Desde el pasado mes de marzo, cuando estalló la pandemia, el año 2020 ha dejado de tener referencias: se han cambiado todos nuestros hábitos, patrones de conducta y modos de socialización. También hemos visto cómo los planes se han quedado a medias y hemos presenciado un cambio de rutinas repentino e impuesto. Todo esto está afectando emocionalmente a muchas personas.

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Pero otro modo de entender lo que este año está suponiendo es tomarlo como un reto, y esto no siempre es fácil ya que supone un trabajo personal importante. No obstante, quizá sea esa la mejor forma de afrontar una coyuntura de la que podemos aprender muchas cosas.

"La capacidad de adaptación es todo un reto, y una exigencia de este año, que entre otros aprendizajes nos ha traído este y no siempre resulta tan fácil".

Las navidades de 2020 también serán diferentes, y esto traerá de nuevo la necesidad de confrontar emociones y ser creativas para poder ayudarnos a vivirlas de la mejor manera posible dentro de lo que las circunstancias nos permiten.

Ni qué decir tiene que resulta emocional y mentalmente difícil asumir esta decisión de no compartir la Navidad en familia, o de no ver a los tuyos. Y puede resultar muy exigente acogerla con aceptación, más todavía después de un año tan difícil y doloroso para la mayoría de las personas.

La Navidad en sí ya toca las emociones de muchas personas: llevamos años y años de costumbres de quedar, de brindar, de comer y celebrar juntos… y este año que los cuerpos y mentes están aún más tocados, parecía alentador podernos ver.

Y la verdad es que resulta complejo poner una norma concreta porque nos estamos encontrando que hay mucha casuística individual: tener familia y que los hijos sean pequeños y haber pasado la Covid-19 o tener PCR negativas, que tus hijos sean mayores y sólo conviváis tu pareja y tú, que la salud haya tomado el papel más importante en tu momento actual, dando prioridad a la precaución y las recomendaciones; que tus hijos ya se hayan independizado y vivan en la misma o en otras ciudades, que tengan más familia y esto supere los ratios y sea complejo saber dónde cortar o no poder encajar las cifras en las reuniones, que vivas sola y tu familia esté a kilómetros, y un largo etcétera.

Y al final todo se resumen en algo que ya es común este año: ponernos otra prueba más, someternos al examen de la actitud y la fortaleza, testarnos en cuanto a flexibilidad y creatividad, retomar la responsabilidad, conectar con la tristeza, con la incertidumbre que trae de la mano al miedo, y en ocasiones conectar con la esperanza y la confianza de saber que esto también pasará.

Pero además de la pena que puede suponer no juntarse, romper esquemas o no viajar, no abrazarse, no brindar y cambiar las costumbres, también hay personas, mujeres de familia, que nos dan ejemplos de actitud positiva y ven que este año van a descansar o les va a servir para ahorrar y celebrarlo más adelante.

Cena con ingenio

Por lo tanto, en este final de 2020 toca ser más creativo y positivo que nunca, sacar fuerza de donde la tengamos y creer que todo se solucionará y que no pasa nada por cambiar las costumbres.

Si no podemos celebrar la Navidad con los nuestros, o nos resulta difícil elegir entre nuestros hijos, o si no podemos acoger a nuestros padres en la cena y se quedarán solos, o si no podemos viajar ni ver a familiares, o si no vemos muchas opciones para estos días, te dejo unos tips por si te resultan de ayuda en tu circunstancia personal:

1. Se puede vivir como una noche más, y para esto hay alternativas, como el hecho de que muchas familias que viven en la misma ciudad pueden preparar una cena especial si lo desean, pero sin caer en el anhelo de no estar reunidos. Una opción es organizar de otra manera las visitas reuniones y encuentros, comidas fuera de casa, paseos, tomar el aperitivo, visitas a lo largo de ese día con precauciones y respetando las medidas…

2. En cuanto al cambio de comunidades quizás haya que ser aún más creativo y tirar de espíritu interior positivo. Toca pensar que llegará otro momento para reunirse y celebrar la Navidad y todo lo que haya quedado pendiente, panderetas incluidas, aunque sea mayo.

3. Otra circunstancia es tener a familiares en residencias, o estar nosotras solas en una ciudad, y en este caso se pueden hacer videoconferencias, cenar a la vez que tus familiares y allegados con una conexión virtual, brindar en la distancia, enviar un abrazo virtual, y aprovechar todo lo bueno que nos trae la tecnología en estos casos para conectarnos y sentirnos cerca de los que más queremos.

4. Si estas fechas recibes regalos y estás sola, toca hacértelos tú, y es algo precioso. Ve a por tus regalos y que te los preparen para la mejor persona del mundo, y esa noche te los pones en el árbol, en el Belén o donde tengas costumbre. También una super cena, convirtiéndote en tu mejor amiga, en tu madre, en tu padre, en tus hermanos y en toda la gente que te quiere y te cuida.

5. Y otra forma de verlo es que muchas familias también lo vivirán con más relax, por el hecho del propio estrés de las reuniones de familia, rencillas que a veces surgen, susceptibilidades, trabajo extra de preparación, de cenas, comidas copiosas... Todo esto podemos eliminarlo y es algo positivo. Esos kilos de más no tienen por qué parecer esta Navidad, y seguro que los excesos son más moderados y nuestro cuerpo lo agradece.

Por lo tanto, aprovecha cada momento que te traiga la vida para aprender y saber que todo pasa y todo cambia, eso es algo que las personas más mayores saben muy bien y son aquellas que nos están ofreciendo una gran serenidad y una gran lección: la vida son momentos y que todo pasa y de todo se aprende.

Estas navidades, vistas con actitud positiva, serán una prueba más superada.

***Ana Asensio es psicóloga y autora de Vidas en positivo.