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Para Irene Montero, la presencia de sus perros no es un mero detalle doméstico ni un complemento anecdótico en su vida pública.

La política madrileña convive con una manada canina que ha sido testigo directo de su trayectoria personal y legislativa.

Integrados plenamente en la dinámica de su hogar en Galapagar junto a sus tres hijos y su pareja, los canes representan un pilar cotidiano basado en los cuidados, la adopción y la vida en la naturaleza.

Una familia multiespecie

En el núcleo familiar cohabitan tres perros con historias y orígenes muy diversos. Por un lado están Tirso y Lyle, dos mestizos rescatados de perreras y protectoras cuya adopción responde a la apuesta de la familia por el rescate frente a la compra de animales.

A ellos se suma Rumba, una perra de raza gossa d'atura (pastor catalán) que llegó al hogar a finales de 2018 como un regalo recibido por parte de un pastor catalán, bautizada con ese nombre como un guiño directo a la rumba catalana.

La decisión de fijar su residencia en el municipio de Galapagar, situado en la sierra noroeste de Madrid, estuvo fuertemente motivada por la necesidad de ofrecer espacio y contacto directo con la naturaleza tanto a sus hijos como a sus perros.

En las escasas ocasiones en las que la exministra comparte estampas de su intimidad a través de redes sociales como Instagram o TikTok, los contenidos suelen girar alrededor del tiempo al aire libre.

Paseos matutinos por la sierra madrileña, jornadas de juego en la parcela de la vivienda y escapadas familiares al campo donde niños y perros conviven en un mismo entorno de aprendizaje y respeto a la naturaleza.

Una visión ética y política

Esta vivencia diaria bajo el mismo techo influyó directamente en las convicciones que Montero ha defendido desde las instituciones.

Durante su participación en el pódcast Animales Humanos, la política describió cómo la experiencia de vivir con animales refuerza una ética de respeto hacia ellos, definiéndolo como un planteamiento eminentemente político e indisociable de la vida moderna.

"Yo pienso que el antiespecismo y el respeto al medio ambiente, a la naturaleza es una opción política para vivir en equilibrio", afirmó.

En la misma entrevista reflexionó abiertamente sobre los dilemas morales respecto al consumo de carne y cómo la relación cercana con los animales en casa fomenta una mayor autocrítica sobre los hábitos del día a día.

"Para las personas que consumimos carne, simplemente la reflexión —que sé que no es suficiente— de que el tipo de consumo que tenemos ahora es absolutamente irrespetuoso con los animales, pero también malo para nuestra salud y malo para el planeta, insostenible".

Para Irene Montero, sus tres perros no son solo animales de compañía, sino verdaderos miembros del núcleo familiar que marcan el ritmo de sus días y encarnan los valores de adopción y respeto animal que abandera en su vida pública y privada. "Hay que anteponer al paladar la vida de los animales".