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En los últimos años, importar coches desde Alemania se ha consolidado como una opción cada vez más popular entre los compradores españoles.

Los precios competitivos, el excelente estado de los vehículos y la amplia variedad del mercado alemán han convertido esta alternativa en una manera de ahorrar sin sacrificar calidad.

Un ejemplo de ello es Fran García, conocido en redes como @frangarciacars, que se dedica profesionalmente a traer coches de alta gama desde Alemania para venderlos en España.

Un negocio perfecto 

Según explica el empresario, en muchos casos la diferencia de precio puede ser considerable. "Un Mercedes E400 nos costó 8.000 euros más barato que en España", asegura.

En el mercado español, el precio nuevo de este modelo ronda los 80.000 euros, aunque de segunda mano puede adquirirse en diversas empresas por cantidades que van de 37.000 a 50.000 euros.

El proceso, sin embargo, requiere planificación, experiencia y atención a cada detalle del proceso. 

"Lo primero son los billetes de vuelo, salimos de Valencia hasta Madrid y de ahí volamos a Hamburgo. En total, el desplazamiento nos costó 80 euros", cuenta García, quien suele documentar estos viajes en sus redes sociales para mostrar cómo funciona la importación de vehículos de forma transparente.

Una vez en Alemania, la revisión y las gestiones son esenciales. "Nada más llegar fuimos al hotel, porque ya era tarde para revisar el coche. Dormimos ahí y al día siguiente fuimos directos a por el Mercedes E400", recuerda.

El empresario destaca la importancia de tomarse el tiempo necesario para comprobar el estado del vehículo y negociar con el vendedor. "Revisamos todo el coche a fondo y nos decidimos a probarlo, era justo lo que estaba buscando el cliente".

Durante su estancia, que duró tres días entre Hamburgo, Stuttgart y Múnich, los gastos en alojamiento y comidas ascendieron a unos 400 euros.

Finalmente, tras revisar el vehículo, completar el papeleo y cerrar el contrato, el ahorro fue significativo. "Nos salió 8.000 euros más barato que en España", afirma.

Con las matrículas temporales ya puestas, García y su equipo iniciaron el regreso a España, donde quedaban los últimos trámites para cerrar la operación.

Una vez aquí, gestionaron la ITV, la matriculación y los impuestos. "Esto elevó el coste a unos 3.000 euros más", comenta, dando por concluido un proceso que demuestra que importar puede ser rentable si se hace con conocimiento y paciencia.