Para Mónica Cruz, cruzar la puerta de casa significa adentrarse en un espacio donde la lealtad y el afecto no entienden de palabras.
La actriz y bailarina ha construido su vida en torno a Pandora, Robin, Bela, Mía, Raven y Juanita, seis perros de distintos orígenes y edades que han redefinido su día a día.
"Nunca los he visto como una mascota sin más. Para mí son parte de mi familia", sostiene con rotundidad al hablar de una pasión que arrastra desde la infancia, en una entrevista con Mascotario.
Un lenguaje de miradas
Caminar por la calle al lado de seis compañeros caninos despierta miradas de curiosidad, pero la intérprete lo vive con absoluta naturalidad y orgullo.
"No me da vergüenza ir paseando con mis seis perros por la calle y hablar con ellos", reconoce entre risas. Sin embargo, coordinar a una familia tan numerosa exige paciencia y observación constante para respetar las particularidades de cada uno.
A uno le asustan los petardos; a otros, el resto de animales en la vía pública. En medio de esa dinámica, surgen instantes de pura complicidad, como el de Juanita, a quien le apasiona apoyar la cabeza en su hombro para quedarse ahí en silencio.
"La comunicación que tengo con los animales es algo innato, un instinto. Nos entendemos perfectamente a través de la energía y sus gestos", explica.
La prioridad absoluta
Ese compromiso indestructible no se queda únicamente en los momentos de calma, sino que marca la toma de decisiones más complejas de su vida laboral.
Mónica Cruz con sus perro.
Cruz no dudó en dar un paso al lado y declinar un importante proyecto cinematográfico cuando la salud de uno de sus compañeros se vio comprometida.
"Rechacé un rodaje de una película fuera de España porque uno de ellos se enfermó y necesitaba quimioterapia. Quería estar a su lado y no me arrepiento en absoluto de haber dejado ese trabajo", revela sobre aquel momento decisivo.
El refugio de la calma y la memoria intacta
Tras una jornada agotadora, el regreso al hogar actúa como el antídoto perfecto frente al estrés de la rutina habitual.
"Cuando llego a casa tras un día de trabajo estresante, se convierten en mi refugio de calma y me ayudan a darle importancia a lo que realmente la tiene", subraya.
En su memoria también permanecen intactos los siete perros que la acompañaron en etapas anteriores y que fallecieron de viejecitos. Mónica habla continuamente de ellos en presente junto a su hija para mantener vivo su recuerdo.
Si tuviera que titular la historia compartida con sus seis compañeros en las páginas de un libro, la artista lo tiene claro: "Salvados, salvadas", por ambas partes. Una alianza incondicional donde el amor ha actuado en ambas direcciones: "Me salvaron tanto a mí como a ellos".
