El maquillaje puede convertirse en uno de los mejores aliados para suavizar los signos del paso del tiempo, siempre y cuando sepamos adaptarlo a las necesidades de cada una, incluidas las pieles maduras.
A partir de los 50 años, pequeños cambios en la forma de aplicar las sombras, el colorete o el corrector pueden transformar por completo el rostro, aportando un aspecto más descansado, luminoso y natural sin necesidad de recurrir a técnicas invasivas.
La maquilladora profesional Álex Saint, que recientemente ha presentado la colección Cheek Thrills de Morphe para Douglas, insiste en que el objetivo no debe ser parecer diez años más joven, sino potenciar los rasgos respetando la evolución natural del rostro.
En su opinión, la diferencia entre un maquillaje que rejuvenece y otro que endurece está mucho más en la técnica que en la cantidad de producto.
Cómo levantar la mirada
Uno de los cambios más habituales con el paso de los años es la pérdida de firmeza del párpado. Esto hace que muchos delineados o sombras aplicados como se hacía a los 30 ya no resulten igual de favorecedores.
Para Álex Saint, el secreto está en modificar ligeramente la dirección del maquillaje. "Lo ideal es trabajar la sombra de ojos ligeramente por encima del pliegue natural y dirigir el maquillaje hacia arriba", explica.
Pero hay un gesto que considera especialmente importante: concentrar la intensidad de las sombras o del lápiz únicamente en la esquina exterior del ojo. De esta forma se consigue un efecto óptico ascendente que ayuda a levantar visualmente la mirada.
En lugar de rodear todo el ojo con un trazo oscuro, una técnica que puede endurecer los rasgos o hacer que el ojo parezca más pequeño, la experta recomienda difuminar bien el color y trabajar la raíz de las pestañas para definir sin marcar líneas demasiado evidentes.
También aconseja evitar los delineados gruesos o los rabillos descendentes cuando el párpado comienza a perder firmeza. Una sombra bien difuminada suele ofrecer un resultado mucho más natural y favorecedor.
En cuanto a los colores, apuesta por tonos neutros como beige, topo, marrones suaves, champán, melocotón o rosas empolvados, que iluminan el ojo sin recargar el maquillaje. Los acabados ligeramente satinados, utilizados de forma estratégica, también ayudan a aportar luz sin acentuar las líneas de expresión.
Menos base y más luz
La experta insiste en que un maquillaje rejuvenecedor empieza mucho antes de abrir el neceser. Mantener la piel limpia, hidratada y exfoliada regularmente permite que cualquier producto se funda mejor y ofrezca un acabado mucho más natural.
Después llega otra de sus recomendaciones: utilizar la mínima cantidad de maquillaje posible. En lugar de cubrir todo el rostro con una base de alta cobertura, propone aplicar únicamente un corrector ligero en las zonas necesarias y difuminarlo con una esponja.
El exceso de maquillaje y de polvos es, según Saint, uno de los errores más frecuentes porque elimina la luminosidad natural de la piel y hace que las arrugas y la textura sean más visibles.
Para devolver frescura al rostro, la maquilladora considera que el colorete es probablemente el cosmético más transformador. Los tonos que imitan el rubor natural de la piel funcionan especialmente bien, aunque siempre deben adaptarse al tono y subtono de cada persona.
Además, recomienda elegir fórmulas en crema o híbridas frente a los acabados excesivamente empolvados, ya que se integran mejor con la piel madura y aportan un efecto mucho más jugoso.
La forma de aplicarlo también ha cambiado en los últimos años. Si antes se concentraba en las manzanas de las mejillas, ahora los maquilladores prefieren colocarlo ligeramente más alto y difuminarlo hacia la sien para conseguir un efecto visual de elevación de las facciones.
El mejor 'lifting' sin cirugía
Si hubiera que elegir dos elementos capaces de cambiar la expresión del rostro en pocos minutos, Álex Saint lo tiene claro: las cejas y las pestañas.
Las cejas bien peinadas y respetando su forma natural ayudan a abrir la mirada mucho más que unas cejas excesivamente dibujadas siguiendo tendencias pasajeras.
La maquilladora aconseja rellenar únicamente los pequeños huecos con trazos finos que imiten el crecimiento del pelo y fijarlas ligeramente con un gel.
En cuanto a las pestañas, defiende que son una de las herramientas más eficaces para conseguir un efecto de buena cara inmediato. Su truco consiste en utilizar el rizador una vez que la máscara ya está completamente seca y aplicar varias capas para potenciar la curvatura.
Si tuviera que resumir en un solo gesto el maquillaje que más rejuvenece, su respuesta sería sencilla: devolver luz, color y dimensión al rostro sin ocultar la textura natural de la piel.
