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Hay momentos en los que cambiar de rumbo implica dejar atrás la seguridad de lo conocido: un trabajo estable, una carrera en ascenso y una idea de éxito que hasta entonces parecía incuestionable. A veces, sin embargo, dar ese paso es la única forma de replantearnos qué lugar queremos que ocupe cada dimensión de nuestra vida.

Cristina López Mejía llegó a ese punto con la maternidad. Después de casi siete años en la alta banca, comenzó a plantearse cómo quería organizar su vida y entendió que, en su caso, mantener una carrera con ese nivel de exigencia y vivir la maternidad como quería iba a resultar complicado.

De ese giro nació Templa Medical, una clínica de medicina estética construida alrededor de una forma concreta de entender el cuidado personal. Desde Magas nos trasladamos virtualmente a su clínica para hablar sobre uno de los temas más demandados de la actualidad: el envejecimiento, la belleza y la clave definitiva de conservarla.

"El punto de inflexión fue la maternidad"

Antes de adentrarse en el cuidado de la piel, la vida de Cristina transcurría entre cifras, análisis y decisiones de alto nivel. Durante casi siete años trabajó en la sede de J.P. Morgan, una de las grandes entidades financieras internacionales, en un entorno exigente que terminó por marcar profundamente su forma de pensar y de trabajar.

De la alta banca no solo se llevó una carrera sólida, sino una cabeza analítica habituada al rigor, a anticipar riesgos y a no tomar decisiones a la ligera; una estructura mental que, sin saberlo, terminaría convirtiéndose en la columna vertebral de su propia clínica.

Fue la maternidad la que terminó por romper la inercia. Al quedarse embarazada, Cristina comenzó a preguntarse cómo quería organizar su vida y entendió que la exigencia de una carrera en banca resultaba incompatible con la forma en la que deseaba vivir esa nueva etapa.

"Lo más difícil fue renunciar a una posición muy sólida: era una entidad con enorme reputación, tenía un trabajo estable, había desarrollado allí prácticamente toda mi carrera y conocía muy bien a las personas y la cultura de la casa —además de lo orgullosa que me sentía de pertenecer a esa empresa y lo mucho que lo admiraba—", explica a esta revista.

Sin embargo, el deseo de estar presente en la vida de su familia pesó más que la inercia profesional.

Aquel cambio de prioridades redefinió su manera de entender el éxito. Ya no se trataba solo de escalar profesionalmente, sino de conquistar algo más valioso: la capacidad de decidir sobre su tiempo, volcarse en su familia y, simultáneamente, liderar un proyecto empresarial igual de ambicioso que lo que dejaba atrás.

"Emprender no significa trabajar menos —de hecho, diría que implica justo lo contrario—, pero sí me permitió construir una vida con unas prioridades diferentes"

La idea de Templa empezó a tomar forma precisamente a partir de esa nueva etapa. Cristina había vivido en Reino Unido y conocía bien Estados Unidos, por lo que, mientras desarrollaba el proyecto, pudo fijarse en cómo funcionaba allí el sector y, sobre todo, en la manera en la que se entendía el cuidado personal.

Lo que más le llamó la atención fue que, en ambos mercados, el cuidado de la piel estaba mucho más integrado en la rutina, de una manera similar a otros hábitos de bienestar como hacer ejercicio o cuidar la alimentación.

Cristina López Mejía, fundadora y CEO de Templa. Cedida.

En España, en cambio, percibía que todavía muchas personas entendían determinados tratamientos como algo excepcional o un lujo puntual.

Lo que para muchos era un contraste de mercado, para Cristina se convirtió en el punto de partida. Si el cuidado de la piel podía formar parte de la rutina en otros mercados, también podía hacerse aquí de una manera más cercana y natural, sin esperar a que apareciera un problema para empezar a cuidarse.

Sentirse como en casa: la experiencia Templa

Trasladar esa cultura del autocuidado implicaba, además, transformar la propia experiencia de acudir a una clínica. Para Cristina, el entorno y el trato humano debían alinearse con esa misma búsqueda de bienestar.

"No queríamos una clínica fría, blanca y puramente funcional, sino un lugar al que apetezca venir, donde puedas desconectar y sentirte cuidado. Queremos que el paciente se vaya mejor de lo que llegó y, sobre todo, que sienta que conocemos su historia, su piel y sus objetivos", confiesa la fundadora.

De ahí que la consulta comience mucho antes de tocar la piel. Más que aplicar un protocolo estándar, el equipo de Templa plantea un diagnóstico individualizado donde escuchar las expectativas de la persona resulta tan determinante como analizar su propia anatomía.

No se trata únicamente de aplicar un tratamiento, sino de conocer qué busca cada persona, cómo es su piel y cuáles son sus expectativas antes de decidir qué tiene sentido hacer.

Templa Medical, el centro de medicina estética fundado por Cristina López Mejía. Cedida.

De hecho, esa valoración previa es uno de los puntos que considera fundamentales. A su consulta llegan personas que ya han decidido qué quieren hacerse después de verlo en redes sociales o porque a alguien cercano le ha funcionado, pero para Cristina eso no significa necesariamente que sea el tratamiento adecuado.

"Para nosotros la valoración previa es fundamental: primero entendemos la piel, la anatomía, las necesidades y las expectativas; después decidimos qué tiene sentido hacer"

A su consulta llegan con frecuencia personas atraídas por lo que han visto en redes o condicionadas únicamente por el precio. Para Cristina, sin embargo, ni las modas ni el coste —sea el más alto o el más bajo— garantizan un buen resultado si detrás no hay una indicación profesional clara.

Más allá de evitar estos errores comunes, la auténtica columna vertebral de Templa reside en entender el cuidado antes de que aparezca la necesidad de corregir.

Cristina defiende una aproximación progresiva en la que la calidad de la piel se trabaja con antelación, abordando el envejecimiento con constancia y antes de que las preocupaciones sean evidentes.

Para ella, la diferencia está en entender el cuidado como un hábito. "Creo mucho más en prevenir y mantener que en esperar a que algo nos preocupe para intentar corregirlo de golpe", explica.

Se trata de una filosofía que también cambia la forma de mirar las arrugas, uno de los grandes enemigos del siglo XXI. Al juicio de la experta, no se trata de esperar a que aparezcan para intentar eliminarlas después, sino de cuidar la piel con antelación y plantear tratamientos progresivos y personalizados.

"Es mucho más fácil evitar que te salga una arruga, a corregir la arruga que ya te ha salido. De la misma manera que es más fácil no engordar si te cuidas, a tener que adelgazar mucho de golpe"

Esta manera de trabajar está relacionada con otro concepto que aparece con frecuencia en Templa: la medicina regenerativa.

Cristina explica que, mientras la medicina estética tradicional suele asociarse a "poner" o "rellenar", este enfoque parte de una idea diferente, trabajar sobre la calidad del tejido y favorecer sus propios procesos, en lugar de buscar únicamente un cambio de volumen o de rasgos.

Por eso, para alguien que nunca se ha realizado un tratamiento, la medicina estética no tiene por qué significar transformar el rostro.

Puede consistir en trabajar la calidad de la piel, mejorar su aspecto o acompañar su evolución de forma progresiva, siempre después de una valoración médica individual.

Y es precisamente aquí donde entran los tratamientos. Cristina evita hablar de una solución universal porque, insiste, cada piel necesita una valoración diferente, pero sí hay algunos procedimientos que encajan especialmente bien con esta filosofía.

Los tratamientos de Templa

Uno de los tratamientos que Cristina considera más versátiles es Laser Genesis, un láser no ablativo que en Templa combinan dentro de determinados protocolos, como Hollywood Peel.

La tecnología trabaja mediante un calentamiento controlado de la piel y se utiliza para mejorar diferentes aspectos de su apariencia, desde la calidad y la textura hasta el tono, pasando por la apariencia de las líneas finas y determinadas rojeces.

Precisamente por eso encaja con su manera de entender la medicina estética: no busca transformar el rostro, sino trabajar progresivamente sobre la calidad de la piel, "aunque la indicación concreta siempre debe individualizarse", explica.

Uno de los tratamientos de Templa Medical. Cedida.

Pero Cristina no se queda con un único tratamiento. De hecho, cuando se le pregunta por su favorito de los que realizan en Templa, reconoce que le cuesta elegir porque cree especialmente en la combinación de diferentes herramientas.

Una piel puede necesitar limpieza, hidratación, estímulo o actuar sobre una preocupación concreta y, por eso, no siempre una única tecnología es suficiente.

Ahora mismo, sin embargo, se queda con HydraGlow, un protocolo que combina en una misma sesión hidratación profunda con vitaminas y cosmética específica, además de una parte de medicina estética orientada a aportar hidratación y revitalización.

"Me gusta porque combina una parte estética de preparación e hidratación de la piel, cosmética específica y una parte de medicina estética orientada a aportar hidratación y revitalización", confiesa la fundadora.

En cuanto a tratamientos infravalorados, Cristina habla sobre el JetPeel. Quizá no tenga la notoriedad de otros nombres relacionados con la medicina estética, pero para ella encaja especialmente bien con esa idea de cuidado constante que atraviesa todo su discurso.

Se trata de una tecnología no invasiva y sin agujas que pone el foco en preparar y cuidar la calidad de la piel de manera regular. Y ahí vuelve a aparecer una de las claves de su filosofía: no siempre lo más llamativo es necesariamente lo más adecuado.

Uno de los tratamientos de Templa Medical. Cedida.

Esa idea también ayuda a entender por qué Cristina se muestra especialmente crítica con la tendencia de llegar a una clínica con un resultado predeterminado.

Las redes sociales han hecho que sea habitual descubrir un tratamiento, verlo repetido en diferentes rostros y acudir después a una consulta queriendo reproducir exactamente ese resultado.

Para ella, ahí aparece uno de los principales riesgos de la sobreinformación. Cada rostro y cada piel son diferentes y no todo lo que funciona para una persona está indicado para otra. Informarse puede ser positivo, pero esa información no sustituye a una valoración profesional.

Tampoco considera que el objetivo deba ser transformar completamente una anatomía. La medicina estética puede mejorar, armonizar, cuidar la piel o corregir determinados aspectos, pero tiene unos límites que conviene conocer antes de empezar cualquier tratamiento.

"Nosotros defendemos mucho el 'menos es más'. Un buen resultado, para mí, es aquel en el que alguien te dice 'qué buena cara tienes' o 'qué guapa estás', pero no sabe señalar exactamente qué ha cambiado"

De hecho, esa defensa de la naturalidad llega hasta el punto de rechazar tratamientos. Cristina cuenta que en Templa han dicho que no en numerosas ocasiones, bien porque una persona pide más volumen del que consideran adecuado, bien porque sus expectativas no son compatibles con lo que el tratamiento puede conseguir.

"Preferimos ser muy realistas, incluso si comercialmente sería más fácil decir que sí", explica. Si creen que un procedimiento no está indicado, puede comprometer la naturalidad o no va a alcanzar aquello que el paciente espera, prefieren no realizarlo.

Para Cristina, esa es también una forma de construir confianza a largo plazo.

Y quizá sea precisamente ahí donde se encuentra la parte más interesante de su propuesta: la medicina estética no como una carrera por cambiar el rostro, sino como una forma de cuidar aquello que ya tenemos.

Una filosofía que empieza por conocer la piel, continúa con elegir qué necesita realmente y que, sobre todo, apuesta por la constancia frente a las soluciones inmediatas.