Las cuotas de género llevan presentes en nuestras vidas varios años, pero todavía permanece el debate sobre su gestión y utilidad. Una de las dudas más habituales es si realmente funcionan para reducir la brecha de género que, por ejemplo, hay en los consejos de administración, o si por el contrario se elige a mujeres únicamente para cumplir con la norma sin tener en cuenta su trayectoria y habilidades. 

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Aunque cada vez hay más representación femenina en todos los ámbitos, algunos sectores todavía son deficitarios de su presencia y a menudo no cumplen con esa paridad que buscan las cuotas. Para solventarlo, dichos sectores buscan a mujeres que "rellenen" ese espacio al que están obligados, y muchas veces lo comunican a las profesionales de forma, cuanto menos, irrespetuosa

Esta situación es la que ha denunciado esta semana en Twitter la neurobióloga Conchi Lillo, investigadora en la Universidad de Salamanca y el Instituto de Investigación Biomédica de Salamanca (IBSAL). "Me han escrito hoy para pedirme que acepte formar parte de una comisión para evaluar unos CV para un puesto. Hasta ahora todo bien... ¿Qué contestarías a un correo electrónico que dice esto para justificar incluir tu perfil en esa comisión?".

Junto con el mensaje, ha adjuntado una captura de pantalla del correo que ha recibido para formar parte de dicha comisión que reza: "Los cuatro investigadores de la UIC (Unidad de Investigación Consolidada) somos varones y nos han dicho desde AGI que tenemos que proponer a una mujer para la comisión". 

Pese a que luego añaden que "hemos pensado en ti porque estás familiarizada con la mayoría de las técnicas", la realidad es que solo la primera frase muestra claramente que quieren contar con la presencia de Lillo únicamente por obligación. 

Al ver este tipo de mensajes, hay que plantearse la manera en la que se están gestionando las cuotas de género y si se están normalizando esta clase de conductas hacia las profesionales. Y es que, entre las respuestas al tuit de la neurobióloga, se encuentran las de otras mujeres que cuentan, entre la frustración y la resignación, experiencias similares en sus campos.

"El pan nuestro de cada día, Conchi. Al final nos toca estar en más tribunales y comités, y eso nos lleva un tiempo que no podemos dedicar a la investigación. Y en los tribunales, casi siempre de secretarias, para hacer el trabajo que menos gusta...", le contestaba otra investigadora. 

"Me pasó lo mismo hace unos días al participar en un evento y me sentí muy frustrada también. En principio, la intención es buena, pero te hacen sentir como que lo único que importa es llenar una cuota, no valorar tu trabajo", añadía una periodista científica que también adjuntaba una captura de pantalla. 

Culpa de las cuotas

A raíz de esta historia, muchos han vuelto a cuestionar la utilidad de las cuotas de género, un tipo de discriminación positiva con la que se pretende lograr la igualdad en todos los ámbitos, porque consideran que son estas normas las que "generan estas situaciones incómodas". 

"Solemos asociar la palabra 'cuota' a la reciente incorporación de la mujer en puestos relevantes. En realidad, las cuotas siempre han existido. Hasta ahora, consistían en cuotas del 100% para hombres. No deberíamos ser nosotras quienes nos avergonzáramos de las cuotas del 50%", defendía una usuaria. 

Otra cuestión que se ha planteado es si Conchi Lillo, o cualquier mujer que sea requerida para un puesto con este tipo de peticiones, debería aceptar o no la participación, y si mostrar su enfado, o no.

Entre los cientos de mensajes que ha recibido, algunos optan por que acepte la invitación a la comisión porque "hay que estar. Como sea. Por cuota, de rebote o a dedo. Solo así conseguiremos normalizar que la mujer sea parte normal y constante de todo".

También hay quienes la animan a que les "mande a tomar viento" -y le han dado diferentes frases ingeniosas para ello-, y los que creen que debe aceptar, pero dejando claro su descontento por la manera en la que le han trasmitido el mensaje.  

Lillo ha reconocido en la red social que tiene que "meditar" su respuesta. Por un lado no quiere "aceptar de buen agrado sin más". Pero es algo que le preocupa ya que "lo haga como lo haga, mostrando mi indignación de forma airada o no, los ofendidos serán ellos...". "No entenderán mi frustración y echarán la culpa a la discriminación positiva", ha reflexionado.