Annette Cabelli, superviviente sefardí de Auschwitz, ha fallecido a los 95 años, según ha informado en Centro Sefarad de Israel a través de su cuenta de Twitter. La mujer, nacida en Salónica (Grecia), fue deportada al campo de extermino nazi, donde estuvo dos años y dos meses. Después, esquivando también las marchas de la muerte, fue trasladada al campo de Ravensbrück y desde allí al de Malchow. Ella fue una de las testigos del Holocausto, del mismísimo infierno.

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Además de aprender a hablar castellano cuando era una niña, Cabelli obtuvo el pasaporte español hace unos años, tras la aprobación de la Ley de Nacionalidad Española para Sefardíes. Aunque vivía en la ciudad francesa de Niza, visitó España en varias ocasiones durante la última década. En 2017, en la víspera del Día Europeo en Memoria de las Víctimas del Holocausto, dijo: "Después de lo que vi, ya no tengo miedo a nada".

Annette Cabelli, que creció en una comunidad sefardí con su madre, fue deportada a Auschwitz en 1942 cuando todavía era una adolescente. Allí, en el epicentro de la maquinaria del exterminio nazi, le tatuaron en el antebrazo el número 4065, una marca que la ha acompañado durante toda la vida. Su terrible experiencia la ha relatado en numerosas conferencias y charlas en los colegios con una entereza admirable. Gracias a ella es posible hacer memoria para no olvidar.

La joven llegó a Auschwitz, en Polonia, tras cinco días en tren, hacinada en los vagones sin pan ni agua y rodeada de muertos. También tuvo un golpe de suerte para poder sobrevivir en ese tenebroso lugar gobernado por la muerte y la inhumanidad: a ella y a su madre la habían subido a un camión con una cruz roja, cuyo destino era la cámara de gas, pero un guardia nazi obligó a Annette a bajar, salvándola. "Ya no volví a ver a mi madre", relataba. Su primer trabajo en el campo fue limpiar las cubas de excrementos del hospital para presos políticos polacos.

En los recuerdos de Cabelli en Auschwitz, donde contrajo el tifus, aparecía el sádico Mengele, más conocido como "el ángel de la muerte". Esa enfermedad fue el segundo golpetazo de fortuna: la capo le dijo en una ocasión que "como te vas a morir de tifus, no te voy a dejar ir para que te maten". La mujer griega de origen sefardí sorteó la muerte nuevamente en las temibles marchas invernales y sin víveres hacia los otros campos, hasta que finalmente fue liberada el 2 de mayo de 1945.

Cabelli ha repetido que siempre pensó que nunca saldría del campo. La suya es una historia que desaparece físicamente, pero que nunca debe olvidarse. Ella siempre abogaba por escuchar las historias de cada deportado, todas diferentes. "Esto no se puede contar en los libros", decía. Entre otras personalidades, la ministra de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya, le ha dedicado una cálida despedida en las redes sociales: