El eyeliner es ese elemento del neceser del que pensamos que jamás podremos prescindir. Es como ese labio rojo que reservamos para una cena importante o el perfume que nos ponemos incluso cuando no vamos a salir: pequeños gestos que, casi sin darnos cuenta, terminan formando parte de nuestra identidad.
Sin embargo, llega un momento en el que quizá no se trata de dejar de utilizar eyeliner, sino de aprender a utilizarlo de otra manera. Con el paso de los años, la piel del párpado cambia, pierde firmeza y puede adquirir una forma distinta, mientras que las pestañas también pueden perder densidad.
Por eso, a partir de los 60, las maquilladoras apuestan cada vez más por fórmulas y tonos capaces de aportar definición sin endurecer la expresión. La sombra marrón, los tonos espresso o incluso un berenjena oscuro permiten conseguir profundidad con un acabado más suave, mientras que pequeños cambios en la colocación del producto ayudan a levantar visualmente la mirada.
Una técnica que también defiende la reconocida maquilladora Lisa Eldridge, que advierte sobre el efecto que puede tener el eyeliner negro cuando el ojo comienza a cambiar con la edad.
El párpado cambia y el maquillaje también
Cuando hablamos de maquillaje antiedad, muchas veces pensamos inmediatamente en la piel, en las bases que no marcan las líneas de expresión o en los coloretes que devuelven ese aspecto saludable que el rostro va perdiendo con los años.
Sin embargo, los ojos también experimentan cambios y son precisamente uno de los lugares donde más se nota la evolución de las facciones.
Con el paso del tiempo, la piel de los párpados pierde parte de su elasticidad y puede aparecer una mayor sensación de párpado encapotado. La zona que antes dejaba más espacio visible entre las pestañas y el pliegue del ojo puede reducirse y, además, la propia esquina exterior puede adquirir una apariencia algo más descendente.
A esto se suma que las pestañas pueden hacerse menos densas, por lo que el contraste entre un delineado muy oscuro y la piel resulta más evidente.
Es aquí donde entra en juego la manera en la que utilizamos el eyeliner. Una línea negra muy gruesa y completamente definida ocupa visualmente mucho espacio y puede terminar cerrando el ojo en lugar de abrirlo.
El resultado no tiene tanto que ver con el color negro en sí mismo como con la intensidad, el grosor y la forma en la que se coloca sobre un párpado que ya no tiene exactamente la misma estructura que hace unos años.
Lisa Eldridge explicaba esta cuestión al diario británico The Guardian, señalando que el eyeliner negro que muchas mujeres han utilizado durante décadas puede empezar a "cerrar ligeramente el ojo", mientras que suavizar el tono o modificar su colocación permite conseguir una mirada más fresca y despierta.
La idea no es convertir el maquillaje en una lista de prohibiciones, sino entender que las mismas técnicas no necesariamente funcionan igual durante toda la vida.
La sombra marrón consigue definición sin endurecer
La maquilladora Fiona Stiles explicaba a Harper's Bazaar que el negro puede resultar demasiado severo, mientras que tonos como el espresso oscuro o determinados morados profundos permiten mantener ese dramatismo con una mayor sensación de calidez.
Por eso, la sombra marrón funciona especialmente bien: podemos controlar su intensidad y, sobre todo, difuminarla.
Esta última parte es fundamental. Mientras que un eyeliner líquido deja una línea precisa que puede resultar complicada de modificar una vez aplicada, una sombra permite construir el maquillaje poco a poco.
Se puede empezar con una pequeña cantidad, comprobar cómo queda con el ojo abierto y añadir más producto únicamente donde sea necesario.
La maquilladora María Borbolla también recomienda utilizar una sombra en lugar de un eyeliner líquido para crear una línea a ras de las pestañas superiores. La técnica permite mantener la definición, pero evita que el contorno quede excesivamente rígido.
Después, basta con trabajar el pigmento con una brocha pequeña para que desaparezcan los bordes demasiado marcados y el color se funda con el resto del maquillaje.
El resultado es especialmente favorecedor cuando la intención es conseguir una mirada maquillada pero no excesivamente maquillada. Las pestañas parecen tener más densidad, el contorno del ojo queda definido y, al mismo tiempo, no aparece esa línea negra tan contundente que puede hacer que el párpado tenga más peso visual.
Elevar la sombra, otro truco de experta
Hay otro detalle que puede marcar una diferencia enorme y que tiene que ver con el lugar exacto en el que terminamos el maquillaje.
Cuando delineamos los ojos de manera automática, solemos seguir su forma natural hasta llegar a la esquina exterior y, en ocasiones, prolongamos el trazo hacia abajo siguiendo la dirección del párpado.
A partir de cierta edad, las maquilladoras recomiendan hacer justo lo contrario: acompañar el ojo, pero sin enfatizar su caída. Para conseguirlo no hace falta dibujar un rabillo gráfico ni intentar crear una línea completamente recta, sino que basta con elevar ligeramente la sombra cuando llegamos al extremo exterior.
Ash K Holm explicaba a Harper's Bazaar que pequeños ajustes, como elevar la sombra en esa esquina o mantener los tonos oscuros ligeramente más arriba, pueden cambiar considerablemente el resultado. Es una modificación mínima, pero consigue que la dirección visual del maquillaje sea ascendente.
Imagen de ilustración.
La clave está en pensar más en la sombra que en la línea. En lugar de dibujar una forma concreta sobre el ojo, se trata de colocar el color allí donde queremos crear profundidad y después difuminarlo. Así, el maquillaje acompaña la anatomía del rostro en lugar de luchar contra ella.
Además, esta técnica tiene otra ventaja, ya que no exige que ambos ojos sean exactamente iguales. Algo que puede resultar especialmente útil cuando el párpado ha adquirido cierta laxitud y existe una pequeña diferencia entre un ojo y otro. Con una sombra podemos corregir visualmente esas diferencias sin que el resultado parezca artificial.
No todo tiene que ser marrón
Aunque el marrón sea una de las alternativas más fáciles de llevar, tampoco hay que limitarse a él. La paleta de tonos que puede sustituir al negro es mucho más amplia y permite adaptar el maquillaje tanto al tono de piel como al color de los ojos y al efecto que queramos conseguir.
Los tonos chocolate y espresso son una opción evidente para quienes buscan mantener una mirada intensa. El topo funciona especialmente bien cuando se quiere un acabado más discreto, mientras que los grises oscuros pueden aportar definición sin llegar al contraste tan marcado del negro puro.
Y para quienes prefieren un maquillaje algo más sofisticado, los tonos berenjena pueden resultar especialmente favorecedores.
Fiona Stiles recomienda precisamente recurrir a grises o berenjenas oscuros cuando la piel tiene un subtono más frío. Son colores que mantienen la profundidad alrededor del ojo, pero introducen matices que hacen que el resultado sea menos plano que con un negro muy intenso.
También es importante prestar atención a la textura. Las sombras mate pueden funcionar especialmente bien para definir la cuenca y la línea de las pestañas, mientras que una pequeña cantidad de luz en el centro del párpado puede ayudar a dar dimensión.
Lo importante es evitar que todo el protagonismo recaiga en una única línea oscura.
La máscara de pestañas, otra gran aliada
Una vez que hemos suavizado el delineado, las pestañas adquieren todavía más importancia. Si lo que buscamos es una mirada abierta, la máscara puede hacer buena parte del trabajo que antes atribuíamos exclusivamente al eyeliner.
Aplicarla desde la raíz y peinar las pestañas ligeramente hacia el exterior ayuda a crear una dirección ascendente. No es necesario cargar demasiado producto: una capa bien trabajada puede ser suficiente para aportar definición y separar las pestañas, evitando que pequeños grumos terminen pesando sobre el ojo.
También conviene concentrar algo más de producto en las pestañas superiores y, si se utiliza en las inferiores, hacerlo con mucha moderación. De acuerdo con las expertas, demasiada intensidad en la parte inferior puede atraer la atención hacia la zona de la ojera y hacer que el ojo parezca visualmente más bajo.
Y todavía hay un pequeño truco que puede completar el efecto. La maquilladora Sasha Keene explicaba a Woman & Home que una de las técnicas que utiliza la actriz Julianne Moore consiste en aplicar un lápiz nude en la línea de agua. Al introducir un tono claro en esa zona, se crea la sensación óptica de mayor luminosidad y amplitud.
No se trata de pintar toda la línea de agua de blanco, un recurso que puede resultar demasiado evidente, sino de elegir un nude cercano al tono natural de la piel. El acabado es mucho más sutil y consigue que el ojo parezca más descansado.
