Cuando Sol Berruezo comenzó a gestar su ópera prima, Mamá, mamá, mamá, no imaginaba que llegaría a estrenarla en la Berlinale 2020, ni que obtendría la Mención especial del jurado internacional, ni que sería seleccionada en "Horizontes latinos" de la 68 edición del Festival de San Sebastián. 

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La realizadora argentina nacida en 1996, comenzó a escribir la historia de su primer largometraje cuando tenía 21 años. Mamá, mamá, mamá es una mirada intimista que abraza el lado más tierno y a la vez crudo de la niñez en un relato sobre la incomprensión y la inocencia de un grupo de niñas, que experimentan la muerte desde su propia burbuja. 

La película comienza con un accidente mortal en el que una niña se ahoga en la piscina de su casa. Un inicio dramático que nos invita a ver el mundo a través de los ojos de su hermana Cleo, y de sus primas, mientras las adultas de la familia intentan controlar la situación.

El film surge del deseo de la directora de representar en una obra cinematográfica a sus tres hermanas pequeñas. D´A Festival Film

Una historia en la que Cleo, una niña preadolescente de 12 años es la protagonista y con la cultura de las telenovelas, una estética infantil que llena de pegatinas televisores y neveras, test de amor que parecen salidos de la revista Superpop, juegos de palmas y un cumpleaños como marco que envuelve una atmósfera triste veraniega.

Berruezo sabe representar el luto maternal de una forma sutil pero no por menos verdadera, un acercamiento feminista que ha cautivado la crítica y que ha nacido gracias a un equipo formado 100% por mujeres. 

Mamá, mamá, mamá surge del deseo de la directora de representar en una obra cinematográfica a sus tres hermanas pequeñas, a través del "paso de la infancia al mundo adolescente y luego al adulto, para reflejar cómo los cuerpos se empiezan a deformar y hay un momento en el que conviven distintas generaciones en un mismo cuerpo".

¿Por qué ese título, que parece casi una llamada de auxilio?

"Mamá" me parece una palabra poderosa. Siempre me ha parecido llamativo que este concepto se dijera casi igual en todos los idiomas, que fuera una palabra universal. Después, la triada porque el tres es mi número de la suerte, por mis tres hermanas y porque me parecía que dos era como una insistencia, pero tres ya cobra un sentimiento más allá de una insistencia por la mamá, esa llamada es algo súper primitivo. 

¿Por qué has decidido enfocarlo con la fraternidad y el matriarcado como protagonistas?

Este paso a la madurez siempre me pareció un momento en la vida de la mujer muy clave y muy poco indagado. Por mi propia experiencia y la de mis hermanas quise enfocarlo así. De alguna manera quería contar ese paso y ese velo de la inocencia que se cae, cómo aparecen otras cosas que para ellas aún no tiene palabras para ser descritas. Todas las niñas están en un momento de transición. La preadolescencia que no se encuentra en ninguno de los dos universos del todo.

Fotograma de "Mamá, mamá, mamá". D´A Festival Film

En España películas como Las Niñas de Pilar Palomero o las últimas obras de literatura escritas por mujeres jóvenes como Elisa Victoria o Andrea Abreu acuden a la mirada infantil para contar sus historias, ¿por qué crees que resulta tan atractiva esa mirada infantil para hablar del mundo?

Es muy interesante porque sobre todo sucede con directoras mujeres, y es algo que se repite. En mi caso, es una respuesta ante la forma extremista en la que siempre se ha retratado la infancia del niño. O era un niño luminoso y bueno, o uno malo y oscuro. La infancia, al igual que todas las edades tienen sus grises.

Por otra parte, como realizadora y artista creo que el cine es una forma de exorcizar ciertas situaciones que he vivido, y normalmente se empieza por lo más lejano que es la infancia. Además, creo que hay algo muy mágico que sucede con los niños en el cine. Tienen un agregado que es fascinante, ese grado de verdad que le ponen a lo que hacen.

¿Es la infancia un lugar feliz? 

No he tenido una infancia mala ni con una muerte tan fuerte como en el film, pero si me he encontrado muchas veces con sentimientos que no sabía describir, ni encasillar y que me creaban mucha confusión. Viéndolo con perspectiva, una empieza a entender que no todo es estar feliz o triste, sino que hay una gama de grises. A mí me gusta mucho hacerle un culto a la tristeza, sacarla de ese lugar tan oculto en el que está, porque es un sentimiento tan digno como la felicidad.

¿Crees que la tristeza está poco valorada?

En el cine y en la vida. Sobre todo al ser niños hay una tendencia de que todo tiene que ser feliz y la tristeza no se permite, queda relegada. La tristeza es un sentimiento liberador y te abre a un conocimiento mas allá de lo terrenal, y súper necesario. Entiendo la tristeza como un cuestionamiento de la vida misma y empieza con cosas mínimas pero es fundamental valorizarla y darle la importancia que tiene. Sin tristeza no hay felicidad y viceversa, conviven y lo luminoso y lo oscuro es parte de lo mismo, y sin una la otra no cobra valor.

Fotograma de la película dirigida por Sol Berruezo D´A Festival Film

¿Por qué hacer una película producida 100 por 100 por mujeres? ¿Qué ha aportado a la película la mirada femenina?

Empieza desde el principio así, integrado por cabezas de equipo femeninas y en la historia también eran todas mujeres. Me parecía interesante que la película estuviera rodeada de miradas femeninas, y que si había hombres estuviera en un rol secundario, que no interfirieran en esa esfera y dinámica que se da entre mujeres cuando están solas.

Me di cuenta de que todas las personas con las que quería trabajar eran mujeres y finalmente tomamos la decisión de hacer esa apuesta, como un experimento. Cómo se gesta la obra es igual de importante que el producto final, así que tenía que tener el mismo tipo de sensibilidad que lo que quería contar. Para las actrices, que para muchas de ellas era la primera vez que actuaban frente a una cámara, era más sencillo a la hora de tocar temas íntimos que aparecen en la obra. 

¿Cuál es tu opinión respecto a la etiqueta "cine de género o hecho por mujeres"? 

Considero que ante todo somos personas pero hay que reconocer que estamos en un momento de cambio, y todo momento de cambio es incómodo. Estoy a favor de la inclusión de miradas distintas en el cine. Que se destaque que una película está dirigida por una mujer no es el objetivo, pero sí que es el pasaje al cambio. El arte debería ser sin géneros, pero está bien contribuir con un granito de arena para llegar esa equidad. 

Los cuidados, vinculados desde siempre a la mujer, es un valor que se está comenzando a valorar dentro del ámbito familiar cada vez más. ¿Hacía falta una pandemia para llegar hasta aquí?

Es interesante. Es un virus que nos igualó en condición, por género y por clase social. Y que además, nos ha hecho volver a situaciones que veníamos postergando y que no escuchábamos por la falta de tiempo o comodidad. Las tareas, que casi siempre las hacía una sola persona, ahora se han equilibrado. La crianza termina siendo vinculada a la madre y el padre es el que sale, pero creo que ahora eso está cambiando.

La muerte es otra protagonista...

La muerte de la niña era una ayuda dramática para entrar más rápido en el mundo de Cleo, la protagonista, como un puntapié inicial. Quería contar la historia desde el punto de vista de las niñas, que tienen distintas edades pero todas ellas están en una etapa vital similar.

¿Qué opinabas de la muerte cuando eras pequeña?

De pequeña no me cuestionaba nada sobre la muerte, y tampoco tuve ninguna muerte de familiares cercanos.  Por eso, cuando empecé a ser consciente de lo que significa esta palabra empecé a temerle mucho. Pensar en la muerte de un ser querido me hace pensar en la pérdida de la identidad. La muerte propia es algo que veo lejano, pero me hace sentir que todo lo que hago está teñido de ese “todo va a terminar”.

La menstruación de Cleo también se vive como un funeral en cierta forma, con ritual incluido. ¿Es una forma de representar ese paso a la madurez que se une, por una parte por la llegada del periodo y por otra por un crecimiento forzado a partir de la muerte de su hermana?

Exacto, es justo eso. Es una cosa de "duelar" cierta inocencia, la pureza.  Esa burbuja que la rodea se empieza a quebrar y empieza a entrar otra información desconocida. Es un doble duelo, de hecho, cuando le pregunta cómo quiere que se llame el bebé que supuestamente “ha perdido al bajarle la regla”, que es un poco como su prima lo intenta explicar, Cleo dice que la llamará "Anita", que es el nombre de su madre. Cleo ahora ve a su mamá como un bebé, y hay una inversión de roles. Es la muerte de su hermana, pero también la muerte de esta inocencia de alguna manera.

Fotograma de la película "Mamá, mamá, mamá" D´A Festival Film

¿Qué relación tenías con tu madre?

Mi mamá nunca estuvo ausente, pero hay un momento de duelo que está presente en todos los hijos. Hay algo entre la niña-mujer y la madre: se produce una crisis muy fuerte. Esa crisis está para que empecemos a entender que la madre es un ser distinto a nosotros, no somos la misma persona y debemos entender que te está cuidando, no porque sea su obligación, sino porque quiere hacerlo. Damos muy por sentado el cuidado, y es porque empezamos siendo la misma persona y después nos separamos.

¿Cómo estás viviendo la situación de la mujer en Argentina? ¿Sientes que hay un avance real?

Estamos a pasos muy atrás de los avances que se dan en Europa, pero acabamos de conseguir que el derecho al aborto sea algo visible y también estamos tratando de avanzar. Hay muchas voces, mucha fuerza y mucha actividad. Es algo que se nota en todos lados, es algo sumamente presente y el cambio de Argentina desde hace cinco años hasta ahora es muy considerable.

Antes era una cuestión de incluso no poder salir a la calle porque vivías situaciones incomodas, y ahora hay otra conciencia. No solo en la calle, sino también en el arte. Hay más espacio de visualización para las obras de las mujeres, hay muchas más directoras. Si tienes algo de visibilidad, como es mi caso, debes ofrecer algo por el resto de compañeras que tienen algo que decir. Y no solo es una cuestión de género, sino de edad, hay mucha gente joven que tiene cosas interesantes qué decir y no les dan la mano.

Fuiste la directora más joven en presentarse en Berlinale, ¿se siente vértigo?

Fue vertiginoso, hasta el día de hoy me parece algo sorprendente que hayan apadrinado la película así. Fue un lujo estar allí y fue muy importante para mí y la película, al igual que en San Sebastián.

¿Qué crees que podéis aportar esta nueva generación de realizadores a la industria?

Creo que somos personas que nacimos con la imagen y que tenemos otro vínculo con lo audiovisual. Hay otras plasticidades en cuanto a imagen y ritmos. Y por otra parte, tenemos otras historias, con los años surgen problemáticas nuevas y es necesario dar espacio y voz a nuevas personas, y visiones. El mundo avanza y el cine debe avanzar también con él.

¿En qué proyecto estás inmersa ahora mismo?

Actualmente me encuentro realizando mi segundo largometraje con apoyo de la Bienal Cinema College de Venecia, que otorga tutorías y apoyo financiero. Es una película que tiene elementos del cine de terror y fantástico, estoy muy interesada en ello y es desafiante. Se llama Nuestros días más felices y trata sobre una mujer a la que diagnostican una enfermedad terminal, y que se transforma en niña de un día para otro. Piensa como una señora pero en el cuerpo de una niña y tiene que reconectar con sus hijos y despedirse desde ese cuerpo. Estoy muy emocionada. 

¿Qué artistas nos recomiendas que estén un poco a la sombra?

Lucile Hadzihalilovic, es una directora belga y esposa de Gaspar Noé. Tiene un abordaje a la infancia muy particular que me parece súper interesante y aunque es maravillosa, no creo que haya sido tan vista como su pareja. Su película Innocence me ha servido de gran inspiración.