Dicen que no hay nada que inspire más a un artista que el desamor. Y si no que se lo digan a la joven Olivia Rodrigo que se ha marcado un disco entero dedicado al dolor que provoca una ruptura amorosa, o a los temas “más ñoños” de Bad Bunny que mezclan perreo y corazones rotos.

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En la fotografía, ese arte que permite recoger el punto de vista más personal de la realidad, ese duelo tras el fin de una relación, es retratado por la catalana Marta Mas (Begues, 1995). La fotógrafa ha decidido condensar todo su dolor en un libro El principio de Arquímedes s: O escultura a tamaño real de mi amor desahuciado (Penguin Random House), un viaje de un año a través de la pérdida y el camino forzoso de la reconstrucción del hogar cuando la persona que representaba ese concepto desaparece.

Para los que no te conozcan, ¿quién es Marta Mas?

Marta Mas es una persona a la que le gusta mucho aprender y probar cosas nuevas y por eso se lanza con este libro. Lo siento todo muy adentro, como un tsunami y necesitaba escribir lo que me arrollaba por dentro. Diría que lo que me caracteriza es que me gusta probar de todo porque cuando ya sabes hacer algo deja de ser estimulante.

¿Cómo entras en contacto con el mundo fotográfico?

Mi padre era montador en televisión, y siempre me grababa y hacía fotos. Recuerdo un día que estábamos en la típica casa de colonias entre amigos y niños, y yo en lugar de estar comiendo mis macarrones con boloñesa y queso estaba con una de las cámaras de mi padre haciendo fotos a la gente. Me llama la atención que mi forma de interactuar con estos desconocidos, con la gente mayor era a través del retrato.

Siempre me ha interesado cualquier cosa artística y el destino al final me ha llevado a la fotografía, aunque nunca tuve intención de ser fotógrafa, estudié filosofía. Quería desarrollar mi espíritu crítico y la oratoria, pero también quería hacer algo creativo porque estaba harta de ver tanto arte mediocre. Empecé a colgar mis fotos en Instagram y vi que a la gente le gustaba, me contrataban empresas… y así empezó un poco todo.

Portada del libro 'El principio de Arquímedes: O escultura a tamaño real de mi amor desahuciado' de Marta Mas Girones Marta Mas

¿Cómo se pasa del mundo virtual de Instagram a la forma física del libro?

Estoy muy cansada de la cultura de la inmediatez. Cuando hice una exposición hace tres años me di cuenta de lo bonito que es hacer un proyecto con tiempo y que más gente podía consumir. Quería hacer productos maduros, y además Instagram no me interesa como artista en absoluto. La vida está fuera. Lo que comenzó como un fanzine se ha convertido en un libro.

Es un libro que une fotografía y poesía, ¿cómo se nutren estas disciplinas a la hora de hablar de sentimientos?

Al final esa confluencia está en mí misma. Me encanta leer y mi forma de entender lo que siento es escribir. Necesitamos darle nombre a nuestra tristeza para entenderla y controlarla, porque da una sensación de caos absoluta. Ha habido capítulos que primero he hecho la foto y después he entendido como me sentía y he escrito el texto, otros al revés, tenía el texto escrito y he pensado cómo explicarlo en foto. El libro ha ido naciendo a medida que he podido ir pasando este duelo y generando esta nueva etapa, este nuevo lugar.

¿Ha sido este libro una especie de terapia?

No sé si lo llamaría terapia, eso lo ha hecho mi psicóloga. Pero le ha dado un sentido a mi tristeza y he podido recuperar el control. Yo podía hacer algo con esta tristeza, lo que es devastador es estar en la cama llorando y sentir lo absurdo de todo, me sentía en la mierda y me vino súper bien darle acción a esto.

Sigue costando mucho reflexionar sobre el dolor y la pérdida, ¿de dónde crees que viene ese miedo?

Creo que en eso influye mucho el género. Los hombres, por su rol de masculinidad, tienen las emociones muy poco trabajadas, les dan tan poco espacio para hacerlo que ahora no saben reconocerlas. Muchas veces el duelo con los hombres llega más tarde porque, hasta que la emoción no peta, eso no existe.

Creo que como sociedad entra en juego la modernidad líquida, el capitalismo también nos dice que hay que consumir cuerpos, duelos, historias, vivimos algo y lo antes que podamos dejarlo atrás mejor. Hay que dar espacio al duelo y a las emociones negativas. El tiempo máximo que te dan para superar un duelo es un año. Pero ¿realmente las cosas se superan? Quizás hay cosas que dentro de 20 años nos sigan entristeciendo.

Fotografía de Marta Mas. Marta Mas

El libro comienza con una dedicatoria a ti, dices que al final solo queda una cosa en pie y solo a partir de ella puedes renacer: una misma.

He visto un patrón en las relaciones que acaban en algo tóxico, ese sentirse inferior o poco cuidada. Tengo la sensación de que acabamos las relaciones sintiéndonos pequeñas, terribles y prescindibles. Pero yo estoy aquí, soy majísima y me están pasando cosas chulísimas.Yo pensaba que me iba a morir y al final no.

¿De qué forma te ayuda la fotografía a empoderarte como mujer?

Una barbaridad. La fotografía me ha ayudado a sentirme más fuerte porque me ha hecho sentirme capaz, inteligente, talentosa. El hecho de tener un público y gente que te lo dice ayuda muchísimo.

¿Crees que el talento se entrena o se nace con ello?

Creo que hasta que no dedicas diez mil horas a hacer algo no eres genuinamente bueno. Kant hablaba del genio como la persona que tenía ese algo más, pero al mismo tiempo explicaba que el talento del genio queda reducido al absurdo si este no entrenaba la técnica. Da igual tener algo, esa chispa con la que conectes, si no lo entrenas y trabajas, se queda en nada.

Fotografía de Marta Mas. Marta Mas

Hay una canción de Cecilia que dice “Desde que tú te has ido, desde que me he quedado, en esta casa nuestra, es que me falta algo, no sé si es el aire, no sé si es la luz, pero cuando miro, amor, sé que me faltas tú”, en tu libro exploras ese sentimiento. ¿Es más facil irse o quedarse?

Siempre, siempre, siempre es más fácil irse. Irse es muy duro y doloroso porque eres responsable, y es cierto que la persona que se queda puede culpar al otro y crear una bola de ira. Ese “¿cómo te atreves a dejar de quererme?” Pero irse es más fácil, eres tú el que ha visto que no le salía a cuenta. Es tan doloroso el hecho de que dejen tu amor huérfano. Por eso el subtítulo de este libro es Escultura a tamaño real de mi amor desahuciado, porque es esa sensación de desahucio, de quedarse sin hogar de repente es muy duro.

En una de las páginas acudes a la escritura sin filtro, y te desahogas ¿te ha costado dar a conocer algo tan privado?

No, la verdad es que soy una persona muy fan del oversharing. Creo que es tan bonito encontrarte con extraños, sin ser la tía chapa eh, pero que te influyan y explicarles tus movidas, entender la historia de los demás… Me encanta y no me sentía nada incómoda compartiéndolo. Todo lo que hay son cosas que no me importa enseñar, porque no son cosas que me definen, ni la etapa que estoy en la mierda llorando en la cama, ni el tercer capítulo que se podría llamar perfectamente cuando te descargas Tinder”.

También hablas de la menstruación y el uso de compresas de telas, ¿es más sencillo hablar de la regla que mostrarla en una fotografía?

Hay una hipersensibilidad por parte del género masculino, nunca del femenino, frente a la regla. Me parece fascinante, hasta los 18 años cuando me cambiaba el tampón o la compresa me lo escondía en la manga porque no se podía ver, y en el fondo piensas: “¿a qué mujer le molestaría esto?”. A ninguna. Son los hombres testosterónicos los que se sienten incómodos con la regla, porque existe esa falta de sensibilidad respecto. No he necesitado mostrar nada más explicito respecto a mi regla, pero si lo hubiese necesitado lo habría hecho sin ningún tipo de problema porque la terapia de choque es maravillosa.

Comenzaste tu carrera artística retratando a grandes celebridades de nuestro país, ¿qué truco tienes para conseguir que tu foto fuera distinta del resto? ¿Es complicado sacar ese lado humano fuera de egocentrismos de los famosos?

Con el actor Carlos Cuevas me pasa mucho. Es un tío mega guapo, guay y carismático y eso es algo que la gente ya sabe y ha visto. Por eso, últimamente buscamos la vulnerabilidad, algo más orgánico y llevado a tierra. Está muy presente en él y mola enseñarlo. Los retratos los hago desde la cercanía, intento construir vínculos bonitos y así comparar las cosas que voy viendo de esta persona con el paso del tiempo.

El mundo de la fotografía lleva tras sus espaldas varios casos de abusos hacia modelos, artistas… ¿es la persona que está delante de la cámara más vulnerable?

Sin duda, creo que hay algo muy bueno en que sea una mujer, me da la sensación de que la gente confía más en mí. Puedo hablar a una chica y proponerle que se venga a casa, creo que no les ha dado miedo esa situación, y se han sentido cómodas. Yo he llegado a mandarle la ubicación a mi amiga al quedar con un fotógrafo para una sesión, por ejemplo, aunque fuera increíble esa persona. Pero estoy entrando en la casa de un hombre que no conozco. Creo que el ser mujer la sesión parte de un sitio distinto.

Hablemos del retoque en fotos, ¿dónde está para tí el límite?

Yo retoco cero las fotos, suelo trabajar con el color y la luz. ¿Dónde está mi limite? Los elementos de la cara o el cuerpo que no están generalmente en su cuerpo. Por ejemplo, un grano que no suele estar no te define, no es algo que sea tú, entonces si te hago unas fotos que quieren definirte se puede eliminar. Pero es peligroso, porque es tan fácil usar el licuar de Photoshop y cambiar el cuerpo de una persona que hay que ir con cuidado.

Hay gente que tiene un complejo muy grande con una parte concreta de su cuerpo, y les doy dos opciones: podemos trabajar ese complejo y superarlo, o podemos pasar de ello y enfocarlo en otras cosas que te sientan más cómoda. La sesión de fotos es un momento muy vulnerable y de una conexión muy bonita entre ambos, y la comunicación lo es todo.

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