Existe un error muy común entre quienes conviven con animales de compañía: asumir que procesan el lenguaje de la misma manera que los humanos.
Hablarles con frases largas, intentar razonar con ellos o pedirles explicaciones sobre su comportamiento es una de las principales barreras para lograr un adiestramiento eficaz.
"Veo a diario a muchísima gente que habla a sus perros como si estuviera hablando con una persona, y un perro no te entiende cuando le hablas como a una persona. No te puedes expresar pidiéndole una orden con una frase, como si fuera tu vecino el de la casa de al lado", explica el educador canino José María Rueda en su canal de YouTube.
En sus programas de adiestramiento, Rueda y su equipo aplican el denominado Método Ryocan, un enfoque centrado en el respeto, la comunicación clara y la consolidación del vínculo entre el perro y su familia.
El idioma de las órdenes no importa
A menudo se debate sobre cuál es la mejor lengua para educar a una mascota o por qué se emplean términos en alemán o francés en ciertas disciplinas. Sin embargo, desde la metodología de Rueda se remarca que la clave no reside en el idioma elegido, sino en la claridad y brevedad del estímulo sonoro.
"Los perros no entienden ni castellano, ni alemán, ni francés ni nada. Da exactamente lo mismo lo que hagas. Lo importante es que si tú al perro le dices que se siente, sea con una palabra corta, clara, a poder ser de una o dos sílabas como mucho", señala el adiestrador.
El proceso se basa puramente en la asociación: "Tú le puedes enseñar a tu perro diciéndole una palabra que te inventes; siempre tiene que ser la misma y él entenderá, por asociación, que va vinculada a la conducta que queremos que haga. También serviría un gesto con la mano. Lo crucial es que las órdenes sean distintas entre sí para no llevarlo a confusión".
Las tres reglas para los cachorros
Cuando un cachorro llega al hogar, la comunicación debe cimentarse sobre tres pilares claros: la fijación de su nombre, la felicitación y la comprensión del "no".
Respecto al nombre, José María Rueda insiste en asociarlo siempre a experiencias positivas: "Hay que empezar reforzándolo diciéndole su nombre y dándole un premio. Con esa palabra el perro sabe que tiene que mirar porque le está llamando la atención, pero siempre de forma positiva, no para echarle la bronca".
En cuanto a las felicitaciones, la coherencia en el tono resulta determinante durante las primeras etapas: "Intentaremos desde pequeñitos que la felicitación sea la misma. Conforme va creciendo aprende la musicalidad, y al final ya da igual la frase exacta porque entiende la musicalidad de la felicitación".
La importancia de saber decir "no"
En el debate actual sobre la educación canina, el creador del Método Ryocan defiende la necesidad de establecer límites claros y cuestiona ciertas corrientes de adiestramiento.
"Un cachorro tiene que entender lo que es un 'no'. Hay quienes dicen que no hay que decírselo porque se frustra, pero el perro tiene que aprender a gestionar esa frustración. Y la musicalidad del 'no' tiene que ser seria, no lúdica. Si le dices 'no' con tono alegre, la musicalidad es positiva y no va a dejar de hacer la conducta", advierte.
Sin embargo, matiza la diferencia entre corrección y exceso de castigo: "No se trata de castigar en exceso a un cachorro porque podrías generarle problemas en el futuro si es sensible. Pero el 'no' tiene que quedarle completamente claro".
La trampa del refuerzo intermitente
Uno de los fallos más habituales en la convivencia ocurre cuando se premia una conducta unas veces sí y otras no, generando lo que en psicología del aprendizaje se conoce como refuerzo intermitente.
"Si un perro te salta al entrar a casa y le haces fiesta porque vienes con ropa de diario, pero el domingo vas vestido de boda y no quieres que te salte, el perro no va a entender de ropa. Si tú a veces se lo permites y a veces no, por la teoría del refuerzo intermitente le creas expectativa, y saltará todavía más para intentar conseguir tu atención", aclara Rueda.
Por este motivo, las reglas deben ser inflexibles desde el primer día: "Un 'sí' puede ser a veces un 'no' durante el entrenamiento para motivarlo, pero un 'no' siempre debe ser 'no'. Si no queremos que un perro coma comida del suelo, nunca debemos dejárselo hacer, porque si lo consigue una sola vez se reforzará y lo intentará siempre".
La especie dominante en la convivencia
El educador también hace referencia a las llamadas señales de calma —como bostezar, sacudirse o rascarse—, gestos que los caninos utilizan para comunicar estrés o incomodidad. Aunque considera útil conocerlas, pide mantener la perspectiva dentro del hogar.
"Hay que entenderlas y conocerlas, pero no dejar todo en manos de eso. Nosotros somos otra especie y vivimos en una sociedad humana donde somos la especie dominante. No nos podemos mirar de igual a igual", argumenta.
La conclusión para mejorar la relación diaria con la mascota pasa por la simplificación de los mensajes: "No les deis la brasa explicándoles cosas que no entienden. Ellos comprenden únicamente lo que ha sido asociado previamente con un refuerzo o una corrección".
