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Hay mañanas en las que el corrector de ojeras es literalmente nuestro mejor aliado de belleza. Es ese imprescindible del neceser que, con solo un par de toques estratégicos, nos devuelve la buena cara, borra el cansancio y le aporta una luz increíble a la mirada en segundos.

Sin embargo, así como nos pasa con otros productos —como el colorete, lo sé— a veces olvidamos la regla de menos es más. Creemos que una mayor cantidad va a cubrir mejor las imperfecciones y, en cambio, acaba acumulándose en los pliegues y termina remarcando justo lo que queríamos disimular.

Esto es todavía más evidente con el paso del tiempo, cuando la piel del contorno pierde firmeza y se marcan las líneas de expresión. Para las maquilladoras como Susana Marín, el secreto no está en cubrir más, sino en saber exactamente dónde no ponerlo para evitar sumar años a la mirada.

Así debes usar el corrector de ojeras

El maquillaje es una de las herramientas más poderosas que existen. Es capaz de mejorar la apariencia, unificar el tono de piel, disimular las imperfecciones y resaltar otras virtudes.

Sin embargo, también es un arma de doble filo y, aunque puede realzar la belleza, también puede causar errores que, si no se manejan adecuadamente, pueden resultar contraproducentes.

Uno de los errores más comunes y más perjudiciales es la aplicación del corrector. Durante mucho tiempo, se popularizó la técnica de aplicarlo en forma de triángulo invertido, abarcando desde la parte interior del ojo hasta la parte baja de la mejilla.

Sin embargo, aunque este método puede parecer efectivo, lo cierto es que en pieles maduras puede ser contraproducente y puede acabar asentándose en las líneas de expresión.

De acuerdo con la maquilladora Susana Marín, "cuando aplicamos el producto en la zona central y en forma de triángulo, marca más las arrugas en lugar de disimularlas".

La piel del contorno de ojos es extremadamente fina y delicada. Cuando aplicamos mucho producto y en prácticamente toda la ojera, el corrector tiende a asentarse y acumularse en las líneas finas de la piel, haciendo que se marquen más.

Algo parecido ocurre con las bases de maquillaje densas. En lugar de suavizar, da una sensación de pesadez o rigidez en el rostro, y en el caso del corrector, en la mirada, que inevitablemente envejece el rostro.

Según la experta, "la clave está en aplicar poco producto, en la parte interior del ojo, es decir, la más oscura, y evitar tocar la parte central de la ojera".

Para favorecer ese efecto rejuvenecedor también se puede añadir un pequeño toque de corrector en la parte exterior del ojo, justo donde suelen aparecer pequeñas sombras o rojeces, así como ligeramente sobre el pómulo, para levantar visualmente la mirada.

Aplicando poca cantidad y difuminándolo correctamente, con la yema de los dedos, una esponja o una brocha, conseguimos un efecto mucho más efectivo y natural.

Los mejores correctores de ojeras

Además de la técnica perfecta, lo cierto es que no hay mejor truco que conseguir el corrector perfecto. Para ello, es fundamental tener en cuenta muchas cosas, como nuestro tono de piel o qué es lo que queremos conseguir con él: o corregir, como su propio nombre indica, o iluminar.

Si lo que queremos es corregir, lo ideal es coger un tono semejante al de nuestra piel. El tono de la piel se refiere a la cantidad de melanina (el pigmento que le da color a la piel) en la capa superior de la piel. Si bien nuestro tono natural de piel es genético, la exposición al sol puede cambiarlo.

No obstante, todo también depende de la zona del rostro en la que queramos aplicarlo. En las ojeras, aunque durante años se ha dicho que en esta zona es mejor aplicar un corrector más claro, la realidad es que pocas veces favorece.

Si existe mucha diferencia respecto al color natural de la piel, un corrector muy claro en la ojera puede crear un efecto grisáceo en lugar de neutralizarla, haciendo que la zona se vea más apagada y artificial.

De izquierda a derecha: Catrice, Huda Beauty, NARS, Fenty y Essence.

Además, al aportar demasiada luz sobre una piel con textura o líneas de expresión, también puede hacer que las arrugas y pliegues se marquen todavía más.

Por eso, cada vez más expertos recomiendan no solo elegir un corrector de nuestro tono, sino optar por productos como los precorrectores. Este producto utiliza la teoría del color para cancelar tonos opuestos, como ojeras oscuras, manchas o rojeces, y se aplica siempre antes del corrector tradicional.

Uno de los mejores precorrectores del mercado y que no me canso de recomendar es el #FAUXFILTER Color Corrector de Huda Beauty. Su fórmula ligera y cremosa ayuda a cubrir subtonos azulados, morados o grisáceos sin recargar el contorno de ojos, algo especialmente importante en pieles maduras o con líneas de expresión.

Además, al utilizar un precorrector antes del corrector tradicional, se evita tener que aplicar demasiada cantidad de producto y se consigue un acabado mucho más natural y luminoso.

En cuanto a correctores, la elección siempre depende del acabado que busquemos y de las necesidades de nuestra piel. Sin embargo, uno de mis favoritos es el #FAUXFILTER Luminous Matte Liquid Concealer también de Huda Beauty.

A diferencia del precorrector, su fórmula es algo más seca pero de alta cobertura, por lo que resulta ideal para unificar la ojera y cubrir imperfecciones con muy poca cantidad de producto. Para mejorar el resultado, hidrata previamente la ojera.

Sin embargo, en mi neceser no pueden faltar el We're Even de Fenty Beauty, el famosísimo True Skin High Concealer de Catrice, el Radiant Creamy Concealer de Nars o el nuevo Corrector Hidratante Silky Blur de Essence.

Para zonas como la barbilla, la frente o corregir las cejas, sí puede resultar más favorecedor escoger un tono más claro.