La vida de Tamara Falcó ha estado marcada desde siempre por la exposición mediática. Hija de Isabel Preysler y del fallecido Carlos Falcó, la marquesa de Griñón ha crecido rodeada de cámaras y titulares.
Ahora, la chef ha hablado con naturalidad sobre una etapa en la que llegó a engordar hasta 20 kilos en poco tiempo. Falcó atribuye este cambio físico a una combinación de estrés emocional, confinamiento y una alimentación poco equilibrada.
Según explicó, llegó a basarse "solo en filetes y tortilla de patatas", algo que muestra cómo los problemas emocionales y los cambios de hábitos pueden terminar afectando también al cuerpo, incluso en personas cuya imagen pública parece estar siempre bajo control.
El papel del estrés
Fue durante una de sus colaboraciones en el programa El Hormiguero cuando Tamara desveló por primera vez este capítulo íntimo de su vida.
Sin rodeos, declaró que se echó encima "casi 20 kilos", dijo sin rodeos, mientras recordaba una etapa en la que el estrés y la tristeza la tenían completamente bloqueada. Su madre, Isabel Preysler, llegó a decirle: "No te veo los ojos, no sonríes".
Fue una época marcada por el dolor y el estrés emocional. Debido al duelo tras la muerte de su cuñado Jaime Carvajal y numerosos cambios personales, Tamara se refugiaba en casa.
La comida, en su caso, se convirtió en un refugio. "Tenía muchísimo estrés emocional, no salía y solo comía filetes y tortilla de patatas", explicó. El aumento de peso fue solo un síntoma visible de un problema más profundo: la desconexión emocional y la ansiedad acumulada.
Cambio desde el interior
Muy diferente a lo que muchos podrían imaginar, su transformación no comenzó con una dieta milagro ni con sesiones maratonianas de gimnasio.
La ex concursante de MasterTamara lo tiene claro: el primer paso fue volver a salir a la calle. Recuperar la rutina, poner el cuerpo en movimiento y reencontrarse con la vida cotidiana fueron claves para que comenzara a sentirse mejor.
"Hay que encontrar lo que te funciona", señala con firmeza. En su caso, una combinación de alimentación consciente, deporte moderado y visitas a una clínica especializada le ayudaron a recuperar no solo su figura, sino también su vitalidad y autoestima.
El estrés 'engorda'
El testimonio de Tamara no es un caso aislado. El estrés crónico es uno de los grandes culpables silenciosos del aumento de peso. Cuando el cuerpo está bajo presión constante, libera cortisol, la hormona del estrés. Este compuesto, en exceso, puede:
- Aumentar el apetito, especialmente por alimentos ricos en grasas y azúcares.
- Favorecer la acumulación de grasa, especialmente en la zona abdominal.
- Alterar el sueño, lo que a su vez afecta a las hormonas del hambre (leptina y grelina).
- Disminuir la motivación para hacer ejercicio.
- Ralentizar el metabolismo.
En definitiva, el estrés crea un cóctel perfecto para ganar peso y lo peor, sin que nos demos cuenta hasta que ya es evidente.
Hambre emocional
Durante esa etapa difícil, Tamara no comía por hambre física, sino por lo que los expertos llaman hambre emocional. Una necesidad de consuelo que se canaliza a través de la comida. Filetes y tortilla de patatas se convirtieron en su refugio cotidiano.
El problema es que ese tipo de alimentación repetitiva, rica en calorías, pero pobre en nutrientes, alimenta el círculo vicioso: más cansancio, más apatía y más deseo de comer para tapar el malestar.
La solución más efectiva no es otra que cuidar la mente y reconectar con el cuerpo. Para superar esa etapa, Tamara apostó por un enfoque integral. No se trata de magia, sino de aplicar hábitos sostenibles con cabeza y corazón:
- Identificar el problema: Reconocer que lo que necesitaba no era una dieta restrictiva, sino gestionar su estrés.
- Buscar ayuda: Acudir a profesionales, tanto de la salud física como emocional.
- Moverse sin presión: Hacer ejercicio no para castigar al cuerpo, sino para reconectar con él.
- Alimentarse desde la conciencia: Elegir mejor, sin obsesiones, sin prohibiciones, pero desde el amor propio.
Mantenerse en forma
Tamara acudió a una clínica en Marbella donde le diseñaron un plan nutricional personalizado, pensado para favorecer el buen funcionamiento del tiroides, una glándula que influye directamente en el metabolismo y el peso corporal.
En su dieta no faltan alimentos ricos en minerales como marisco, pescado y legumbres, combinados con una orientación hacia un estilo de alimentación más vegano, cargado de frutas, verduras, semillas y legumbres. Los caldos vegetales y los zumos naturales son otros de los alimentos que no faltan en su rutina diaria.
Según un estudio publicado en Nutrients, este patrón alimentario no solo ayuda a mantener un peso saludable, sino que también puede reducir el riesgo de hipotiroidismo. Y cuando se siente más "pesada" de lo habitual, Tamara recurre a un truco infalible: un reconfortante caldo de verduras.
El yoga
El yoga se ha convertido en su gran aliado, más allá de la alimentación. La colaboradora de El Hormiguero lo practica a diario, centrándose en la respiración consciente y en posturas que no solo fortalecen su cuerpo, sino que le aportan calma mental.
Lejos de ser un ejercicio "suave" sin impacto en el peso, el yoga favorece la quema de calorías, ayuda a equilibrar hormonas como la tiroidea y reduce el estrés, un factor que, según los expertos, puede frenar la pérdida de peso.
En el caso de Tamara, esta combinación ha sido la fórmula perfecta para que su metabolismo trabaje a su favor.
Pero hay que tener muy en cuenta que su transformación no ha sido fruto de dietas milagro ni entrenamientos extremos, sino de hábitos sostenibles y un plan adaptado a sus necesidades. Un ejemplo de que, con constancia y el enfoque correcto, recuperar la figura y la salud es posible.
