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La llegada de un gato al hogar despierta ilusión, pero también ciertas dudas prácticas sobre la convivencia y la seguridad del mobiliario.

Ante el temor de que los animales puedan arañar el sofá, engancharse en las cortinas o tirar objetos decorativos durante las ausencias de los tutores, surge con frecuencia la tentación de aislar al felino en una zona restringida de la casa, como el pasillo o el baño, dejando la puerta del salón cerrada.

Sin embargo, los especialistas en medicina y comportamiento felino advierten que esta medida, lejos de prevenir problemas, suele desencadenar un cuadro severo de estrés en el animal.

El impacto de las puertas cerradas

Para la especie felina, el hogar constituye su territorio vital completo. Alterar el mapa de accesos en función de la presencia de los humanos es un cambio incomprensible que rompe su rutina de exploración.

"Me parece una mala idea restringirles el acceso a determinadas zonas de la casa si no es con un motivo muy concreto, sino simplemente para que no te rompan el sofá o una figurita del mueble", explica el veterinario Carlos Gutiérrez tras la consulta de unos tutores.

"Si ese salón es después la zona principal cuando estáis con ellos en casa, va a causarles muchísimo estrés el tema de que cuando os marchéis dejéis esa puerta completamente cerrada". El especialista insiste en que restringir el paso de forma intermitente altera su bienestar emocional.

"A los gatos no les suele gustar nada eso de tener una puerta cerrada en casa y suelen reaccionar bastante mal. Si esa parte la pueden explorar durante el resto del día, no van a entender que por el hecho de que os marchéis la dejéis inaccesible".

Ansiedad por separación

Aislar al felino cuando la vivienda se queda vacía vincula de forma directa la partida de los tutores con la pérdida inminente de su espacio de confort, un detonante habitual de conductas reactivas.

"Cerrarle las puertas al final los gatos lo acaban sufriendo muchísimo porque acumulan todo ese estrés y pueden terminar desarrollando determinadas conductas como, por ejemplo, la ansiedad por separación", señala Gutiérrez.

"Cuando no estamos, simplemente por el hecho de no poder acceder al espacio, ya entienden que no estamos y eso les pone más nerviosos".

Rascadores, protección y retiradas

En lugar de delimitar estancias de forma drástica, la solución pasa por adecuar el entorno para satisfacer las necesidades naturales del gato sin comprometer los enseres del hogar.

"Con el tema de que te puedan arañar el sofá, sillas o cortinas, es muy importante que desde el minuto cero tengas en casa rascadores suficientes para que los tengan como alternativa y no utilicen el mobiliario: rascadores verticales, horizontales y de diversos materiales", aconseja el especialista.

"Si aun así os preocupa, proteged esas zonas con mantas para evitar que dañen la tapicería". Sin embargo, respecto a los objetos frágiles, el procedimiento adecuado es proteger el objeto y no aislar al animal.

"Si te preocupa que te rompan lo que esté en una estantería, quítalo de ahí cuando te vayas en lugar de cerrar la puerta; lo metes en un cajón o en un armario y ya está. De esa manera vas a proteger ese objeto de valor y vas a dejar que tu gato siga teniendo sus actividades cotidianas normales y explorando su casa".

Observar antes de tomar decisiones drásticas

Por último, el profesional recuerda que muchos miedos iniciales responden a prejuicios y no a comportamientos reales de los animales.

"Muchas veces se está poniendo el parche antes de la herida. Es muy posible que vuestros gatos no hagan nada de eso si os habéis preocupado en darles todo lo que necesitan en cuanto a enriquecimiento ambiental", concluye Carlos Gutiérrez.

"Primero observa cómo se comportan y después empieza a tomar decisiones, aunque la de cerrar la puerta es para mí la peor de todas".