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Un vehículo eléctrico lleva en su batería entre 8 y 12 kilogramos de litio. O lo que es lo mismo, en la actualidad, un coche medio que cuenta con 10 kilogramos de litio tiene un precio en esta materia prima de 200 dólares ( 184 euros) aproximadamente. Y aunque no parezca un gran coste para un vehículo, si se compara con el precio del pasado año por la misma cantidad, unos 90 dólares ( 82 o 85 euros) aproximadamente, la diferencia es clara.

En este contexto, hablamos de un incremento del precio del llamado "oro blanco". Según Trading Economics, el litio alcanzó el pasado 23 de enero el nivel más alto en dos años. Además, el 12 de enero el mercado de contado de China superó los precios de 20.000 dólares la tonelada.

Todos estos datos se ven reflejados en la industria de la automoción; en 2024 y 2025, marcas como Tesla y BYD (Build Your Dreams) bajaron los precios de sus coches para ganar mercado, pero con los precios actuales, esa estrategia ha muerto. La consecuencia es evidente: el aumento indiscutible de los precios.

Las marcas europeas se ven atrapadas. Por un lado, tienen la presión de Europa para alcanzar la electrificación; sin embargo, los costes de producción no ayudan a este cambio, estrechando de este modo los márgenes de beneficios.

Sin embargo los gigantes de la automoción buscan soluciones, y BYD es uno de ellos con su propia mina situada en Brasil de la que adquirió sus derechos en 2023. En el proceso de extracción, consiguen sus materiales de rocas duras y no de la extracción en salares, obteniendo así una predictibilidad operativa, ya que no se depende de procesos químicos.

Por su parte, BYD es el segundo fabricante de baterías del mundo; con esta estrategia se asegura de inundar el mercado, ya que los competidores europeos disponen de un precio mucho más elevado en sus vehículos.

Otras compañías se están poniendo las pilas, como Tesla, que a pesar de no tener una mina directamente, cuenta con acuerdos tácticos y con la construcción de una refinería estratégica de litio en Texas. Se encuentra ubicada en Robstown y ha comenzado a operar en enero de este año.

De este modo, Tesla rompe su dependencia con China controlando su producción de manera vertical, ya que Texas es el mayor productor en Estados Unidos. Con este rendimiento consiguen 2.000 millones de barriles anuales. Se convierte así en la primera de Norteamérica capaz de transformar el material en hidróxido de litio, material utilizado en las baterías, reduciendo los pasos intermedios.

Para llevar a cabo este avance, la firma de Elon Musk tan solo ha necesitado un año y siete meses. Los resultados en el sector del automóvil se ven claros: son capaces de producir litio suficiente para 500.000 coches eléctricos al año.

Esta brillante estrategia reduce los costes, asegura su suministro y desplaza a China, que controla un 85% aproximadamente del refinado de litio a nivel mundial. Aunque la materia prima proviene en su mayoría de Australia, Chile y Argentina, la refinería se encuentra en el territorio asiático.