Hubo una época en la que el máximo cuidado y atención que se le prestaba a la piel era el uso de una crema hidratante y, con suerte, si la persona estaba concienciada, aplicaba protección solar más allá de los meses de verano.
No obstante, ahora la historia ha cambiado mucho y es habitual deslizar listados de vídeos en los que aparecen chicos y chicas muy jóvenes con extensas rutinas de cuidado, muchas veces inadecuadas a sus necesidades reales.
En mitad de todo este caos sobreinformativo, ahora hay que añadir una nueva regulación europea que pone orden en el uso de los retinoides, derivados de la vitamina A que se han convertido en uno de los activos más valorados en dermatología y cosmética por su capacidad para mejorar visiblemente la piel.
Aquí, por una parte, hay que aclarar que desde la UE, como punto de partida, se distingue la finalidad de esta sustancia como medicamentos o cosmética. En este caso, la normativa limita la concentración del producto en sérums y cremas por riesgos en el embarazo y toxicidad de vitamina A. La cantidad máxima que no se puede superar es del 0,3% en productos faciales y del 0,05% en corporales.
"Esta regulación surgió probablemente porque un porcentaje bajo de la población, se calcula que un 5%, podría estar expuesto a niveles superiores a la dosis diaria recomendada del componente especificado; las fuentes por las cuales se obtiene este activo son una mezcla de los alimentos, los complementos alimenticios y los productos tópicos", comenta la dermatóloga Inés Escandell.
Añade que, por ello, muchas veces se puede obtener un producto beneficioso para la piel por vía oral —como complemento alimenticio— o tópica.
Teniendo todo esto en cuenta, es usual que se asienten en las conversaciones de belleza y estilo de vida dos preguntas: ¿estamos superando las dosis recomendables de algunos principios activos?, ¿es preferible aplicarlos sobre la piel o en suplemento?
La doctora del Grupo Español de Dermatología Estética y Terapéutica (GEDET) de la Asociación Española de Dermatología y Venereología (AEDV) se pronuncia al respecto.
Inés Escandell, en una imagen de archivo.
Retinoides
Según la profesional, "cuando se toma la vitamina A como complemento alimenticio a dosis muy altas puede ser interesante en ciertas patologías de la piel, pero en estos casos tiene muchos efectos secundarios".
- Para empezar, enumera que suben los lípidos en sangre, lo que podría implicar un aumento del colesterol y los triglicéridos.
- Igualmente, produce sequedad en las mucosas y está prohibida durante el embarazo y en el proceso de la búsqueda del bebé. La razón es que puede desembocar en malformaciones fetales.
En cuanto a la función principal de los retinoides, esta es acelerar la renovación celular, lo que se traduce en un cutis más uniforme, luminoso y saludable.
Se utilizan sobre todo en el tratamiento del acné, ya que ayudan a destapar los poros y a reducir la inflamación, pero también son buenos aliados frente al envejecimiento cutáneo. En este caso se debe a que estimulan la producción de colágeno, contribuyen a suavizar arrugas y líneas de expresión y mejoran la textura y el tono.
Por ese mismo motivo, también se emplean para tratar manchas y problemas de hiperpigmentación, así como determinadas afecciones dermatológicas.
A menos que se trate de un producto expresamente recomendado para emplear en la rutina de mañana, este tipo de propuestas se suelen incluir en los cuidados nocturnos debido a la incidencia solar. Por supuesto, es imprescindible utilizar a la par fotoprotector.
Vitamina C
Los seres humanos no pueden sintetizarla de manera endógena —es decir, el cuerpo no es capaz de producirlo por sí mismo o no en cantidad suficiente—, por lo que ha de obtenerse a través de la vía alimentaria.
"El consumo oral de vitamina C como complemento mejora la capacidad antioxidante de la piel, pero el efecto no parece ser superior al que se pueda lograr al aplicarla de forma tópica. La conclusión es que lo ideal es consumirla en la dieta —presente en el brócoli, los cítricos, pimientos, etc.—, pero si lo hacemos de manera insuficiente, podemos necesitar ese extra de forma tópica", aclara Inés Escandell.
En cosmética, pocos activos generan tanto consenso como este. Su eficacia está respaldada por la ciencia y por años de uso dermatológico.
En el cuidado de la piel, se valora sobre todo por su potente acción antioxidante, capaz de neutralizar los radicales libres que aceleran el envejecimiento cutáneo debido al sol, la contaminación o el estrés ambiental.
Uno de sus beneficios más preciados es su capacidad para iluminar el rostro y unificar el tono. Con el uso constante, el cutis se ve más fresco, más homogéneo y menos apagado.
Además, la vitamina C estimula la producción natural de colágeno —de hecho, en cuanto a los tratamientos más demandados en clínicas, los que lideran el ranking son aquellos que cumple esta función, los bioestimuladores—, clave para mantener la firmeza y la elasticidad de la tez. Todo esto la hace una gran aliada frente a las primeras líneas de expresión.
También se utiliza para atenuar manchas y marcas de acné, ya que ayuda a regular la producción de melanina. El resultado es una textura más uniforme y una piel, por ende, más suave.
En la rutina diaria, suele aplicarse en forma de sérum, preferiblemente por la mañana, y siempre acompañada de crema solar, que potencia su efecto protector.
Colágeno
"Si hablamos del suplemento, es cierto que en formato péptido, —las moléculas más pequeñas que se obtienen tras la hidrólisis enzimática del colágeno—, sí podrían ser interesantes para mejorar la capacidad de hidratación y elasticidad de nuestra piel. Pero esta característica vía oral no es superior a la que podemos obtener cuando nos aplicamos complemento de manera tópica", destaca Escandell.
No obstante, la doctora de la GEDET destaca que al aplicarlo sobre el cutis no pasa a formar parte del mismo —no penetra hasta las capas profundas—, sino que hidrata y ayuda a captar agua y mantener la humedad cutánea, que igualmente resulta una función clave.
En este caso, el organismo genera la proteína de forma natural, pero el problema es que a partir de los 25-30 años su producción empieza a disminuir de forma progresiva, y ahí es cuando la piel pierde densidad y definición.
Imagen de archivo de una chica probando un sérum sobre la piel.
Su presencia mejora la textura de la tez y aporta un aspecto más liso y flexible y una sensación de confort, desapareciendo la tirantez, de ahí que se recomiende en muchas ocasiones.
Por eso es habitual encontrarlo en cremas y sérums destinados a pieles secas o deshidratadas. Además, contribuye a que la piel se vea más rellena y con mejor aspecto, aunque no estimule directamente la producción de colágeno propio.
Para potenciar sus beneficios, suele combinarse con activos como la vitamina C, el retinol o los péptidos, que sí ayudan a activar los mecanismos naturales de síntesis. En resumen, el colágeno no es una promesa milagro, pero sí un aliado cosmético eficaz para mantener la piel hidratada, suave y visualmente más firme.
Ceramidas
Al igual que el resto de los activos mencionados, también es posible tomarlo por vía oral. De este modo, de acuerdo a la doctora Escandell, "en función de los estudios consultados, también podrían mejorar la hidratación cutánea".
Sin embargo, la dermatóloga señala, de nuevo, que es preferible aplicarlas de manera tópica —es decir, directamente en la piel—. "Existen más investigaciones y con mejores resultados, incluso probablemente sea más seguro utilizar este ingrediente en cosmética que en complemento alimenticio", añade.
Las ceramidas no son otra cosa que lípidos naturales que actúan como el cemento invisible que mantiene unidas las células cutáneas. Gracias a ellas, el cutis conserva su función barrera, esa primera línea de defensa frente a las agresiones externas que a menudo se dan por sentadas, hasta que falla.
Cuando estos activos están en niveles adecuados, la piel retiene mejor el agua, se muestra flexible y resistente.
Sin embargo, cuando disminuyen —algo habitual con el paso del tiempo, los cambios de temperatura o el uso de productos demasiado agresivos— aparecen la sequedad, la tirantez y una mayor sensibilidad.
No es casualidad que las pieles con tendencia a la irritación o al eczema presenten una alteración en su contenido lipídico. Incorporarlas a la rutina diaria es una forma de cuidar el rostro desde lo esencial.
En definitiva, tanto en el caso de los retinoides, como en el del colágeno, la vitamina C o las ceramidas, siempre que se siga una alimentación equilibrada es preferible aplicarlos de forma directa en la piel, es decir, en sérum o crema.
