La somalí Asha Ismail sabe mucho de huidas y mutilaciones. Fue víctima de ablación con solo 5 años en su país. Ella misma fue alegre al mercado a comprar las cuchillas que rasgarían su vida para siempre. Desde entonces tuvo claro que no dejaría que sus hijas vivieran esa barbarie porque este acto de violencia deja consecuencias físicas, psicológicas y sociales a las víctimas durante toda su vida.

De los cuatro tipos de infibulación, sufrió el más severo. Le extirparon el clítoris, le cortaron los labios mayores y menores, y cosieron su vagina casi por completo. Para que no gritara, símbolo de debilidad en la cultura somalí, le metieron un trapo en la boca. Su abuela la agarró entre sus piernas, mientras la persona que se dedica expresamente a ello, le hacía el corte. Su madre estaba presente.

Desde entonces, consciente de lo que había hecho, comenzó a advertir a otras niñas de su comunidad de lo que realmente significaba ese día de purificación, que en la infancia les dibujaban como una fiesta.

Después vino su parto con complicaciones, y ahí se prometió que no le haría pasar a su hija por todo eso: el dolor de la menstruación, el dolor al orinar, el dolor de un parto desgarrador con graves consecuencias. Ahí comenzó el camino de la protección. Primer con su hija, y después con el resto de mujeres y niñas en riesgo a las que ha ayudado.

La guerra en su país la hizo huir de Somalia a Kenia en los años 90 pero en este país la mutilación seguía persiguiendo a su hija primogénita. Así que cogió a Hayat pequeñita y, como pudo, volvió a huir, esta vez a España, para evitar que ningún cuchillo rasgarra su cuerpo. De hecho, ahora su hija Hayat, que sigue viviendo en España, tiene ya sus propias niñas.

En 2007, ambas crearon la ONG 'Salva a una niña, salva a una generación' con la que tratan de evitar que ser mujer sea motivo de castigo y mutilación. 

La propia Asha contaba la historia de otras mujeres, como Shilalo (25 años), en Kenia para concienciar de esta lucha. La joven creció en una típica familia masai, en Kenia. Era la séptima de diez hermanos y tuvo la suerte de ir al colegio porque un día, cuando tenía seis años y estaba cuidando el ganado, se encontró con una ong internacional que le ofreció la oportunidad. Aunque siempre tuvo la oposición de su madre, que prefería que cuidara de sus hermanos pequeños en vez de ir a un aula, esos cuatro cursos la salvaron de la mutilación genital

A partir de ese momento, Shilalo sufrió la discriminación de su aldea y de su entorno. Y la mutilación física que evitó se convirtió en una mutilación social.

Tipos de ablación femenina.

"Una cosa que le pasó a ella que sirve para prevenir a otras niñas, como en mi caso. Si ella no se hubiera alzado en su momento, seguramente yo hubiera sido otra niña mutilada, y mis hijas hubieran sido también unas niñas mutiladas. Sí, ese es el mejor ejemplo de que se puede cambiar", reflexiona Hayat Traspas durante una visita a la sede de su organización en Madrid.

De acuerdo a un informe de la Organización de Naciones Unidas (ONU), la mutilación genital femenina se continúa practicando en casi 30 países africanos, aunque el procedimiento está prohibido en casi todos.

En Kenia, por ejemplo, está penalizada con cárcel y multa desde 2011, pero se siguen mutilando a niñas y a mujeres sin ningún castigo.

Asha ama África y liderará el proyecto que está creando la ONG en Kenia; mientras que desde España Hayat coordinará los proyectos internos con todo el voluntariado de la ong, donde el 90% de las personas que trabajan son mujeres.

No sólo en África

La mutilación genital femenina afecta a mujeres en todos los continentes y de todas las clases socioeconómicas. Las razones de su práctica son muy diversas y varían según la procedencia. Cada mujer tiene una experiencia y una narrativa diferente respecto a la mutilación genital femenina. 

"Existen varios grados de mutilación, no se debe generalizar. No es nada religioso. Lo practican etnias. No todas las mujeres lo viven de la misma manera, pero eso no quiere decir que no sea un atentado contra sus derechos. Mientras la virginidad de la mujer o lo que haga la mujer con su cuerpo sea el centro del debate no vamos a avanzar", subraya Hayat.

Aunque en algunas culturas quieran relacionar la ablación con la religión, la práctica se remonta a 2.000 años antes de Cristo. Ya en la época de los romanos, grapaban los labios del clítoris de las esclavas para que no mantuvieran relaciones sexuales con sus amos.

Hay que tener en cuenta que es un problema global porque la ablación no se práctica solo en África, también en ciertas comunidades de la India, Indonesia, Malasia, Pakistán y Sri Lanka. En Oriente Medio, este acto violento se mantiene en los Emiratos Árabes Unidos, Omán y Yemen, así como en Palestina, Irak e Israel.

Incluso, en España, donde la ablación está prohibida, 10.000 niñas están en riesgo de sufrirla a pesar de que el Código Penal lo tipifica como delito desde 2003.

Ya en la antigua Inglaterra extirpaban el clítoris a las niñas para corregir su comportamiento, y curar la histeria o la epilepsia. Se extendió a Estados Unidos. "Allí todavía existen mujeres vivas a las que les han extirpado el clítoris con la excusa de que las iba a tranquilizar, a corregir, para evitar que fueran lesbianas", detalla Asha.

Colombia

En ocasiones, por ignorancia no se presta atención a la mutilación fuera de África, y por lo tanto en otros países hay menos vigilancia. De esta manera, se descubren casos cuando saltan a los medios de comunicación. La muerte de dos niñas indígenas por infecciones derivadas de una mutilación genital en 2007 fue lo que sacó a la luz la práctica de extraer el clítoris a las recién nacidas en una tribu en Colombia.

Y no solo se realiza por tradición, sino también por posesión. Es el caso que relata Karen, campeona europea de artes marciales, que colabora con Salva a una niña, salva una generación.

La deportista colombiana perdió a una amiga en la adolescencia, víctima de una mutilación genital por orden de su exnovio. "Salía con un chico de 24 años y después de seis meses decidió romper la relación. Entonces comenzaron las amenazas. A las dos semanas nos enteramos que había sufrido una mutilación, que habían pagado a unos chicos; y la habían hecho esta atrocidad a mi amiga. Los padres de mucho estatus prefirieron ocultarlo por temor al qué dirán, o en qué posición les iba a dejar socialmente", relata entre temblores Karen.

"En esos casos no lo hacen por cultura, ni por creencias; simplemente para castigar la sexualidad de las mujeres. Si no eres para mí, no eres para nadie. Pero en 2007 surgió un caso en una población indígena de Colombia. Una niña que le extirpado el clítoris, se le infectó y murió. Ahí es donde saltaron todas las alarmas y empezaron a investigar, porque nadie conocí que en esa comunidad mutilaban a las niñas", relata Asha.

Esa mala experiencia llevó a Karen a colaborar con Asha y Hayat "para ayudar y concienciar a otras mujeres, que muchas veces no ven la violencia porque normalizan esa barbarie".

"Huyen, vienen con una mochila cargada en la que hay tantas cosas por las que han pasado y que están viviendo... A veces en esa mochila no viene la mutilación genital femenina porque no la consideran violencia", lamenta Asha.

Casa de acogida

Por eso, Asha y Hayat tienen el proyecto de construir una casa de acogida en Nairobi, un refugio para proteger y acoger a niñas que como Shilalo huyen de esta violencia dentro de su país.

"Hay muchas cosas que se están haciendo bien en Kenia, hay que decirlo. Hay muchas otras que hay que mejorar y algunas que hay que eliminar completamente. Nuestra idea es poder abrir la casa de acogida, comprar un terrenito y construir una casa por partes, según podamos. Y saber que es nuestro y que, pase lo que pase, el día de mañana esas niñas no van a tener que salir de allí por falta de recursos económicos", explica en una entrevista Hayat.

El centro de rescate Safe in Nairobi para niñas estará ubicado en un vecindario seguro que proporcionará un ambiente propicio para que las niñas completen su crecimiento y acceso a una educación de calidad, y para su empoderamiento.

Nairobi ha sido elegido por su cultura multiétnica. El proyecto se concibe como un hogar residencial y un refugio para niñas rescatadas de la mutilación genital femenina, pero también de la explotación sexual, los matrimonios precoces, y otras formas de opresión y violencia basada en el género contra niñas menores de 18 años.

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