicación debe ser todavía más localizada. No hace falta cargar la brocha ni insistir varias veces, de hecho, una pequeña cantidad de producto puede ser suficiente para mantener la base en su sitio y evitar que termine acumulándose o desapareciendo.

Por último, la barbilla completa ese mapa de zonas que pueden beneficiarse de los polvos, aunque con una condición: no siempre es necesario aplicarlos. Si no aparecen brillos y la base permanece bien fijada, no hay motivo para añadir otra capa de producto.

Esta adaptación es especialmente útil en las pieles maduras, que pueden presentar zonas con necesidades muy diferentes. Mientras el centro del rostro puede necesitar cierta fijación, las mejillas o el contorno de los ojos pueden estar más secos y mostrar líneas de expresión con mayor facilidad.

"El error más común es aplicar demasiada cantidad. Con los polvos, menos es más. Otro error es fijar zonas que no lo necesitan, eliminando la dimensión natural de la piel", confiesa la maquilladora.

El producto que apuesta por una fijación ligera

Dentro de esta nueva forma de entender los polvos sueltos se encuentra Peach Perfector Loose Setting Powder de Too Faced, una fórmula diseñada para fijar el maquillaje sin renunciar a un acabado natural.

Su textura ultrafina proporciona un acabado soft matte que ayuda a difuminar visualmente la apariencia de los poros y la textura, al tiempo que controla los brillos y fija el maquillaje hasta 24 horas.

La idea encaja con la manera de aplicar el producto que defiende Patricia Cuesta: utilizarlo allí donde aporta algo al maquillaje y evitar cubrir innecesariamente el resto del rostro.

La fórmula permite trabajar con cantidades pequeñas, algo especialmente relevante cuando se busca un resultado ligero. En lugar de utilizar el polvo para transformar completamente el acabado de la piel, se emplea para corregir puntos concretos y mejorar la duración de la base.

Peach Perfector Loose Setting Powder. Too Faced

También es importante elegir un tono que se adapte al resultado que buscamos. Peach Perfector Loose Setting Powder está disponible en cinco tonos translúcidos y ultrafinos: Peachy Pink, Peach Whisper, Golden Peach, Caramelized Peach y Bronzed Peach.

Así, los polvos sueltos mantienen su función de siempre —fijar, controlar los brillos y prolongar el maquillaje—, pero cambia la forma en la que se utilizan. En lugar de cubrir el rostro de manera uniforme, se aplican con una lógica mucho más precisa: poca cantidad, solo donde hace falta y respetando la luminosidad natural de la piel.