Parece que comprar un perfume de 300 euros por 15 no genera ninguna sospecha entre algunos usuarios de internet. Al contrario, hay quienes lo celebran como una compra inteligente. Basta con abrir TikTok o Instagram y buscar #DupeAlert para ver que asociados a la etiqueta hay contenidos que alimentan la idea de que cualquier creación cosmética puede clonarse.
Lo que comenzó como un nicho digital se ha transformado en consumo masivo aceptado abiertamente por cada vez más usuarios, muchos de ellos zetas, y es que la promesa de acceder al lujo por un precio insignificante resulta irresistible para los jóvenes. Sin embargo, tras la fachada inofensiva de estas réplicas baratas se oculta una realidad que alarma a la industria.
Aunque el término dupe (del inglés duplicate) no figura en los códigos legales, este podría explicarse a partir de tres categorías: está el producto genuinamente inspirado y legal; la imitación en una zona gris que 'recuerda' demasiado al original de una firma más cara; y, por último, la copia directa que suplanta los elementos protegidos de la marca.
Del dupe a la falsificación
En las redes, estas fronteras se desdibujan fácilmente. La primera categoría es respetuosa y segura, mientras que la tercera entra de lleno en terreno ilegal. El verdadero conflicto se concentra en la segunda, con productos ambiguos que rozan la confusión y se aprovechan del prestigio ajeno.
Ahí entra en juego el papel del influencer. Hoy algunos creadores de contenido comparan envases, texturas y olores recomendando clones con frases como 'es exactamente igual, pero por la mitad de precio'. Muchos piensan que sólo están recomendando un hallazgo, pero cabe preguntarse si son conscientes del alcance y de las implicaciones de sus posts.
Para las marcas, toda esta nueva esta moda resulta ambivalente. Por un lado, ganar visibilidad en internet reafirma que su producto es el deseo de referencia. Por otro, ven cómo terceros se lucran de su inversión sin crear nada. Ante este escenario, firmas como Sol de Janeiro o Lululemon (esta desde el textil) ya han llevado estos clones a juicio.
Frente a este fenómeno, la lección de la industria, por el momento, viene a decir que hay espacio para el dupe si respeta la diferenciación y la transparencia. Inspirarse es legítimo; confundir o aprovecharse de la reputación ajena, no. El problema surge cuando la viralidad digital normaliza el plagio, abriendo de par en par la puerta a la falsificación.
Para entender lo que nos jugamos al usar estos productos, líderes de la industria y voces expertas se reunieron recientemente en Madrid con motivo del encuentro anual de L'Oréal Groupe. Allí reflexionaron sobre el presente de la cosmética, la cara oculta de las copias falsas creadas de forma clandestina y la urgencia de proteger la innovación de la belleza.
Para Julián Díaz, portavoz de Persé, la sofisticación de estos piratas confunde al comprador en el punto de venta. "Las mafias han perfeccionado las botellas hasta extremos increíbles, pero el verdadero peligro está en el jugo", advierte, recordando que rociarse sustancias sin verificar "representa un riesgo grave para la salud".
Estas copias ilegales se fabrican con frecuencia en espacios clandestinos que no cumplen la más mínima norma de higiene. En lugar de ingredientes seguros y controlados, la industria denuncia el uso de alcoholes industriales baratos y fijadores no autorizados que terminan provocando alergias, picores y dermatitis en la piel.
Estantería con distintas fragancias.
Las intervenciones policiales demuestran que no se trata de pequeños talleres aislados. En febrero, la desarticulación en Cataluña de la mayor macrofábrica de perfumes falsos de Europa se saldó con la incautación de 1,21 millones de frascos de numerosas marcas de lujo, una red con capacidad para fabricar 4 millones de unidades al año.
El impacto de la copia
Cuando los laboratorios de la patronal Stanpa examinan qué hay dentro de estos frascos ven que, mientras una fragancia original combina unos 80 ingredientes en una pirámide olfativa compleja, las réplicas apenas mezclan 20 con agua, etanol industrial e incluso, en ocasiones, sustancias tóxicas como el dietilenglicol.
A esto se suman los operativos contra la venta informal y el comercio no regulado en la calle: operaciones recientes como la llamada Bamba en Sevilla han permitido retirar miles de frascos y cosméticos falsificados listos para la venta, recordando que estas mercancías circulan sin ningún tipo de registro sanitario ni garantías para el consumidor.
Desde la patronal Stanpa, su CEO, Val Díez, desmitifica la supuesta equivalencia entre el clon y el original. "Existe la creencia errónea de que compartir ciertos ingredientes significa que dos productos son iguales", señala, definiendo las copias como una forma de "parasitismo" que engaña al usuario vendiendo una ilusión perfumada sin controles de laboratorio.
"La mayoría no huelen de la misma forma, algunos ni se parecen o engañan al consumidor con cantidades muy inferiores y combinaciones incompletas", sentencia la ejecutiva, recordando que un producto auténtico requiere años de investigación y que, por tanto, "un fabricante ético jamás podría colaborar en hacer imitaciones".
Las estadísticas confirman hasta dónde llega el fenómeno. Según datos de la Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea destacados por Javier López Zafra, secretario general y director de Relaciones Institucionales de L'Oréal España y Portugal, "el 50% de los jóvenes de 15 a 24 años estaría dispuesto a comprar réplicas" si con ellas ahorra.
"El 26% de estos chicos admite haberlo hecho alguna vez", cita el directivo, quien recalca que se trata de "un problema de educación pública" que gigantes como L'Oréal tratan de resolver aliándose con asociaciones como Stanpa, y recuerda que "el éxito comercial debe depender de la innovación y no de la réplica".
El agujero económico que deja esta piratería en Europa supera los 3.000 millones de euros en ventas perdidas cada año. Esta sangría financiera pone en riesgo cerca de 50.000 empleos directos e indirectos en el continente, de ahí que defender la propiedad intelectual sea indispensable para garantizar que el éxito comercial dependa de la honestidad y el rigor científico.
Para medir lo que está en juego frente a las redes clandestinas, la presidenta de L'Oréal España y Portugal, Ana Jaureguizar, desgrana el volumen económico de la belleza: "El sector alcanzó 11.800 millones de euros en el último ejercicio en España, con un sólido crecimiento del 5,8% que duplica la tasa del PIB nacional".
Nuestro país consume belleza y también lidera su elaboración a escala internacional, situándose como el segundo exportador mundial de perfumería, superado únicamente por Francia. Si se amplía la radiografía a toda la cosmética, las ventas al exterior del sector superan con holgura las cifras de industrias tan emblemáticas como las del vino y el aceite juntas.
Demostración del modo de empleo de los perfumes recargables de L'Oréal Groupe.
También hay que decir que la contribución social de la belleza se traduce en 400.000 empleos a lo largo de toda la cadena de valor en territorio español. Cada puesto directo genera 17 adicionales en la economía. A escala europea, el informe The Value of Beauty, elaborado por Oxford Economics, cifra el impacto del sector en 180.000 millones de euros. Se dice rápido.
Refill y lujo, compatibles
Frente al dilema de querer usar buenas marcas sin gastar una fortuna, la industria está promoviendo el concepto del lujo inteligente. La gran apuesta para que los jóvenes no tengan que acudir a productos piratas son los formatos recargables, que permiten mantener el frasco original e ir rellenándolo a un precio mucho más ajustado.
El director de L'Oréal Luxe, Luc Lanel, sostiene que la sostenibilidad y la alta perfumería comparten una misma filosofía. "Un producto de lujo es algo que deseamos conservar para siempre", argumenta, subrayando que el concepto de recarga encaja de forma natural con la exclusividad al hacer del frasco un objeto duradero.
La campaña de L’Oréal #JoinTheRefillMovement cuenta con el respaldo activo de figuras de la cultura pop y referentes de la Gen Z. Artistas como Dua Lipa para YSL, Emma Watson para Prada o Zendaya para Lancôme abanderan el uso de formatos recargables. Su influencia conecta así el deseo aspiracional con un consumo más sostenible.
Esta tendencia de rellenar envases se extiende a los productos de uso diario en el baño. Guillaume Sonolet, director general de Gran Consumo en L'Oréal, menciona la llegada de las recargas en formato doypack para geles y champús como soluciones que reducen el plástico y ofrecen un ahorro directo al consumidor.
El grupo L'Oréal apuesta por las 'ciencias verdes' para sacar el máximo partido de los ingredientes de sus perfumes.
El valor de la ciencia
Frente al plagio instantáneo, la concepción de una fragancia legítima requiere un esfuerzo prolongado. Desarrollar una fórmula original puede llevar "unos tres años de investigación", estima Díaz, tiempo en el que se comprueba que la mezcla no cause irritaciones ni reaccione negativamente al exponerse al sol, por ejemplo.
A la exigencia temporal del desarrollo se suma un severo riesgo comercial que sólo asumen los fabricantes legítimos. De todos los perfumes lanzados al mercado por las grandes casas, apenas una ínfima parte consigue consolidarse a largo plazo. Frente a este escenario, las marcas piratas esperan a que un producto triunfe para copiarlo sin asumir costes.
La inversión necesaria para sostener la búsqueda de avances alcanza cifras impresionantes en los grandes grupos cosméticos. Sonolet recuerda que L'Oréal destina cada año "más de 1.300 millones de euros a Investigación y Desarrollo". Este presupuesto representa "más del 3% de la cifra de negocio anual dedicado exclusivamente a la ciencia".
Y ese compromiso científico se traduce en un ecosistema de conocimiento sumamente amplio. Los investigadores del grupo gestionan una base de datos de más de 17.300 terabytes de información sobre ingredientes, moléculas, tendencias, etc., lo que convierte esta suerte de repositorio beauty en uno de los más ambiciosos a escala mundial.
Para garantizar que ningún producto cause problemas en la piel, los laboratorios aplican protocolos muy estrictos desde el primer borrador. La directora de Asuntos Científicos, Cristina Biurrun, explica el concepto Safety by Design: "Calculamos dosis de ingredientes 100 veces por debajo del límite de riesgo" y se realizan más de 40.000 ensayos al año.
También destaca la tecnología pionera que evita la experimentación con animales —práctica que L'Oréal abandonó en 1989, 14 años antes de que la UE la prohibiera por ley— mediante biotecnología celular. "Producimos anualmente 150.000 unidades de piel humana reconstruida bajo la marca Episkin", revela.
En estos tejidos celulares se evalúa con máxima precisión la absorción de los ingredientes cosméticos antes de autorizar su fabricación industrial. Y, si se habla de innovación, a todo esto hay que añadir que desde L'Oréal se registraron 725 patentes durante 2025, un hito que, reivindica la compañía, "blinda nuestro patrimonio en formulación científica".
Interiores de Le Visionnaire, el laboratorio de creatividad de L'Oréal Groupe en París.
Consumidores (in)formados
Más allá de la fabricación ilegal, uno de los altavoces más potentes de los engaños sobre belleza se encuentra en internet. Desde Newtral, Marilín Gonzalo explica que el medio monitorea, entre otras desinformaciones, aquellas que afectan a nuestro bienestar desde el periodismo de verificación.
Para ella, la mejor estrategia defensiva no es sólo desmentir el bulo cuando se propaga, sino formar a los jóvenes en alfabetización mediática. Enseñar a las nuevas generaciones a dudar de las promesas milagrosas, verificar las fuentes y consultar datos comprobados convierte al pensamiento crítico en una herramienta fundamental de salud pública.
Frente al mercado ilícito, una garantía para el comprador está en la perfumería tradicional. Las tiendas oficiales trabajan mediante acuerdos con los fabricantes, lo que asegura que cada frasco del escaparate procede directamente de la fábrica original y cumple con los controles de sanidad exigidos por la ley en España.
Paralelamente, a fin de reforzar la trazabilidad en la Unión Europea, se ha puesto en marcha el Pasaporte Digital de Productos (DPP), un registro que almacenará información sobre el origen de los artículos mediante un código QR. Este sistema recopila datos clave sobre la composición, la sostenibilidad y la autenticidad del producto oficial.
Aunque su uso será obligatorio a partir de febrero de 2027 para baterías y se extenderá a sectores como el textil o la electrónica, la cosmética no se incluye en esta primera fase. Sin embargo, los grandes grupos de belleza y lujo no están esperando al imperativo legal para curarse en salud contra el mercado de las falsificaciones.
Muchos de ellos ya utilizan sistemas avanzados de trazabilidad digital e identificación única en sus cadenas de montaje automatizadas para monitorizar los lotes individuales desde los ingredientes de la fórmula hasta que ponen rumbo a la tienda.
En última instancia, el futuro de la perfumería se decide en la conciencia del comprador. Comprar copias pirateadas supone, a juicio de las marcas y los expertos, subestimar el valor de la innovación y asumir riesgos para la piel. Frente a ello, elegir productos auténticos y recargables es celebrar la ciencia, respetar la propiedad intelectual y cuidar la salud con garantías.
