A sus 25 años, y sin tener ningún vínculo familiar con el sector del transporte, Andrea se subió a la cabina para recorrer las carreteras. "Ni siquiera yo me he parado a analizar por qué hice esta locura", afirma.
La chispa por este trabajo surgió de forma progresiva, de su gusto por conducir y su deseo de ponerse distintos retos personales que alcanzar. Así se lo describe a José María Sallés en @jmsallesutiel. Aunque ya a sus 18 años, cuando se sacó el carné de coche, le llamaban la atención los camiones.
El detonante se dio cuando estaba trabajando en el almacén de una frutería. Durante ese tiempo trataba a diario con los camioneros que traían la mercancía. Al conversar con ellos y ver su trabajo fue cuando se planteó seriamente cambiar de sector.
Imagen de dos camiones en ruta
En este momento barajó varias opciones, como hacerse conductora de autobús, algo que descartó rápidamente al darse cuenta de la enorme responsabilidad que suponía llevar personas.
Su núcleo familiar no estaba a favor de este cambio laboral, y eso se convirtió en un impulso para Andrea. Lejos de frenarla, se transformó en su principal motivación.
Tipo de ruta
La camionera realiza transportes regionales por Galicia y recorre los puertos de Vigo, Marín y Vilagarcía. "Ahora mismo llevo una plataforma pequeña, lo que quiere decir que todo va a granel", aclara.
Aunque admite que no tiene rutinas, cada día es diferente. "Estuve cinco horas parada esperando a que me cargaran".
Andrea Fernández
Y es que los tiempos muertos en este sector son algo de lo más habitual, pero lejos de desesperarse, Andrea les saca partido. Esas pausas son el momento perfecto para sacar a pasear a su perro Burgal, quien la acompaña en todos sus trayectos.
Estas eternas esperas también son espacios que utiliza para ponerse al día por teléfono. "Los compañeros hablamos mucho, vamos en llamada, solemos hacer bromas y hasta nos montamos nuestras telenovelas", explica.
Cuando el trayecto se lo permite, prefiere tomar carreteras nacionales y contemplar los prados, el ganado e incluso, en ocasiones, la costa gallega.
Y aunque ahora es feliz realizando transporte nacional, no descarta en un futuro dar el salto a las largas distancias y recorridos internacionales.
Desmiente que este sea un trabajo de hombres, pero reconoce que para abrir la puerta de un contenedor oxidado se necesita cierta fuerza. "El hecho de ser mujer es una ventaja, siempre va a haber alguien que te va a ayudar", confirma.
