Lili Redondo lo tenía todo: amigas, seguidores, una prometedora carrera como influencer, sus clases de música como profesora discontinua y una confianza en sí misma que la hacía ser divertida y empática. Pero lo fue perdiendo casi todo por la culpa de los celos, el control y una relación tóxica con su novio llena de reproches.

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La influencer sufrió en 2017 lo que se llama "luz de gas", un tipo de violencia de género que te va anulando como persona y como mujer hasta pensar que todo es culpa tuya y que no vales nada y que la llevó a borrar todos sus perfiles en redes sociales, perdiendo miles de seguidores y desapareciendo del mapa.

Ahora, Lili Redondo ha querido resurgir de sus cenizas ficcionando lo que a ella le ocurrió en el libro Te lo digo porque te quiero (Ed. Plaza Janés) con nombres ficticios pero situaciones tan reales como las consencuencias: hundida en un agujero negro que pudo costarle su profesión y su vida.

"Muchas de mis alumnas sueñan con ser influencers, sin duda debe ser porque no saben lo que hay detrás. Al otro lado de la pantalla de esas chicas aparentemente felices con una vida perfecta, hay personas llenas de inseguridades y con una realidad muy diferente a la que a veces se muestra. Con más de cien mil seguidores, decidí desaparecer durante un año de las redes sociales porque no fui capaz de gestionar los celos de mi expareja y la presión negativa que ejercía sobre mí por exponer mi vida ante mis seguidores. Esa relación terminó por destrozarme, empujándome a la terapia psicológica", reconoce la autora que ahora imparte clases en la escuela El Bosque de los Violines.

Lili Redondo reconoce que empezó a escribir la novela como "un proceso más de curación". Sin embargo, ha acabado siendo un fuerte instrumento para "ayudar a quien lo necesite a no caer en una relación así; a abrir los ojos ante signos de maltrato que a veces no son tan evidentes como parece desde fuera".

De hecho, la novela narra el ambiente divertido y aparentemente inocente de un grupo de jóvenes guapos, con una gran agenda lúdica y una alta posición social. Nada malo parece que puede ocurrir entre esos chicos y chicas pero las aparentemente frases inocentes de "preocupación" acabaron siendo un control obsesivo y un duro maltrato.

"Estaba casi temblando, sudando como un pollo y con el corazón a mil por hora. Samu nunca me había hablado así, pero ¿realmente había hecho algo malo? Así debía ser, ya que había hecho sentir muy mal a Samuel. Pensé en contárselo a las chicas, pero me dio vergüenza sentirme juzgada por ellas", va narrando la autora.

Violencia machista

El libro revela este tipo de maltrato que no deja marcas visibles pero que destroza y apaga a las mujeres que lo sufren, las minimiza, las inmoviliza... No las deja actuar. "¿Será culpa mía?", "¿Habré hecho algo mal?" son las cuestiones con las que la víctima pierde la confianza en su criterio y aparece ese sentimiento de culpabilidad siendo la víctima que destrozaron todos los resortes y apoyos de Lili.

"Me sentía culpable, mal por hacer que no se sintiera valorado. Samuel insistió en ponerse cariñoso y otra vez cedí. Cedí a hacer algo que no quería hacer en ese momento, ni física ni emocionalmente. Cedí a que otra persona decidiera por mí. Cedí a ese pequeño chantaje que le dio la vuelta a la tortilla", explica.

Lili Redondo hilvana en su libro situaciones que, aisladas, podrían tomarse como pequeñas discusiones sin malicia. Sin embargo, unidas, en un relato que intensifica la asfixia, el aislamiento, el chantaje emocional y hasta el miedo son la muestra clara de la violencia psicológica más difícil de reconocer y que más cuesta denunciar.

"Sentía una vergüenza infinita porque personas que apenas me conocían pensaran que era una guarra, una facilona, una borracha. Ojalá me hubiera dado cuenta de que lo único que había sido era libre", recuerda en el libro sobre su post, su posicionamiento en redes, su trabajo.

En su caso, como en el de muchas mujeres, la asfixia y el control acabó en una violencia física. El culmen. La guinda. El episodio que tienen que vivir muchas mujeres para terminar denunciando el maltrato que sufren. En el caso de Lili fue que la empujara por las escaleras, que entrara en su casa y revolviera todo buscando cualquier excusa que le diera la razón a sus celos enfermizos. Pero la autora advierte de que no hay que llegar a ese punto. Hay que cortar y denunciar antes.

"Como docente y como mujer, me siento en el deber de advertir y proteger a todas las chicas que estaban detrás de la pantalla de mis redes sociales ante personas y relaciones tóxicas, animándolas a empoderarse e interiorizar que el amor más fuerte que tenemos que sentir es por nosotras mismas".

Lili Redondo tardó un año en volver a su vida pública, a recuperar esa libertad que le permite contar en las redes sociales lo que le da la gana. Ahora mismo cuenta con 54.700 seguidores en Instagram, la mitad de los que tuvo en 2017 cuando algunos de sus post recibían más de 48.000 me gusta.

Sin embargo, hoy tiene la confianza que le arrebató un hombre al que reconoce, hoy en día, que es un maltratador.