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Durante décadas, la selección genética en la cría de animales de compañía ha buscado estética a costa, en muchas ocasiones, de la propia salud animal.

Aunque el debate sobre las conformaciones extremas se ha centrado históricamente en el mundo canino, la preocupación médica se traslada ahora con fuerza hacia el ámbito felino.

Un cambio de paradigma legislativo busca poner freno al comercio de gatos con mutaciones que merman su calidad de vida.

A través de sus canales de divulgación, el veterinario Carlos Gutiérrez analiza por qué varios países europeos han comenzado a prohibir la cría y la tenencia de algunas de las razas más populares del mundo.

El precio biológico de las orejas plegadas y la falta de cola

Entre las razas más afectadas por estas regulaciones destaca el Scottish Fold, famosa por sus orejas curvadas hacia adelante. En los Países Bajos se prohibió su cría a principios de los años 2000, y a partir de este año 2026 se veta completamente su tenencia en los hogares.

"La raza Scottish Fold se ha seleccionado por esas orejas tan curiosas. Eso se produce porque el gato tiene una mutación genética que hace que los cartílagos de su cuerpo no se generen de manera correcta. Para tener las orejas rizaditas, afectamos a todos los cartílagos de su cuerpo, produciendo problemas como la osteocondrodisplasia y la aparición de artrosis temprana", explica el veterinario Carlos Gutiérrez.

Un escenario similar atraviesa el gato de raza Manx, caracterizado por nacer sin cola. "El hecho de no tener rabo le lleva a sufrir problemas en la médula espinal, producción de espina bífida y alteraciones locomotoras. Por estos motivos, su cría está prohibida en países como Alemania o Austria", detalla el especialista.

Sin pelo, sin bigotes y con problemas de respiración

El popular gato Sphynx o esfinge también se encuentra en el centro de la polémica médica debido a la ausencia de pelaje y de estructuras sensoriales clave para la especie.

"El pelo les protege del sol, pero es que además su cuerpo tampoco genera sus bigotes. Los bigotes les ayudan a orientarse e incluso a defenderse detectando movimientos de aire", señala Gutiérrez. "Además, son muy tendentes a acumular grasa en la piel y en los pliegues, sufriendo dermatitis de forma recurrente. Por ello, Países Bajos ha prohibido tanto su cría como su tenencia".

A esta lista se suman razas braquicefálicas como el gato Persa, cuya cría ha sido vetada en Austria por los severos problemas respiratorios que les provoca su cara chata: "No tienen una nariz suficientemente desarrollada, lo que les impide respirar en condiciones y les expone a sufrir golpes de calor".

El riesgo de los cruces

Más allá de las alteraciones morfológicas, existe otro grupo de razas cuya tenencia se restringe por motivos de comportamiento y conservación medioambiental: los híbridos con felinos salvajes, como el Savannah (cruce de gato doméstico con serval) o el Bengalí.

"El Savannah surgió en los años 80 al cruzar una gata siamesa con un serval, un felino silvestre de hasta 10 kilos. Países como Australia prohibieron estas razas en 2008 porque mantienen comportamientos silvestres, pueden desarrollar agresividad por frustración al no poder cazar en libertad y suponen un peligro crítico para la biodiversidad autóctona", aclara el veterinario.

En España, los primeros cruces de estos animales también están catalogados como ilegales por proceder de especies exóticas.

Cambiar las reglas del juego

Hasta ahora, la mayoría de normativas se limitaban a prohibir la cría en sus territorios, un parche que permitía a los compradores adquirir estos animales por internet en otros países e importarlos legalmente.

"La diferencia con prohibir la tenencia —como ha hecho Holanda— es gigante. No significa que haya que deshacerse de los gatos que ya viven en las casas; esos animales seguirán con sus familias hasta el final de sus días. Significa que ya no se pueden comprar ni traer de fuera. Al atacar la demanda, se acaba realmente con el flujo comercial y la especulación de los criaderos", defiende el experto.

Para el colectivo veterinario, se trata de evitar repetir los errores cometidos históricamente con la selección canina.

"No hace falta que vengan los caprichos humanos sobre el aspecto exterior para forzar mutaciones. No todo vale. No porque queramos un gato con características específicas tenemos que hacerle sufrir durante toda su vida. Prohibir la tenencia es el camino para proteger realmente su bienestar".