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Hay maquillajes que aprendemos a hacer casi de memoria y que, de repente, dejan de funcionar como antes. Las sombras de ojos son uno de ellos: ese color que a los 30 quedaba perfecto puede marcar mucho más el párpado cuando aparecen las primeras líneas de expresión.

Y es que, de acuerdo con los maquilladores, a partir de los 50 elegir una sombra no consiste solo en encontrar un tono que nos guste. La textura, el acabado y hasta el lugar donde la aplicamos pueden cambiar por completo cómo se ve la mirada frente al espejo.

Roberto Siguero, maquillador oficial de Lancôme, tiene claro por dónde empezar. Para él, los tonos rosados, corales y cálidos son grandes aliados cuando buscamos iluminar y rejuvenecer la mirada, aunque hay otro factor que puede marcar todavía más la diferencia y que muchas veces pasa desapercibido: la textura de la sombra.

El maquillaje que rejuvenece la mirada

A partir de los 60, la clave no está en esconder los cambios propios de la edad, sino en adaptar el maquillaje a ellos.

La piel del párpado suele presentar más líneas de expresión y puede haber cierta pérdida de firmeza, por lo que algunos productos y técnicas que antes funcionaban bien pueden terminar marcando más la mirada.

Para Siguero, uno de los primeros aspectos que conviene revisar es el tipo de delineador. El maquillador recomienda apostar por el perfilador o el lápiz de ojos, ya que su textura permite trabajar el producto y difuminarlo con facilidad.

Esto resulta especialmente útil cuando el párpado ya no es completamente liso y resulta más difícil conseguir un trazo perfectamente definido.

"El perfilador o el lápiz de ojos es lo mejor a partir de los 50 porque está diseñado para estar difuminado", explica el maquillador en una entrevista para la revista Telva.

La idea, confiesa, es aplicarlo a ras de las pestañas, con trazos ascendentes, y después suavizarlo ligeramente para que se integre con el maquillaje. De esta manera se consigue definición sin que el delineado tenga que quedar excesivamente marcado.

El movimiento ascendente es precisamente uno de los detalles que más se repiten en la propuesta del maquillador. Si se utiliza eyeliner, Siguero recomienda dibujar un pequeño rabillo hacia arriba, una técnica que ayuda a abrir visualmente el ojo y a evitar que el maquillaje acentúe la sensación de párpado descendente.

Sin embargo, no hace falta que el rabillo sea largo ni especialmente gráfico. En una mirada madura puede resultar más favorecedor un trazado fino que siga la línea natural de las pestañas y termine ligeramente elevado.

La reina Letizia Getty Images

El objetivo, explica Siguero, es acompañar la forma del ojo, no dibujar una línea completamente independiente de ella.

La máscara de pestañas también tiene un papel importante. El maquillador aconseja trabajar especialmente las pestañas superiores y, si es posible, rizarlas antes de aplicar el producto.

Al levantar la pestaña y concentrar la máscara en la zona superior se consigue que la mirada gane amplitud sin necesidad de cargarla de producto.

Y es que, precisamente en la máscara de pestañas es donde aparece uno de los errores más frecuentes de las pieles maduras: trabajar demasiado las pestañas inferiores.

A partir de los 50 o 60 años, aplicar mucha máscara o demasiado delineador en esta zona puede hacer que el ojo parezca visualmente más bajo. El efecto que se busca en la parte superior se puede perder si la zona inferior adquiere demasiado peso.

En cuanto a los colores —y aunque el negro siempre sea nuestra perdición— Siguero propone utilizar marrón cuando se busca una mirada más suave. Este tono aporta definición, pero resulta menos duro y puede integrarse mejor con las sombras.

La textura y el color de las sombras

Aunque el eyeliner puede parecer uno de los elementos con los que más errores cometemos a la hora de maquillarnos los ojos, las sombras también tienen mucho que decir cuando buscamos una mirada más favorecida a partir de los 50.

No se trata únicamente de acertar con el color que más nos gusta, sino de saber qué acabado elegir y cómo aplicarlo para que la textura de la piel juegue a nuestro favor.

"Lo que realmente rejuvenece no es tanto el tono, sino la textura o el acabado. Las sombras metálicas o brillantes van a acentuar la arruga, con lo cual no interesa utilizarlas", explica Siguero, "a partir de una determinada edad, me inclinaría más por sombras mates".

Esto, sin embargo, no significa que haya que renunciar por completo a la luminosidad, sino elegir dónde colocarla y, sobre todo, evitar que el producto tenga partículas o un acabado que se acumule en los pliegues.

Los colores, por otro lado, también son importantes. "Tonos como los rosados, los corales y los cálidos aportan luz y siempre ayudan a levantar la mirada por lo que suelen ser muy favorecedores", apunta Siguero.

El experto también señala que pueden utilizarse azules, marrones, verdes o amarillos. La edad no obliga a abandonar el color ni a utilizar únicamente tonos neutros, sino que la diferencia está en cómo se trabaja.

Una sombra azul mate, por ejemplo, puede formar parte perfectamente de un maquillaje de ojos para una mujer de 60 años, igual que un verde o un amarillo. Lo que puede resultar menos favorecedor es un acabado demasiado metálico aplicado sobre una zona con líneas de expresión.

La aplicación también debería adaptarse a la forma del ojo. En lugar de extender las sombras sin tener en cuenta el cambio de la estructura del párpado, conviene trabajar el color siguiendo una dirección ascendente. Así, el maquillaje acompaña visualmente el efecto de elevación que se busca.