40 años han pasado desde que se legalizó el divorcio en España. El 7 de julio de 1981 el BOE publicaba la Ley conocida como 'la Fermina' que permitía la disolución del matrimonio. Por fin muchas parejas que eran infelices en su relación, o que ya ni siquiera la tenían, podían separarse legalmente y en igualdad de condiciones. 

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Para algunas personas supone una liberación, para otras un trauma... Pero lo que aún colea en gran parte de la sociedad es la idea de que divorciarse es sinónimo de fracaso. Son muchos los que aún piensan que "en el matrimonio se debe aguantar", un papel que recae principalmente sobre las mujeres.

Echar las culpas, disputas por las pensiones y las custodias de los niños o comentarios desafortunados, cuando no machistas, los soportan muchas mujeres pese a la aparente normalización que se ha hecho del divorcio.

Para hacer balance de estos 40 años desde que se instauró la Ley, MagasIN ha hablado con cuatro mujeres que se divorciaron en cada una de estas décadas. Aunque la historia de cada una de ellas es distinta, todas lo tienen claro: aún se mira de forma extraña y "como si llevases un cartelito" a la mujer divorciada, pero con este proceso han aprendido a valorar -aún más- su independencia y a sí mismas. 

Ana María: divorciada en los 80

A sus 85 años, Ana María Pérez todavía trabaja activamente como presidenta de la Federación de Asociaciones de Mujeres Separadas y Divorciadas. Carmen Suárez

Ana María Pérez (Madrid, 1936) es una pionera. Histórica feminista de España, fue una de las mayores impulsoras de la Ley del Divorcio en nuestro país. Se casó joven y, después de unos años se separó de su marido. No iba a soportar el maltrato al que la sometía. Se fue a los 26 años, con dos hijos y embarazada de la tercera. A partir de ahí se convirtió en feminista.

"Mi conducta antes de la separación no era feminista, era la de una niña a la que no le faltaba nada y le iba muy bien. Luego me faltó de todo y vivía muy mal. Porque además, cuando las ideas no son las imperantes te van a conducir una situación difícil para tu vida y hay que saber si vale la pena", cuenta desde su despacho de la Federación de Asociaciones de Mujeres Separadas y Divorciadas, en Madrid. 

A sus 85 años, mantiene con firmeza sus ideas, que la han llevado a una vida de activismo feminista, y narra su historia con una lucidez admirable, aunque a veces se disculpa por olvidar algún que otro nombre. "Es que me falla la memoria", asegura. 

Se separó en los años 60, cuando las mujeres tenían de todo menos derechos, y tuvo que volver a casa con su madre, que no aprobaba para nada la decisión. "Pertenecía a una familia muy de derechas y muy conservadora. Por lo tanto, me educaron en esa línea. Cuando te das cuenta de que esa línea está equivocada es cuando ves que lo que hace el hombre lo puedes hacer tú. La capacidad de pensar, de analizar y después hablar es lo que te convierte en feminista".

Una protesta contra los malos tratos en los años 80. FAMSD

Su marido vendió la casa y Ana María se quedó con parte del dinero. Con ello contrató a un abogado y se embarcó en nueve años de proceso hasta que logró la nulidad por parte de los tribunales eclesiásticos. "Antes de que se aprobara el divorcio la competencia jurídica estaba atribuida a los tribunales de la Iglesia, que te juzgaban por el Código de Derecho Canónico. La sentencia empieza como todas, que es un insulto para los que creen en Dios: 'Juzgamos en nombre de Dios...'. Finalmente, a mí me declararon inocente". También obtuvo la custodia de sus hijos porque en esa época "no había ninguna petición que yo conociese de hombres por la custodia"

En esos años difíciles Ana María estudió Derecho, se codeó con las feministas francesas y junto con su amiga Mabel Pérez, a quien curiosamente conoció en los tribunales eclesiásticos, fundó una asociación para mujeres separadas.

A principios de los 80 mantuvo una estrecha relación con Francisco Fernández Ordóñez, ministro de Justicia por aquel entonces. Le presentó un borrador para el proyecto de Ley del Divorcio y finalmente, el 22 de junio de 1981 se aprobó en el Congreso.

Tras años de acoso, persecución y alguna que otra noche en el calabozo Ana María y todas las feministas lograron ese derecho. Sin embargo, ella no se divorció hasta casi 10 años después. "Yo no me divorcié porque ya estaba super separada. Pero entonces el ABC aprovechó para meterse conmigo porque decía que 'mucho luchar por el divorcio pero no me divorciaba porque sabía que era malo'. Así que le pedí a mi hija, que por entonces ya era abogada, que lo tramitase y se lo brindé al ABC". 

Mari Ángeles: 1996 y 2004

Mari Ángeles. Cedida

Mari Ángeles (Santander, 1944) siempre tuvo claro que sus hijos estudiarían. Por el contrario, su exmarido quería que se pusieran a trabajar, igual que le había tocado a él de joven. Esa disputa educacional fue tal que acabaron divorciándose en 1996, después de 24 años de matrimonio. "Yo lo llevaba pensando tiempo porque había muchas diferencias a cuenta de los hijos. Por lo demás no había ningún problema, pero quería que estudiaran y vaya que lo conseguí, luego estudié hasta yo. Fui a la escuela hasta los 11 años y luego, a los 55 años, hice un FP en Segovia", cuenta orgullosa. 

En realidad, Mari Ángeles tardó años en divorciarse. Llevaba separada desde 1989 pero decidió tramitar el divorcio para poder formalizar su relación con otra persona. Aunque al separarse tenía algunos trabajos "haciendo arreglos de ropa en tiendas y limpiando portales", su mayor miedo era no tener lo suficiente para vivir y para ayudar a sus hijos con los estudios. 

"En la separación del padre de mis hijos primero dudé por si no podía salir adelante, trabajar y darles lo que les correspondía. Pensar si les iba a poder ayudar, o si había acertado o si me iban a odiar... Tienes esas dudas porque dependes de trabajillos y de lo que ahorres en casa y después de lo que has peleado para que estudien, no poder cubrir eso...".

Todo ello se unió al rechazo de su familia a ayudarla económicamente y, en definitiva, a respaldarla durante el proceso. "Llegó la hora y me encontré apoyada solamente por mis hijos". Al final, ese fue el único soporte que necesitaba, aunque curiosamente, la familia con la que más trato tiene todavía es la de su primer marido. 

En 1992 conoció a otra persona, con la que acabó casándose en 1997. De nuevo pasó por un divorcio en 2004, pero esta vez todo fue distinto. "Cuando me divorcié de la segunda pareja no tuve ningún problema. Ya era yo sola, mis hijos trabajaban y cuando no tienes a nadie contigo es distinto".

Rosa: 2007

Rosa. Cedida

Para Rosa (Valencia, 1957) el divorcio supuso "una liberación". Aunque para que llegase ese alivio, previamente tuvo que pasar por momentos de frustración, soledad y falta de comprensión por su entorno. "Me enteré de que mi marido tenía una amiga y decidí divorciarme. Mi hija ya era mayor, pero se separó de su pareja y volvió a casa, así que decidí quedarme y posponer el divorcio. Pero yo ya estaba mal y ella encima siempre ha tirado más por su padre". 

Ante esta compleja situación en la que aguantó "carros y carretas" acabó yéndose a casa de sus padres. "No le recomiendo a nadie el volver a casa después de 30 años", asegura. Y es que su familia, incluida su hija, se posicionó a favor de su marido. "Él estaba muy bien considerado. Era el típico que queda bien siempre fuera de casa y yo la típica que quedó mal. Que si tengo un carácter fuerte, que si soy una mandona... Y él era un manipulador nato", asegura.

Rosa considera que esos ataques, esa forma de echar las culpas cuando un matrimonio se rompe, recaen todavía más sobre las mujeres. "Se sigue señalando más a las mujeres. Mismamente en mi familia varios sobrinos se han divorciado y para mi hermano y mi cuñada la culpa es de ellas. Creo que aún se criminaliza más a la mujer".

Gracias a una red de apoyo por parte de la Asociación de Mujeres Separadas y Divorciadas de Valencia y a mucho tiempo con ayuda profesional, Rosa se dio cuenta de todo por lo que había pasado. "Él me aparto de todo, de mi familia, mis amigos... Pero fue todo muy sutilmente porque siempre lo hacía 'por mi bien'. Si no salíamos con los amigos era porque yo necesitaba descansar porque claro, yo con mi trabajo necesito descansar... Me puso trabas incluso para trabajar. Cuando mi hija era pequeña él quería que me quedase en casa. Tú te crees que es porque te quiere, pero no. He necesitado mucha psicóloga para verlo y creer en mí".

Finalmente, y después de tres años desde la separación y muchas disputas consiguió el divorcio y su propia casa, un espacio en el que vivir de forma independiente. "Una vez conseguí mi piso, el cambio fue brutal. A partir de ahí empecé desde cero y súper contenta. Fue una liberación. Hago lo que me da la gana, me encanta viajar, salir. Me reencontré con amigos, hice amistades nuevas...". 

Helena: 2020  

Helena. Cedida

La que se divorció más recientemente es Helena (Torrelavega, 1971). Ella empezó los trámites en 2019, pero hasta septiembre de 2020 no obtuvo una sentencia. Entremedias, un periodo "desesperante" con muchas visitas a los abogados, juzgados y una pandemia. 

Su separación desafía todos los estereotipos con respecto al divorcio. "No es que haya pasado algo malo entre nosotros, simplemente han dejado de pasar cosas buenas", afirma Helena. Aun así, en cierto punto ella misma sintió la ruptura como "un fracaso", pero "luego te vas dando cuenta que esto es cosa de dos y no todo es blanco o negro".

Por suerte tuvo el apoyo de familiares y amigos aunque "todo el mundo se quedó perplejo". "Aparentemente lo llevábamos bien, no se lo creía nadie, pero al final en una vida de 30 años juntos se dan mil cosas".

La mayor pena para ella es lo poco que ha evolucionado parte de la sociedad, aunque llevemos 40 años conviviendo con el divorcio. "Parece que las mujeres todavía tienen que guardar luto al divorciarse, sobre todo si empiezan una segunda relación", afirma enojada pese a que sigue soltera.

"No sé si será igual en el sector masculino, pero en el femenino sí que me ha llamado la atención. Parece que tienes que pedir permiso. Además, todos te miran y dices joer parece que llevo un cartelito que pone algo especial. Es un poco raro que todavía sigamos así".