Llevamos años buscando el secreto definitivo para conseguir que el maquillaje aguante más. Hemos probado de todo: desde rociarnos la cara con la laca más extrema del supermercado —no hagáis esto en casa— hasta sumergirla en un bol de agua helada con la esperanza de que la base quedara sellada.
Y, aunque estas técnicas pueden hacerse virales, la realidad es que el secreto para prolongar la duración del maquillaje siempre ha estado mucho más cerca: saber utilizar unos buenos polvos matificantes y, sobre todo, encontrar unos que realmente cumplan lo que prometen.
Porque la técnica importa, pero también importa muchísimo el producto y cuando encuentras unos polvos que fijan la base, controlan los brillos y consiguen que la piel siga pareciendo piel horas después, sabes que la espera ha merecido la pena. Una sensación que he tenido con los Cloud Set Loose Powder de Kosas.
El polvo que fija el maquillaje sin dejar la piel acartonada
Hace apenas unos meses probé por primera vez Kosas y la firma se ha convertido rápidamente en una de mis favoritas. No ha habido prácticamente nada de lo que haya probado que me haya hecho pensar que no merecía la pena, así que esta vez empezaba con unas expectativas bastante altas.
Aun así, los Cloud Set Loose Powder han conseguido sorprenderme.
Lo primero que me llamó la atención fue su textura. Es extremadamente fina, ligera y fácil de trabajar, algo que para mí marca una diferencia enorme cuando hablamos de polvos para fijar el maquillaje. No dejan esa sensación de llevar una capa de producto encima de la piel y, una vez aplicados, apenas se perciben.
Y esto es especialmente importante cuando empiezan a aparecer las primeras líneas de expresión o cuando ya tenemos arrugas visibles. Unos polvos demasiado densos pueden hacer que el maquillaje se acumule en ellas y que, con el paso de las horas, la piel se vea más seca, marcada y artificial.
Con estos ocurre justo lo contrario: ayudan a mantener el maquillaje en su sitio sin convertir el rostro en una superficie completamente mate y rígida.
Los Cloud Set Loose Powder están pensados para fijar el maquillaje y controlar el exceso de sebo sin eliminar por completo la dimensión natural de la piel.
Kosas los describe como unos polvos translúcidos de fijación y efecto difuminador, con una textura ultraligera que busca mantener a raya los brillos mientras conserva cierta luminosidad.
La firma indica, además, que la fórmula está diseñada para difuminar visualmente poros y líneas finas sin dejar un acabado seco o empolvado.
Para mí es justo ahí donde está la diferencia. Hay polvos que funcionan muy bien durante la primera hora y después empiezan a jugar en nuestra contra: la piel se ve cada vez más cargada, el producto se mete en las pequeñas líneas y lo que al principio parecía un maquillaje perfectamente pulido termina teniendo un aspecto mucho menos favorecedor.
Con estos no he tenido esa sensación. La textura es tan fina que se integra fácilmente con la base y el corrector, y el resultado es mucho más natural.
Para mí, este equilibrio es precisamente lo que hace que estos polvos resulten tan fáciles de incorporar a una rutina diaria. No obligan a elegir entre una piel sin brillos y una piel bonita, sino que controlan el exceso de grasa, pero mantienen un acabado mucho más parecido al de la piel real.
Todas estas características no se entienden sin saber qué es lo que lo consigue. La fórmula incorpora sílice y extracto de bambú, un ingrediente que Kosas utiliza por su capacidad para ayudar a absorber el exceso de sebo.
También contiene mica, derivados de jojoba y otros ingredientes destinados a conseguir ese acabado suave y difuminado.
Es una fórmula sin talco, no comedogénica y apta incluso para pieles sensibles. Además, está disponible en 7 tonos, 5 de ellos traslúcidos y 2 de ellos iluminadores.
Si hablamos de durabilidad, la firma confirma hasta 12 horas de duración; sin embargo, el resultado depende también de la preparación de la piel, de la base utilizada, de la cantidad de producto y, por supuesto, de factores como el calor, la humedad o la propia producción de grasa.
Lo que sí hacen estos polvos es proporcionar esa capa final que ayuda a que todo permanezca mucho más estable, algo que se percibe al cabo de varias horas, cuando la base y el corrector permanecen más controlados y los brillos aparecen de forma mucho más gradual.
Cómo aplicar los polvos para que el maquillaje dure más
Una vez conocido el producto, es esencial saber cómo trabajarlo y la clave está en no utilizarlos como si estuviéramos cubriendo la piel con una nueva capa de maquillaje. Los polvos matificantes sirven para fijar y perfeccionar lo que ya hemos aplicado, así que la cantidad debe ser —generalmente— pequeña.
Sin embargo, es posible que hayas oído hablar del término baking, una técnica de maquillaje que consiste precisamente en aplicar una cantidad mucho más generosa de polvo sobre determinadas zonas del rostro y dejarlo actuar durante unos minutos antes de retirar el exceso.
Esta técnica se utiliza sobre todo para fijar intensamente el corrector y conseguir un acabado muy pulido, aunque no siempre es la opción más adecuada para el día a día.
La diferencia está en la cantidad y en el efecto que buscamos. Mientras que una aplicación ligera permite controlar los brillos y mantener el maquillaje en su sitio sin alterar demasiado la textura de la piel, el baking crea una capa de polvo mucho más evidente.
En una piel joven puede funcionar como parte de un maquillaje más elaborado, pero cuando empiezan a aparecer líneas de expresión puede hacer que se marquen más de lo que nos gustaría.
Entonces, ¿cómo aplicamos el polvo matificante en una piel madura? La maquilladora profesional Bárbara Martos recomienda utilizar una cantidad pequeña y trabajarla de forma ligera para evitar ese efecto acartonado que termina haciendo que la piel parezca más envejecida.
Antes y después de usar los Cloud Set Loose Powder de Kosas.
Para ella, una brocha permite distribuir mejor el producto y controlar mucho más la cantidad que depositamos sobre el rostro. Pero una borla es mucho más útil si queremos una fijación más intensa o sobre un punto más concreto.
La aplicación cambia bastante el resultado. En lugar de arrastrar la brocha de un lado a otro, con la borla debemos presionar ligeramente el producto sobre las zonas que queremos fijar y después difuminar los bordes. Así conseguimos que el polvo se adhiera al maquillaje sin mover la base que hemos trabajado previamente.
En otras palabras, usar este tipo de productos con brocha puede dejar un acabado igual de impecable, aunque quizás menos duradero.
La zona T es la protagonista cuando el objetivo principal es controlar los brillos. Frente, nariz y barbilla suelen necesitar algo más de producto, mientras que en las mejillas podemos utilizar una cantidad mucho más pequeña si queremos conservar un aspecto luminoso.
Una de las zonas donde más sentido tiene utilizar polvos sueltos es precisamente sobre el corrector, especialmente alrededor de los ojos.
Al tratarse de una zona con movimiento constante, el producto puede desplazarse o acumularse en las pequeñas líneas de expresión a medida que pasan las horas. Una cantidad ligera de polvo ayuda a fijarlo y mantenerlo en su sitio.
Aquí es donde a mí me gusta especialmente combinar los Cloud Set con otro de mis productos favoritos de Kosas: el Revealer Concealer. Su textura cremosa y su cobertura media dejan un acabado natural, pero una pequeña cantidad de polvo encima consigue que permanezca más estable durante horas sin restarle luminosidad a la mirada.
El corrector tiene una textura cremosa y una cobertura media que deja un acabado bastante natural. Está disponible en 38 tonos y su fórmula incorpora ácido hialurónico, cafeína y péptidos, ingredientes que la marca incluye dentro de su propuesta de maquillaje con tratamiento.
Y si lo que quieres es que el maquillaje aguante todavía más, lo ideal es terminar con un fijador como el Cloud Set Airy Setting. Esta bruma ayuda a fijar el maquillaje durante 12 horas, al tiempo que hidrata y suaviza visualmente la textura.
Su fórmula es ligera, sin alcohol, aceite ni perfume, y puede reaplicarse durante el día para refrescar el maquillaje.
Lo utilizo al final, manteniendo el spray a unos 20-25 centímetros del rostro y dejando que la bruma se asiente sin tocar la piel.
Es un paso que me gusta especialmente porque ayuda a que el acabado final no tenga esa apariencia excesivamente empolvada que pueden dejar algunos polvos cuando los utilizamos para alargar la duración.
El resultado es una piel uniforme, con los brillos bajo control, pero que sigue pareciendo piel. Y esa diferencia, sobre todo cuando empiezan a aparecer pequeñas líneas de expresión, vale muchísimo.
