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Pocas facciones en nuestro país han sido tan analizadas y elogiadas como las de Sara Carbonero. Desde sus primeras apariciones en televisión, la belleza de la periodista ha dado lugar a un sinfín de debates sobre los límites de la estética y el paso del tiempo.

Su rostro ha cambiado con los años, como el de cualquier persona, pero Carbonero nunca ha ocultado su intención de envejecer sin dejar de reconocerse. Mientras los tratamientos estéticos se han normalizado y cada vez son más habituales, ella ha optado por una aproximación mucho más discreta.

A sus 42 años, la periodista asegura que nunca se ha hecho un retoque estético y reconoce que siente "pánico a las agujas" que se utilizan en las clínicas para tratar el rostro. Pero su temor no tiene tanto que ver con el pinchazo como con la consecuencia de "perder la expresión".

La distancia de Carbonero con las agujas

Cumplir años delante de una cámara no es sencillo y mucho menos cuando la imagen personal lleva más de una década expuesta al análisis público y cada cambio en el rostro puede convertirse en objeto de conversación.

Sara Carbonero ha vivido esa exposición desde que comenzó su trayectoria televisiva y, pese a ello, asegura que su relación con la belleza no pasa por intentar detener el paso del tiempo.

La periodista, que este 2026 ha cumplido 42 años, ha contado en entrevistas cómo ha cambiado su percepción de la edad. Llegar a los 40 no le resultó sencillo, según ha reconocido, pero con el tiempo ha encontrado una forma diferente de enfrentarse al envejecimiento.

Para ella, cumplir años también implica ganar tranquilidad y dejar atrás determinadas exigencias relacionadas con la imagen.

Esa forma de entender la belleza explica también su relación con la medicina estética. Carbonero no rechaza todos los tratamientos, pero sí mantiene una actitud prudente ante aquellos que requieren inyecciones y pueden modificar la apariencia del rostro.

"De vez en cuando me pongo vitamina C, ozono, a veces me hago lo del plasma en la cara, pero muy poca cosa más porque tengo pánico a las agujas", explicó.

La periodista quiso matizar que no se trata de un miedo general a las agujas, ya que está acostumbrada a ellas por sus visitas médicas, sino específicamente a las que se utilizan en las clínicas de medicina estética.

"No a las del médico, que por desgracia estoy acostumbradísima, pero sí a las que se usan en las clínicas para la cara", afirmó.

Pero detrás de ese rechazo hay algo más que una cuestión física y Carbonero relaciona su temor con una de las preocupaciones más habituales cuando se habla de procedimientos estéticos sobre el rostro: que determinados tratamientos terminen alterando los gestos y la expresividad natural.

Para la periodista, conservar la capacidad de gesticular y seguir reconociéndose frente al espejo tiene más peso que conseguir una apariencia completamente lisa."Me da pánico que perdamos nuestra expresión", aseguró.

La preocupación tiene también una explicación desde el punto de vista médico. La expresión facial depende de la actividad coordinada de numerosos músculos que participan en gestos cotidianos como sonreír, fruncir el ceño, levantar las cejas o entrecerrar los ojos.

Algunos procedimientos de medicina estética actúan precisamente sobre esos músculos o modifican el volumen de determinadas zonas del rostro, por lo que el resultado depende tanto de la técnica como de la cantidad utilizada y de las características de cada persona.

El ejemplo más conocido es la toxina botulínica, que reduce temporalmente la actividad de determinados músculos y se utiliza para suavizar arrugas dinámicas; sin embargo, cuando se administra de forma adecuada, el objetivo no tiene por qué ser eliminar por completo el movimiento.

De hecho, en los últimos años se ha extendido el concepto de tratamientos más conservadores, que buscan suavizar determinadas líneas manteniendo una movilidad facial natural.

Los rellenos dérmicos funcionan de otra manera. Sustancias como el ácido hialurónico pueden utilizarse para aportar volumen, mejorar determinadas proporciones o corregir pérdidas de volumen asociadas al envejecimiento.

El resultado tampoco tiene por qué implicar un cambio evidente de las facciones, aunque una cantidad excesiva o una colocación inadecuada puede modificar las proporciones del rostro.

Una rutina de belleza alejada de los tratamientos constantes

Más allá de las agujas, Carbonero asegura que tampoco sigue una rutina estética especialmente compleja. La periodista ha contado que tiene un dermatólogo de confianza y que recurre a él para cuidar su piel, pero su manera de entender el bienestar va mucho más allá de los tratamientos faciales.

De hecho, cuando habla de su salud, sitúa la estética en un segundo plano. "Cuando una persona tiene salud, puede tener muchos problemas, pero cuando a una persona le falta salud, sólo tiene problemas", ha explicado.

Esa forma de entender el cuidado personal también aparece cuando habla del ejercicio. Carbonero se ha definido en alguna ocasión como una persona perezosa para hacer deporte, aunque ha encontrado en el pilates una actividad con la que se siente cómoda.

"Es lo que mejor me viene para el cuerpo, para estirar, tonificar y estilizar", explicó.

A esta disciplina suma ejercicios de cardio y fuerza, especialmente porque considera que con el paso de los años resulta necesario mantener una cierta actividad física.

No se trata, según sus propias declaraciones, de entrenar exclusivamente para modificar su apariencia, sino de mantener el cuerpo activo y encontrarse bien.

Con la alimentación mantiene una filosofía similar. "Tengo muy claro que somos lo que comemos", aseguró, al explicar algunos de los hábitos que mantiene en casa.

Según contó, allí "no hay azúcar, cada vez menos lácteos, menos gluten y menos carne roja".