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Con el paso de los años, la mirada suele ser una de las primeras zonas del rostro en reflejar el envejecimiento. La pérdida de elasticidad de la piel, el descenso natural de los tejidos y el exceso de piel en el párpado superior hacen que los ojos parezcan más cansados, incluso aunque se haya descansado bien.

No es casualidad que cada vez más personas busquen soluciones para rejuvenecer esta zona. Según datos de la Sociedad Española de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética (SECPRE), en España se realizan alrededor de 400.000 procedimientos estéticos al año y la blefaroplastia, la cirugía destinada a corregir los párpados, ocupa el tercer puesto entre las intervenciones estéticas más frecuentes.

Sin embargo, no todas las mujeres quieren pasar por un quirófano para conseguir una mirada más descansada, por ello, el maquillaje se ha convertido en un gran aliado para crear efectos ópticos capaces de levantar visualmente el ojo y, entre todas las técnicas que recomiendan los expertos, hay una que destaca especialmente cuando se supera la barrera de los 50 años: el llamado eyeliner tilde.

El delineado que crea un efecto 'lifting' inmediato

Hay productos que transforman un maquillaje completo y otros que, utilizados de la forma adecuada, cambian por completo la expresión del rostro. El eyeliner pertenece a este segundo grupo.

Un simple trazo puede hacer que el ojo parezca más grande, más almendrado o incluso más elevado, siempre que se adapte a la forma natural de cada mirada.

Precisamente por eso, los maquilladores llevan tiempo dejando atrás los delineados gruesos y muy marcados cuando trabajan sobre párpados maduros. En estas pieles, un exceso de producto suele endurecer los rasgos y acentuar la flacidez, mientras que un delineado estratégico consigue el efecto contrario.

Entre todas las técnicas que han ganado popularidad en los últimos años, el eyeliner tilde se ha convertido en uno de los favoritos porque logra un efecto lifting muy natural sin recurrir a trazos complicados. Su nombre hace referencia a la forma del rabillo, que recuerda al signo ortográfico de una tilde y que dirige la mirada hacia arriba.

La clave está en respetar la anatomía del ojo. En lugar de prolongar el delineado de forma horizontal o demasiado larga, este método apuesta por un pequeño trazo ascendente que acompaña la dirección natural de las pestañas.

El resultado es una mirada más abierta, fresca y luminosa, capaz de disimular visualmente el efecto del párpado caído.

Cómo hacer el 'eyeliner tilde' paso a paso

Aunque pueda parecer una técnica reservada para expertos, su aplicación resulta mucho más sencilla de lo que parece. El primer paso consiste en mirar siempre de frente al espejo, ya que hacerlo con el ojo cerrado puede hacer que el rabillo termine en una posición diferente cuando abrimos los ojos.

A continuación, basta con dibujar una línea muy fina siguiendo el nacimiento de las pestañas superiores. No es necesario engrosarla demasiado, ya que el objetivo no es conseguir un delineado intenso sino aportar definición sin recargar el párpado.

Cuando se llega al extremo exterior comienza el verdadero secreto de esta técnica. En lugar de continuar la línea hacia fuera, se dibuja un pequeño rabillo ascendente que sigue la inclinación natural del ojo.

Ese gesto crea una especie de tilde que levanta visualmente la mirada sin necesidad de alargar el delineado varios centímetros.

El resultado debe ser sutil. De hecho, uno de los errores más frecuentes consiste en exagerar el rabillo pensando que así se consigue un mayor efecto lifting.

En realidad sucede lo contrario: cuanto más fino y discreto sea el trazo, más elegante y rejuvenecedor será el acabado.

Si se busca un resultado todavía más favorecedor, puede difuminarse ligeramente el extremo con una brocha pequeña antes de reforzar el delineado. Este gesto suaviza el acabado y crea un efecto ahumado muy ligero que aporta profundidad sin endurecer las facciones.

Para terminar, basta con aplicar máscara de pestañas insistiendo especialmente en las pestañas exteriores. Al peinarlas hacia arriba y hacia fuera se potencia todavía más la sensación de ojo elevado, consiguiendo una mirada mucho más despierta.

El color también marca la diferencia

Aunque el negro continúa siendo el color más utilizado para delinear los ojos, no siempre es la opción que más favorece.

En pieles maduras, muchos maquilladores recomiendan valorar también los tonos marrones, ya que aportan definición sin crear un contraste excesivamente duro.

El negro sigue siendo una excelente elección cuando se busca intensidad o un maquillaje de noche, especialmente si se utiliza una fórmula waterproof que garantice una mayor duración y evite transferencias sobre el párpado.

Sin embargo, durante el día, un delineador marrón suele integrarse mejor con la piel y proporciona un acabado más suave, natural y elegante.

En ambos casos, elegir un producto resistente al agua ayuda a mantener el trazo intacto durante horas, algo especialmente útil cuando el párpado tiene más movilidad o existe tendencia a que el maquillaje se transfiera.