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A la hora de maquillarnos, hay un gesto que puede pasar desapercibido y que, sin embargo, cambia por completo el resultado del maquillaje: el orden en el que aplicamos la base y el corrector.

Aunque durante años se han utilizado ambas técnicas, cada vez son más los profesionales que apuestan por comenzar con la base y reservar el corrector para las zonas que realmente necesitan un extra de cobertura.

Así lo explicó la maquilladora Mara Fervi durante la presentación de la nueva base de maquillaje de Mary Kay, donde compartió uno de sus trucos para conseguir una piel más ligera y natural.

"Siempre aplico la base antes que el corrector para no sobrecargar el rostro y que se vea más natural y joven", aseguró la profesional del maquillaje.

Su consejo tiene además una explicación práctica. La base sirve, precisamente, para unificar el tono general de la piel, mientras que el corrector está pensado para actuar de forma más localizada sobre ojeras, rojeces, manchas o pequeñas imperfecciones.

Por eso, aplicar primero una capa ligera de base permite comprobar cuánto producto necesitamos realmente después. Una recomendación que también recogen distintos expertos y marcas especializadas en maquillaje.

Base primero, corrector después

La lógica detrás de este orden es sencilla. Una vez extendida la base, buena parte de las pequeñas diferencias de tono del rostro ya quedan suavizadas. No será necesario utilizar corrector allí donde la propia base ya haya conseguido el efecto deseado.

El corrector pasa así a utilizarse de una manera mucho más estratégica. En lugar de aplicarlo por todo el contorno de los ojos o sobre numerosas zonas del rostro, podemos poner una pequeña cantidad únicamente donde todavía necesitemos cobertura.

Esta técnica ayuda también a evitar acumular demasiadas capas de producto. Según explica Makeup.com, aplicar primero la base permite utilizar menos corrector y reduce el riesgo de conseguir un acabado excesivamente cargado.

La misma recomendación aparece en las pautas de aplicación de otras firmas de maquillaje. Charlotte Tilbury, por ejemplo, aconseja utilizar primero la base y después valorar qué zonas necesitan una cobertura adicional.

Esto resulta especialmente interesante cuando buscamos una piel natural y poco recargada, una de las tendencias que lleva tiempo dominando el maquillaje. El objetivo no es necesariamente ocultar cada pequeña marca, sino conseguir que el rostro mantenga dimensión y aspecto de piel.

Una piel natural

Antes de comenzar, conviene preparar la piel con los productos habituales de cuidado facial y dejar que se absorban correctamente. Una piel bien hidratada facilita que el maquillaje se extienda de manera uniforme.

Después llega la base. Lo recomendable es empezar con poca cantidad y trabajarla desde el centro del rostro hacia el exterior, difuminando bien los bordes. Si alguna zona necesita más cobertura, siempre podemos añadir una segunda capa fina.

Un buen producto para ello es la nueva TimeWise 3D de Mary Kay que se presenta precisamente con una cobertura modulable de media a completa y está disponible en acabados mate y luminoso, que además cuida la piel.

Una vez aplicada la base, llega el momento de observar el rostro antes de coger el corrector. ¿Todavía hay alguna ojera visible? ¿Una pequeña rojez? ¿Alguna mancha que necesita mayor cobertura? Es ahí donde debemos actuar.

El corrector se aplica entonces en pequeñas cantidades y solo en los puntos necesarios, difuminando los bordes para integrarlo con la base. De esta manera, se consigue cobertura donde hace falta sin convertir todo el rostro en una sucesión de capas.

Cambiar el orden

Aunque la recomendación de aplicar primero la base funciona especialmente bien para un maquillaje cotidiano, no existe una única técnica válida para todos los casos.

Hay situaciones en las que puede tener sentido utilizar antes un corrector de color. Por ejemplo, cuando necesitamos neutralizar una coloración concreta, como unas ojeras muy marcadas o determinadas rojeces. En esos casos, el corrector cromático puede aplicarse antes de la base.

También influye el tipo de productos utilizados. Las texturas y fórmulas deben ser compatibles para evitar que se formen parches o que una capa desplace a la anterior.

Por eso, el consejo de Mara Fervi no consiste tanto en establecer una norma rígida como en evitar aplicar más producto del necesario. Primero se iguala el rostro con la base y después se corrigen únicamente aquellas zonas que todavía requieren atención.