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Lejos de los focos parlamentarios y del ritmo cotidiano de la política de alto nivel, Pedro Sánchez ha sacado a la luz en más de una ocasión el costado más afectivo de su vida personal: el amor incondicional que profesa por los animales.

Aunque su faceta pública suele estar volcada en la agenda institucional, cuando el presidente se presta a entrevistas de corte distendido no duda en rescatar pasajes de su pasado donde los perros han jugado un papel protagonista.

Para el líder socialista, el contacto con los cuadrúpedos no es una afición sobrevenida ni un mero recurso de imagen. Supone un nexo sentimental que hunde sus raíces en la juventud y que continúa marcando la vida cotidiana de La Moncloa.

Recuerdos en la costa

A lo largo de su charla en el célebre pódcast La Pija y la Quinqui, el político madrileño se retrotrajo a sus años de infancia para detallar cómo la presencia animal estuvo impregnada en el día a día de su hogar desde muy temprano.

Un vínculo estrechamente ligado a la actividad profesional de su progenitor: "Mi padre tuvo una tienda en Lorca de cosas de bebés y de juguetes y de animales", confesó durante la conversación.

Esa cercanía con el mundo animal también se coló en sus vivencias estivales cuando la familia disfrutaba del verano en la Región de Murcia.

Recordando sus vacaciones infantiles a orillas del Mediterráneo, el presidente rememoró entre sonrisas los episodios nocturnos que provocaba la mascota de un residente cercano: "Cuando veraneaba en Cartagena había una persona que tenía un husky y no dejaba dormir el husky porque estaba toda la noche llorando porque es que Cartagena hace mucho calor en agosto, 30 grados o más con humedad", relató espontáneamente.

Un choque de caracteres

El momento más llamativo de su testimonio llegó al establecer una clara diferencia entre la personalidad del can con el que convivió en sus primeros años y las dos perras de agua españolas, Turca e India, que habitan con él hoy en día.

Al hacer memoria sobre aquel animal de su juventud, Sánchez subrayó su comportamiento distante y reservado: "era muy independiente y jovencito, no quería jugar. En cambio estas son un coñazo", soltó de manera desenfadada ante los micrófonos.

Ese marcado contraste ilustra el giro que ha dado su experiencia doméstica.

Frente al carácter pausado y solitario del can de sus años mozos, la rutina del presidente está ahora sacudida por la inagotable vitalidad de sus actuales compañeras de cuatro patas, a quienes llegó a definir con humor señalando que "tienen una pelota de tenis como cerebro".

"Acaban teniendo la fisonomía de su dueño"

Para redondear su visión sobre el mundo canino, el mandatario no dejó pasar la oportunidad de lanzar una curiosa observación popular sobre el mimetismo que se genera entre las personas y las mascotas que las acompañan a lo largo de los años.

"Las mascotas al final acaban teniendo como un poco la fisonomía de su dueño".

Un compendio de anécdotas e impresiones que demuestran cómo la devoción de Pedro Sánchez por los animales no se limita a su convivencia con Turca e India en la residencia oficial, sino que forma parte de un bagaje emocional cosechado desde su más tierna infancia.