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Durante años hemos buscado ese producto capaz de cambiar por completo el aspecto de nuestro rostro. El retinol más potente de la farmacia, la crema que promete una hidratación extrema o el sérum que asegura transformar la piel en pocas semanas.

Sin darnos cuenta, muchas veces entramos en un círculo interminable en el que probamos un cosmético detrás de otro esperando encontrar el definitivo. Y, en medio de esa búsqueda, podemos olvidar que hay gestos mucho más sencillos que también condicionan el aspecto de nuestra piel.

Uno de ellos es el lavado. Ese momento que muchas hacemos deprisa, con cualquier jabón que encontramos por casa o limitándonos a retirar el maquillaje sin prestar demasiada atención a lo que queda sobre el rostro. Según la esteticista Cristina Fogazzi, fundadora de la firma italiana Veralab, una buena limpieza es mucho más importante de lo que pensamos.

La piel necesita una limpieza adecuada

El verano suele ser una de las épocas en las que más cambios notamos en la piel. Aunque mantengamos la misma rutina que durante el resto del año, pueden aparecer pequeños granitos, la textura puede volverse más irregular y los poros parecer más visibles.

Y aunque los meses más calurosos ya hayan quedado atrás, sus efectos pueden seguir presentes en la piel durante las primeras semanas de otoño. Las imperfecciones no siempre desaparecen con la bajada de las temperaturas, especialmente después de semanas de sudor, protector solar y exposición a factores externos.

A ello se suman elementos que están presentes en cualquier época del año: la contaminación, los restos de maquillaje y el exceso de sebo que se va acumulando sobre la piel.

Cada uno de estos elementos deja sus propios residuos y, cuando se mezclan, pueden hacer que la piel se sienta más pesada y favorecer la obstrucción de los poros si no se retiran correctamente al final del día.

Es justo aquí donde tendemos a cometer el error, y es que, una limpieza rápida no retira todos estos residuos. "Los filtros solares modernos contienen ingredientes de naturaleza lipofílica para adherirse mejor a la piel y resistir el agua", apunta Fogazzi.

La experta defiende la doble limpieza como el gesto que prepara realmente la piel antes de cualquier tratamiento posterior. Es posible que hayamos oído hablar ya de ella, ya que se ha convertido en uno de los rituales más conocidos dentro del cuidado facial.

Sin embargo, su nombre puede dar lugar a dudas. "Aunque a menudo se interpreta como lavar dos veces la piel, la doble limpieza consiste en utilizar dos tipos de limpiadores que actúan sobre residuos diferentes", explica.

El primero de ellos es un limpiador de base oleosa. Por afinidad, este tipo de fórmula puede ayudar a disolver el exceso de sebo, el maquillaje y los filtros solares, además de otras impurezas de naturaleza grasa que permanecen sobre la piel.

Limpieza facial IStock

Tiene especial sentido cuando se utiliza protector solar. Los filtros solares modernos incorporan ingredientes que ayudan a que el producto se adhiera a la piel y mantenga su protección, incluso cuando existe contacto con el agua. Esa misma resistencia hace que una limpieza superficial pueda no ser suficiente para retirarlos por completo.

Después llega el segundo paso, realizado con un limpiador acuoso. En este caso entran en juego tensioactivos suaves que ayudan a retirar el sudor, las partículas hidrosolubles y los restos que todavía permanecen sobre el rostro después del primer producto.

Por eso Fogazzi insiste en que no se trata de limpiar más, sino de limpiar mejor. La diferencia está en que cada producto cumple una función distinta y se encarga de residuos diferentes, en lugar de intentar eliminarlo todo con un único limpiador.

La doble limpieza está especialmente indicada por la noche, cuando termina el día y la piel acumula todo aquello con lo que ha estado en contacto.

Además, es esencial saber que no es necesario llevar maquillaje para que la doble limpieza tenga sentido: el protector solar, el sebo, el sudor y la contaminación también forman parte de lo que se debe retirar antes de continuar con la rutina de cuidado.

Y aquí aparece otro de los motivos por los que la limpieza ocupa un lugar tan importante. Una vez que la piel está correctamente limpia, los productos que aplicamos después encuentran una superficie libre de los residuos que se han ido acumulando a lo largo del día.

El dúo de Veralab para una limpieza completa

La firma italiana Veralab, fundada por la esteticista Cristina Fogazzi, ha creado su propia propuesta para llevar a cabo este ritual de limpieza en dos pasos.

El dúo está formado por Olio Denso y Spumone, dos productos que se utilizan de forma consecutiva y que cumplen funciones diferentes a la hora de eliminar los residuos acumulados sobre la piel.

El Olio Denso es el primer paso. Se trata de un aceite-gel limpiador multifuncional que, al entrar en contacto con el agua, se transforma en una emulsión ligera que facilita su retirada.

Su función es disolver maquillaje, protector solar, contaminación y exceso de sebo. La fórmula incorpora también extractos vegetales y vitamina E, con acción antioxidante, mientras ayuda a eliminar los residuos que permanecen sobre la piel.

La doble limpieza de Veralab. Veralab

Una de sus particularidades está precisamente en esa transformación al entrar en contacto con el agua. El producto comienza con una textura más densa y oleosa y después se convierte en una emulsión que puede aclararse con facilidad.

De esta manera, el primer paso no consiste en frotar repetidamente el rostro para intentar retirar los productos resistentes, sino en utilizar la afinidad de la fase oleosa para ayudar a disolverlos.

Después se utiliza Spumone, la segunda parte del dúo. Es una espuma limpiadora formulada con tensioactivos suaves que completa la limpieza y ayuda a retirar los residuos que puedan haber quedado después del primer paso.

Su fórmula incorpora aceite de babasú y extractos vegetales de açaí, granada y té verde. El objetivo es conseguir una sensación de limpieza y frescor sin que el gesto resulte excesivamente agresivo para la piel.

La secuencia, por tanto, es sencilla: primero se utiliza Olio Denso para retirar los residuos de naturaleza grasa y después Spumone para completar la limpieza. Una vez aclarado el segundo producto, la piel queda preparada para continuar con el resto de la rutina nocturna.

La firma plantea este dúo para todo tipo de pieles, especialmente en momentos en los que existe una mayor exposición a protector solar, maquillaje o productos resistentes al agua.

No obstante, que una rutina sea de doble limpieza no significa que haya que utilizar productos agresivos ni dejar la piel completamente tirante para considerar que está limpia.

De hecho, esa sensación de tirantez no debería ser el objetivo. Una limpieza adecuada debe eliminar los residuos sin convertir el lavado en una agresión para la barrera cutánea. Por eso resulta relevante tanto el tipo de limpiador como la forma de utilizarlo y la frecuencia.

En el caso de la doble limpieza, la recomendación de Veralab es realizarla por la noche. Es el momento en el que tiene sentido retirar todo lo que se ha acumulado durante la jornada y dejar la piel preparada para los productos que se aplicarán después.