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El retinol lleva años ocupando un lugar privilegiado en las rutinas de cuidado facial. Su fama no es casual: este derivado de la vitamina A se ha estudiado ampliamente por su capacidad para mejorar la textura de la piel, suavizar la apariencia de las líneas de expresión y actuar sobre algunos de los signos asociados al fotoenvejecimiento.

Pero que sea uno de los activos más conocidos de la cosmética no significa que sea sencillo de utilizar. Muchas mujeres lo incorporan esperando resultados rápidos, aumentan la frecuencia demasiado pronto o aplican más cantidad de la necesaria y terminan lidiando con rojeces, sequedad o irritación. Otras, al no ver cambios inmediatos, abandonan antes de que la piel haya tenido tiempo de adaptarse.

Es precisamente en ese proceso de adaptación donde Marta Ortega, farmacéutica, pone el foco. La experta explica por qué el otoño puede ser un buen momento para incorporar este activo a la rutina y, sobre todo, cómo hacerlo para que la piel se acostumbre sin someterla de golpe a un tratamiento demasiado intenso.

El otoño, una buena época para incorporar el retinol a la rutina

El cambio de estación suele traer consigo una revisión del neceser. Dejamos atrás algunas texturas más ligeras, prestamos más atención a la hidratación y empezamos a recuperar determinados activos que requieren una utilización progresiva.

Entre ellos está el retinol, uno de los ingredientes con mayor recorrido dentro de la cosmética antiedad.

La razón por la que se habla tanto de este activo tiene que ver con su capacidad para actuar sobre diferentes procesos de la piel. El retinol interviene en la renovación cutánea y puede contribuir a mejorar la apariencia de las líneas finas, las manchas y la textura, además de favorecer procesos relacionados con la producción de colágeno.

Su efecto no consiste en transformar la piel de un día para otro, sino en acompañar de manera progresiva esos procesos. Su eficacia, eso sí, está estrechamente relacionada con la forma en la que se utiliza.

Ahí está precisamente una de las claves que señala Marta Ortega. "Comenzar en otoño permite que la piel vaya incorporando progresivamente el activo y llegue a los meses más fríos con una rutina ya establecida, siempre respetando la tolerancia individual", explica.

La idea no es esperar al cambio de estación para utilizar retinol de forma intensiva, sino aprovechar estos meses para introducirlo sin prisas.

El otoño también permite plantear el proceso con otra perspectiva. En lugar de buscar resultados inmediatos, se trata de dar tiempo a la piel para acostumbrarse.

Y es que, uno de los motivos por los que tantas mujeres lo abandonan es que el retinol puede producir irritación cuando se introduce de manera demasiado rápida, especialmente en aquellas que nunca lo han utilizado o cuya piel es sensible.

Imagen de ilustración. iStock

Es por este motivo que la frecuencia inicial debe adaptarse a cada persona, aunque existen recomendaciones generales. Según los expertos de MLAB, lo ideal es comenzar con dos o tres noches a la semana, utilizar una pequeña cantidad y aumentar la frecuencia únicamente cuando la piel lo tolere.

Además, no hace falta cubrir el rostro con una capa generosa para conseguir mejores resultados. De hecho, ocurre lo contrario: una cantidad excesiva puede aumentar la irritación sin acelerar los beneficios.

El retinol tampoco necesita convertirse en el protagonista absoluto de la rutina. Cuando se empieza con este activo, simplificar puede ser una buena estrategia.

Una limpieza suave, un tratamiento adecuado y una crema hidratante pueden ser suficientes para acompañar el proceso durante las primeras semanas. En el caso de que aparezca tirantez, descamación o rojeces persistentes, lo razonable es reducir la frecuencia y dejar que la piel se recupere.

No obstante, utilizar este cosmético no significa dejar de lado otros de nuestro neceser y mucho menos, la crema hidratante. Una piel bien hidratada tolera mejor determinados tratamientos y, además, la sensación de sequedad que puede aparecer al introducir retinoides resulta mucho más llevadera cuando la barrera cutánea está cuidada.

En pieles especialmente sensibles también puede recurrirse al conocido método sándwich, aplicando una capa de hidratante antes del retinol y otra después.

Otro punto que no debería quedar relegado es el protector solar. La fotoprotección debe formar parte de cualquier rutina antiedad y resulta especialmente importante cuando se utilizan activos que pueden producir irritación o sensibilidad.

El retinol se reserva para la noche y durante el día conviene mantener una protección solar adecuada, incluso cuando ya no estamos en los meses de mayor exposición.

También conviene tener cuidado con la zona en la que se aplica. El contorno de los ojos es especialmente delicado y no es necesario acercar el producto hasta la línea de las pestañas para tratar el resto del rostro.

Una aplicación uniforme sobre las zonas adecuadas, utilizando una cantidad pequeña, resulta suficiente.

Como es obvio, la propia elección del producto también importa. No todos los cosméticos con retinol tienen la misma concentración, textura o formulación, y la piel que acaba de iniciarse en este activo no necesariamente necesita la fórmula más potente disponible.

La concentración y el tipo de retinoide deben ajustarse a las necesidades y tolerancia de cada piel, en lugar de entender que una cifra más elevada equivale automáticamente a un mejor resultado.

Para quienes quieren iniciarse con este activo, Marta Ortega propone +LIGHT de MLAB, un sérum facial de noche que combina retinol, niacinamida y ácido glicólico.

La fórmula reúne tres ingredientes con funciones diferentes dentro de una misma rutina, aunque su utilización debe seguir siendo progresiva.

Mientras la niacinamida es una forma de vitamina B3 que se utiliza habitualmente en cosmética por su papel en el cuidado de la barrera cutánea y por su capacidad para mejorar la apariencia general de la piel, el ácido glicólico ejerce una acción exfoliante sobre las capas superficiales, ayudando a mejorar la textura y la luminosidad.

El retinol completa la fórmula como el activo central del tratamiento. Su acción está relacionada con la renovación de la piel y con diferentes mecanismos celulares que explican su interés en el cuidado de los signos del envejecimiento.

La combinación permite concentrar varios objetivos en una única rutina nocturna, pero no cambia una regla fundamental: empezar poco a poco y observar la respuesta de la piel.