Con la llegada de los cambios de estación o el mantenimiento prolongado de la calefacción en los hogares, el desprendimiento de pelo en los felinos se convierte en una de las mayores consultas de los tutores.
Sin embargo, la pérdida de pelaje no responde a una molestia aleatoria, sino a un mecanismo biológico natural de regeneración del folículo piloso.
Para comprender cómo funciona este proceso y cuándo debe encender las alarmas de salud, la veterinaria Susana González, especialista de la clínica San José Veterinaris en Barcelona, detalla en colaboración con Experto Animal y VetAtención las claves para diferenciar un recambio fisiológico de una patología dermatológica.
Un ciclo natural de renovación
La caída del manto no es una anomalía, sino un proceso de sustitución continua donde cada pelo cumple una fase de nacimiento, crecimiento y desprendimiento para dar paso a uno nuevo.
"El pelo del gato no se cae porque sí, no es una herramienta infernal para molestarnos, sino que forma parte de un ciclo normal de renovación del folículo piloso. Imagina un campo de césped: hay briznas nuevas que están creciendo, otras ya están maduras y algunas viejas se desprenden para dejar sitio a las brisas nuevas", aclara la veterinaria Susana González.
En condiciones naturales, las horas de luz y la temperatura exterior regulan el cambio: "Cuando el día se hace más largo y aumenta la temperatura, el cuerpo del gato recibe la señal de cambiar el pelaje tupido de invierno por uno más ligero. Cuando bajan las temperaturas, la señal es cambiarlo por uno más grueso y calentito".
Los gatos caseros mudan todo el año
A diferencia de los perros —cuya muda suele ser más estacional y explosiva—, los gatos que conviven en pisos urbanos experimentan una pérdida de pelo prácticamente ininterrumpida a lo largo de los doce meses.
"Esto ocurre principalmente por cómo viven los gatos modernos: calefacción en invierno, aire acondicionado en verano, luz artificial por la noche y una temperatura bastante estable todo el año. Para el folículo piloso, las estaciones se pierden y el cuerpo del gato nunca recibe la señal clara de 'ahora toca hacer la gran muda'", explica la experta.
Además, los hábitos de aseo felino enmascaran la cantidad real de pelo caído: "Los gatos pasan horas lamiéndose, atrapan el pelo suelto con la lengua y se lo tragan. A veces parece que pierden poco pelo, pero aparecen bolas de pelo vomitadas por casa; ahí tenemos la evidencia".
Las señales de alarma
Determinar si la pérdida de pelaje entra dentro de los márgenes de la normalidad requiere revisar la homogeneidad del manto y la integridad de la piel del animal.
"Una muda normal no debería producir lesiones ni zonas claramente despobladas de pelo. El pelo se ve distribuido de forma uniforme, no hay zonas con calvas definidas y la piel está sana, sin enrojecimiento ni costras", señala González.
Cuando la caída viene acompañada de otros síntomas, el origen pasa a ser clínico: "Si aparece un despeluchado, el pelo grasiento, calvitas, picor, caspa, costritas o un lamido obsesivo, ya no es una muda fisiológica. En los gatos, el pelo casi nunca se cae solo por sí mismo; es el propio gato el que se lo arranca al lamerse a escondidas para aliviarse".
Detrás de estas alopecias suelen esconderse alergias, parásitos, hongos, dolor articular o episodios de estrés.
El cepillado correcto y la trampa del rapado
La medida preventiva más eficaz para evitar la acumulación de bolas de pelo en el digestivo es retirar el pelo muerto manualmente antes de que el felino lo ingiera al acicalarse.
"El objetivo del cepillado no es arrancar pelo sano, sino retirar pelo muerto, evitar nudos y reducir la ingestión de pelo. La sensación para el gato debería parecerse más a una caricia ordenada que a una sesión de masaje vigoroso con tirones", advierte la veterinaria, recordando que se debe pausar la sesión si el animal mueve la cola bruscamente o repliega las orejas.
Asimismo, la especialista desmiente uno de los mitos más extendidos durante las épocas calurosas: la necesidad de rapar al animal.
"El mito que más oigo en la clínica es que el pelo da calor. El pelo protege del sol y proporciona una cámara de aire que actúa como aislamiento térmico y protege de quemaduras solares. El pelo es un aliado del gato en verano si está sano, limpio y desenredado", concluye González.
