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Cumplir años no aplica solo al DNI. La piel evoluciona y necesita algunos cambios en la forma en la que la cuidamos, pero también en la forma en que nos maquillamos. Hay que ser consciente de que lo que funcionaba a los 30 puede dejar de hacerlo a los 50.

Cuando aparecen las líneas de expresión, la pérdida de elasticidad o una textura algo más seca no siempre se trata de añadir más productos para cubrir aquello que queremos disimular. Muchas veces, ocurre justo lo contrario y, cuanto menos producto se acumula sobre el rostro, más natural, fresca y favorecida puede verse la piel.

La maquilladora profesional Isabel Auernheimer apuesta precisamente por esta filosofía. Para ella, el objetivo no es ocultar la edad, sino conseguir "una piel madura unificada, fresca y luminosa" y construir a partir de ahí el resto del maquillaje.

Su principal recomendación rompe, además, con uno de los productos que muchas mujeres consideran imprescindibles. "A partir de los 50, mi truco de maquillaje para pieles maduras es no utilizar corrector, sino aplicar un pelín más de fondo de maquillaje en las zonas que quiero corregir, como las ojeras o las aletillas de la nariz", explica.

Preparar bien la piel

Antes de pensar en bases, correctores o polvos, Auernheimer considera fundamental trabajar correctamente la preparación del rostro. Una piel hidratada permite que el maquillaje se integre mejor y evita que los productos terminen acumulándose en pequeñas líneas.

"El camino para llegar a conseguir una piel perfecta es prepararla correctamente, hidratándola con un primer o producto de tratamiento que aporte jugosidad y, al tiempo, consiga que la piel esté receptiva", señala la profesional.

La maquilladora recomienda extender la hidratación mediante movimientos ascendentes y aprovechar ese momento para realizar un pequeño masaje facial. Además de mejorar la aplicación, ayuda a que el producto se distribuya de manera uniforme.

También aconseja preparar los labios con un bálsamo antes de comenzar, especialmente cuando existen pequeñas arrugas o sequedad alrededor de la boca.

El siguiente paso está en escoger correctamente el fondo de maquillaje. Auernheimer se inclina por fórmulas con cobertura media y modulable, que permitan añadir producto únicamente donde sea necesario.

Prefiere, además, bases elásticas y sin exceso de polvo en su composición. Entre los ingredientes que considera interesantes menciona las ceramidas, los péptidos, la vitamina E o las aguas termales, capaces de aportar una sensación más confortable durante las horas que llevamos el maquillaje.

Base como corrector

Uno de los errores más frecuentes en las pieles maduras es tratar de cubrir demasiado las ojeras, manchas o rojeces. Aplicar varias capas de productos densos puede terminar consiguiendo justamente lo contrario de lo que buscamos.

Por eso, Auernheimer prefiere prescindir directamente del corrector. "Cargo un pelín más de fondo de maquillaje en las zonas a corregir, como ojeras, aletillas de la nariz, alguna manchita…", explica.

La ventaja es evitar texturas demasiado densas, que pueden asentarse en los pliegues y marcar más las líneas de expresión. Al utilizar la misma base del rostro, el acabado también resulta mucho más uniforme.

Otro de sus consejos es aplicarla directamente con los dedos. De esta manera resulta más sencillo controlar la cantidad y añadir pequeñas dosis solo en aquellos puntos donde realmente hacen falta.

"Todas son modulables, es decir, podemos cargar donde más lo necesitemos y aplicar menos producto en zonas no conflictivas", señala.

El calor de las yemas también ayuda a fundir el maquillaje con la piel. La misma técnica puede utilizarse con iluminadores en crema, aunque Auernheimer recomienda escoger productos sin partículas de brillo demasiado evidentes y asentarlos mediante pequeños toques.

Conservar la luminosidad

El último paso también exige moderación. Los polvos pueden ser útiles para controlar determinados brillos, pero aplicados en exceso tienden a restar frescura y pueden hacer más visibles las arrugas.

Auernheimer aconseja utilizar "una pequeña capa de polvos, preferiblemente sin talco, aplicados con brocha de forma liviana y únicamente en zonas que muestren un brillo poco estético”.

La frente, la nariz, la barbilla o la zona superior del labio suelen ser suficientes. No es necesario sellar todo el rostro. Y si después de aplicar los polvos la piel parece demasiado mate, la maquilladora propone un último recurso: pulverizar ligeramente agua termal sobre el rostro.