En temporadas pasadas, el colorete ha tenido un papel protagonista en el maquillaje. Mejillas intensamente rosas, tonos coral, efecto sunburn blush y capas de producto que buscaban recrear el aspecto de haber pasado horas al sol. Ahora, expertos en belleza empiezan a mirar hacia el extremo contrario.
La nueva tendencia tiene nombre propio: anti-blushing o anti-blush. No consiste en renunciar al colorete, sino en utilizarlo de una manera mucho más discreta, con tonos neutros y acabados que se funden con la piel hasta conseguir un efecto de buena cara prácticamente imperceptible.
El objetivo no es otro que el rostro tenga color, pero que nadie sepa exactamente de dónde viene. Frente a las mejillas muy marcadas que han dominado algunos de los últimos looks virales, esta propuesta recupera un maquillaje más suave, equilibrado y fácil de llevar a diario.
Qué es el 'anti-blush'
El anti-blush parte de una idea muy concreta: rebajar la intensidad del colorete sin eliminarlo. En lugar de rosas vibrantes, rojos o corales muy saturados, la tendencia apuesta por tonos que se acercan más al color natural de la piel.
Beige rosado, rosa tostado, nude, malva, marrón rosado, terracota suave o incluso algunos tonos berry apagados entran dentro de esta paleta. El resultado debe parecer menos un producto depositado sobre la mejilla y más el propio tono de la piel después de una buena noche de descanso.
La tendencia llega, además, en un momento en el que las redes sociales han popularizado el concepto de blush blindness. Se utiliza para describir esa pérdida de perspectiva que puede producir acostumbrarse a llevar cada vez más colorete: lo que al principio parecía intenso termina pareciendo normal.
El anti-blush plantea precisamente el movimiento contrario. No busca que el maquillaje desaparezca, sino recuperar cierta mesura en la cantidad y en la intensidad del color.
Por eso encaja tan bien con otras tendencias actuales como el no-makeup makeup o la piel ligera. Hay dimensión y luminosidad, pero ningún elemento pretende convertirse en el protagonista absoluto del rostro.
Un colorete natural
El tono es una de las claves para conseguir este efecto. En pieles claras pueden funcionar especialmente bien los rosas empolvados, beige rosados, malvas suaves y melocotones poco saturados.
En pieles medias, los rosas tostados, terracotas suaves, tonos canela, caramelo o marrón rosado permiten aportar calidez sin crear un contraste excesivo.
Para las pieles morenas, los berry apagados, marrones rojizos, ciruelas neutros, terracotas intensos y bronces suaves pueden conseguir ese mismo efecto de buena cara, siempre adaptando la intensidad al tono de piel.
También importa la textura. Los coloretes en crema y líquidos son especialmente interesantes para esta tendencia porque permiten trabajar cantidades pequeñas y fundirlas fácilmente con la piel.
Los formatos en polvo, por su parte, pueden utilizarse para fijar el maquillaje o añadir una capa muy ligera de color. El truco está en empezar con poco producto. El anti-blush no busca que el colorete desaparezca, pero sí que resulte difícil identificar dónde empieza y termina.
'Anti-blush' paso a paso
La piel debe ser ligera. Una base fluida, una skin tint, una BB cream o simplemente corrector en las zonas necesarias permiten mantener parte de la textura natural del rostro.
Después llega el colorete. Conviene depositar una pequeña cantidad en la parte alta de la mejilla y extenderla hacia la sien, aunque también puede concentrarse ligeramente en el centro del pómulo para conseguir un resultado más fresco.
La clave está en difuminar. Una brocha poco tupida, una esponja húmeda o incluso los dedos pueden ayudar a integrar el producto. Si después de difuminar todavía se distingue claramente una mancha de color, probablemente haya demasiado producto.
Para aportar dimensión sin recurrir a un colorete intenso, puede combinarse con un bronceador aplicado de forma muy ligera. El resultado debe ser un rostro con diferentes tonalidades, pero sin líneas ni contrastes evidentes.
También pueden funcionar tonos algo más sofisticados, como CORAZONA Multi Stick Blush in Marsala Sunset o Everybody London Satin Blusher Berry Rose, siempre aplicados en cantidades pequeñas y bien difuminados.
El anti-blushing, en definitiva, no anuncia el final del colorete. Más bien propone cambiar la forma de entenderlo: menos intensidad, más integración y una piel que parece tener buen tono sin que el maquillaje sea lo primero que se percibe.
