Con los años, la forma de maquillarnos también necesita algunos cambios. Lo que funcionaba a los 30 o 40 no siempre consigue el mismo resultado después de los 50, especialmente cuando buscamos mantener un rostro natural y una mirada más suave.
Las cejas son, precisamente, uno de esos detalles en los que pequeños cambios pueden marcar una gran diferencia. Un trazo demasiado definido, una forma excesivamente marcada o un producto inadecuado pueden hacer que el maquillaje resulte más artificial de lo que pretendíamos.
Por eso, no todo consiste en rellenar las zonas donde falta pelo. La elección del producto y, sobre todo, del color es fundamental para conseguir unas cejas que acompañen al rostro sin endurecer las facciones, algo que la maquilladora María Sánchez tiene muy claro.
El tono que puede endurecer la mirada
Las cejas son un elemento fundamental en la estructura de nuestro rostro. Además de servir como filtro contra el polvo, la suciedad y el sudor, poseen un valor diferenciador, son las encargadas de enmarcar nuestros ojos y definir nuestras expresiones faciales.
Debido a su importancia en nuestro rostro, desde hace años nos preocupamos por su apariencia y, especialmente a partir de los 50, maquillarlas puede transformar por completo nuestro aspecto, tanto para bien como para mal.
La gran mayoría de las veces lo cambia para mal y es que, sin darnos cuenta, cometemos el error de maquillar las cejas del mismo color de nuestro vello y esto endurece los rasgos, resta frescura y puede dar una apariencia envejecida al rostro.
Como ya hemos comentado, las cejas cumplen un papel fundamental en la expresión, por lo que el matiz con el que se rellenan o definen tiene un impacto directo en cómo se percibe la edad
Cuando utilizamos un lápiz exactamente del mismo color del vello, la ceja pierde dimensión y se convierte en un bloque visual muy marcado. La falta de matices produce un resultado rígido, sin suavidad ni naturalidad, lo que endurece la expresión.
Un tono demasiado intenso o exacto resalta imperfecciones en la piel, como líneas finas, manchas o textura irregular, haciendo que la mirada parezca más pesada.
En su lugar, el color que debemos elegir tiene que ser un tono o medio por debajo del color de nuestra ceja, explica la experta, "para que se integre de una manera natural".
Ese pequeño contraste de elegir un color más claro evita que la ceja se vea plana, le da volumen sin parecer artificial y permite que los trazos imiten mejor la naturalidad del pelo real.
Al ser ligeramente más claro, se integra con sutileza en el conjunto del rostro y aporta luminosidad alrededor de los ojos, lo que rejuvenece y suaviza la expresión.
