Para Soraya Arnelas, la palabra mascota se queda corta a la hora de definir a los seres con los que comparte su día a día.
Sus perros Bowie y Tilda, junto a su gato Valentino, representan pilares fundamentales en la estructura de su hogar, situados exactamente al mismo nivel afectivo que el resto de los suyos.
"A mí me cuesta decirles mascotas, no son mascotas, son uno más de la familia. Para mí tienen la misma importancia que mis hijos", asegura la cantante con convicción en una entrevista con Mascotario.
La salud de Valentino
Esa entrega incondicional se traduce en una atención constante hacia el bienestar físico y la salud de sus compañeros, sin escatimar en esfuerzos ni en recursos económicos cuando la situación lo requiere.
"Hace cinco o seis meses me gasté casi 7.000 euros en mi gato porque hubo que hacerle un trasplante cuando lo del ojito se le puso malo. Yo siempre he querido darles lo mejor y, aunque suponga un dineral, me gusta que tengan calidad de vida", confiesa sin rodeos sobre las complicadas pruebas a las que se ha enfrentado el felino, paciente también de enfermedad de Crohn y un linfoma.
Ese afán protector alcanza matices entrañables y divertidos cuando rememora sus hábitos durante la época de frío en su anterior vivienda.
"Les compraba ropa y unas botitas porque en esa zona nevaba y me daba pena que el asfalto les hiciera daño en las patitas. Con mis hijas me llamaban 'la loca de las mantas' porque las llevaba a la guardería súper tapadas, y con los perros me pasa exactamente lo mismo", bromea la artista.
El mejor entrenamiento para la maternidad
Mucho antes de dar la bienvenida a sus dos hijas, el cuidado diario de sus animales sirvió a la intérprete como un auténtico aprendizaje de responsabilidad, entrega y madurez emocional.
Soraya con sus animales.
"Ellos me prepararon un poco. Era como ser madre de mis animales antes de que llegaran mis hijas; ya tenía desarrollado ese sentimiento de sacrificarte por ellos, de darlo todo y del amor incondicional", reflexiona.
Ese instinto maternal es compartido también por Tilda, su perrita, cuyo apego protector hacia las pequeñas de la casa roza lo entrañable desde que eran bebés.
"Cuando me quedé embarazada de Manuela, Tilda se puso delante de la cuna y nadie se podía acercar porque ladraba y se ponía súper agresiva con la gente que entraba. Se pensaba que la mamá era ella más que yo", relata con ternura.
Devoción, un "ángel de la guarda" y un pacto de libertad
A la hora de mirar a sus compañeros, Soraya distingue los matices propios de cada especie y la personalidad única que define a cada integrante del grupo. Mientras Tilda es puro afecto y Valentino se comporta como un felino independiente que impone sus distancias, la relación con Bowie roza lo místico.
"Siempre he definido a Bowie como mi ángel de la guarda. Cuando lo traje para Madrid en el coche, él me juró amor eterno y dijo: 'Tú me has protegido a mí, ahora te voy a proteger yo a ti'. Es mi ojito derecho, me levanta por las mañanas con besitos y mi marido siempre me dice que me protege allá donde voy", revela.
Frente a la rutina acelerada, sus animales le devuelven un aprendizaje directo centrado en la presencia, el juego y la erradicación del sedentarismo.
"Me salvan de la pereza. Estás en el sofá sin querer moverte, pero sabes que tienes que sacarlos a jugar y a hacer su recorrido. Además, todos deberíamos aprender de su fidelidad y de esa alma de niño pequeño que conservan siempre", argumenta.
La foto de familia perfecta
Si tuviera la oportunidad de cambiar una norma a favor del bienestar animal, la cantante dirigiría su mirada directamente hacia los espacios naturales compartidos.
"Me da mucha rabia que los perros no puedan ir a la playa. Todos los perros merecen bañarse con sus dueños, les viene fenomenal el agua y la arena. No entiendo esa restricción y es algo que quiero reclamar", manifiesta con rotundidad.
Al proyectar el título para un libro que recopilase sus vivencias compartidas, no duda en elegir Sin límites, una expresión que sintetiza la entrega recíproca que han construido entre las paredes de su casa.
Soraya tiene claro qué supuso su llegada y cómo completa la estampa de su vida: "Desde que llegaron, yo soy más feliz, estoy completa. Para mí uno de los sueños de mi vida era ser madre, pero ellos han venido a cerrar el círculo. Creo que una familia sin animales no es una familia completa".
