Para muchas mujeres, la maternidad significa un parón en sus carreras. Según datos del Instituto Nacional de Estadística, las mujeres con más de tres hijos tienen una tasa de desempleo un 26% mayor que las mujeres sin hijos. Fue lo que le pasó a Esther Mayor que, tras años dedicada a su familia y a sus tres hijos, sin encontrar espacio en el mercado laboral, descubrió en la asistencia virtual y el teletrabajo su salvavidas para volver al realizarse profesionalmente.

"La maternidad llegó a los 30 para arrasar con todo en mi vida". Así de cruda es su descripción. Durante varios años y antes de la maternidad acumuló distintos trabajos sin mucha especialización, desde camarera a comercial e incluso soldado. Pero, tras haber sido madre, se encontró en un callejón sin salida: "Estuve nueve o 10 años intentando volver a tener una carrera profesional y era imposible. Pensé que iba a estar abocada o a tener trabajos precarios el resto de mi vida o a estar en casa sin trabajar".

La crisis del coronavirus viene agudizar este panorama una vez que las mujeres son mayoría en los sectores más afectados por la pandemia. La Organización Internacional de Trabajo ya avisó el pasado marzo que las mujeres, sobrerrepresentadas en los sectores más afectados por la crisis del coronavirus, estarían entre los mas afectados por la pérdida de trabajos. La OIT estima que el 58,6% de las mujeres empleadas trabajan en el sector de los servicios en todo el mundo, en comparación con el 45,4% de los hombres.

Además, las medidas de confinamiento decretadas en muchos países obligaron al cierre de escuelas y guarderías, lo que implica una mayor carga de cuidados en los hogares, casi siempre asumida por las mujeres. Ellas serían también las que verían sus ingresos mermados a la hora de tener que quedarse en casa cuidando de los más pequeños y de las personas dependientes.

El consecuente parón en sus carreras hará que luego sea más difícil volver a engancharse al mercado laboral. "Al volver al mundo laboral se encuentran con un muro: las empresas no las quieren ni las valoran. Ser madre y decidir dedicarse a cuidar a la familia durante un tiempo no debería pasar esta factura a nivel laboral”, destaca Esther. 

Esther Mayor.

De su propia experiencia nació el Instituto de Asistencia Virtual, que ofrece formación a mujeres que están en la misma situación que Esther. "La mayoría tiene entre 30 y 50 años y son madres. Viven una situación de precariedad laboral bestial, a veces con situaciones de escasez, de depresión por sentirse muy excluidas del mundo laboral, sin oportunidades de demostrar su valía”, cuenta.

A día de hoy, han pasado cerca de 400 mujeres por el Instituto. "Muchas dejaron de trabajar para cuidar a sus hijos y ahora no consiguen recuperar su estatus anterior, otras trabajan pero se sienten insatisfechas".

La asistencia virtual, defiende Esther, permite a las mujeres realizarse profesionalmente, conseguir trazar su camino con mayor independencia y, además, una mayor flexibilidad en sus horarios y sus tareas. "Además de formarlas en el trabajo que tienen que desarrollar, las ayudo a planificar sus días y a establecer con los clientes protocolos de trabajo que les permitan decidir cómo y en qué condiciones trabajan", explica. "Esto lo que permite es que nos reenganchemos al mercado laborar controlando nuestros horarios y pudiendo conciliar también con nuestras familias", dice.

A nivel de crecimiento profesional, Esther señala que hay muchas oportunidades, sobre todo centradas en la especialización. "Tras la formación inicial, las profesionales descubren lo que más les gusta, lo que mejor se les da… Las redes, el diseño web, la parte de contabilidad. Formándose un poco más en esa área específica pueden escalar sus tarifas y aumentar sus ingresos”, destaca.

La asistencia virtual es, sobre todo, un camino para devolver al mercado de trabajo profesionales que se habían quedado atrás. Ahora, a través de su academia, Esther comparte su conocimiento con otras mujeres a las que impulsa a dar un paso adelante y tomar las riendas de su vida profesional. “Me da mucha satisfacción poder compartir con otras mujeres todo lo que he aprendido estos años y enseñarles que hay una alternativa al paro y a los trabajos precarios. Una que ellas pueden controlar y con la que se puedan sentir satisfechas”.