La profesión veterinaria atraviesa un momento crítico en España. Tras la entrada en vigor del Real Decreto 666/2023, que regula la distribución, prescripción y dispensación de medicamentos veterinarios, los profesionales del sector denuncian que la rigidez normativa les impide ejercer su labor con eficacia y amenaza de forma directa la salud y el bienestar de los animales.
La veterinaria Alicia Núñez ha estallado en redes sociales para visibilizar el problema y solicitar el apoyo ciudadano antes de que sea demasiado tarde.
"Necesitamos tener para noviembre 500.000 firmas y llevamos 200 y pico mil, no hemos llegado a las 300.000 todavía. No sé si sois conscientes de lo grave que es todo esto", advierte la especialista.
Atados de manos en la práctica diaria
La principal queja del colectivo reside en las limitaciones estrictas que impone la norma a la hora de administrar ciertos tratamientos de uso habitual en la clínica diaria, obligando a ceñirse al pie de la letra a los prospectos sin margen para el criterio profesional.
"Ya no hablo de los antibióticos. Es que este Real Decreto nos limita, por ejemplo, cosas tan básicas como poner un suero subcutáneo. El Real Decreto establece que tengo que cumplir lo que dice el prospecto. Dice 'vía intravenosa', con lo cual no puedo ponerlo de forma subcutánea", denuncia Núñez.
Esta restricción genera situaciones traumáticas en la atención a pacientes crónicos o paliativos: "Pasa lo mismo con algunas medicaciones, analgesias que solemos utilizar en gatitos viejitos. ¿A ese animal qué hago, lo dejo sufriendo agonías? Estoy hablando de medicación muy muy fuerte que sabemos que funciona".
Aval científico versus encorsetamiento legal
Los profesionales defienden que los tratamientos que aplican no son arbitrarios, sino que responden a décadas de evidencia clínica y literatura científica consolidada, algo que la actual legislación parece ignorar.
"Lo sabemos por experiencia de compañeros que llevan 20, 30 años en esto, estudios que están más que respaldados por bibliografía en los propios libros que estudiamos en la carrera. Es que esto es totalmente absurdo", señala la veterinaria.
A este encorsetamiento se le suma el sobrecoste económico que sufren las familias debido al precio de los fármacos exclusivos de uso veterinario frente a sus equivalentes en medicina humana.
"Medicaciones que se han vuelto carísimas por toda esta mierda. Medicación que en humana vale 5 euros, prácticamente la misma molécula en veterinaria son 40 euros", lamenta.
El dilema ético y el riesgo de abandono
Muchos profesionales se ven abocados a elegir diariamente entre el cumplimiento estricto de la ley o el alivio del dolor de sus pacientes, una presión que está pasando factura a la salud mental de un sector ya desgastado.
"Mucha gente no sabe que no están teniendo problemas porque sus veterinarios se están saltando la ley, y lo hacen porque aman a los animales", explica Núñez.
La experta advierte del peligro inminente si se sanciona a los primeros profesionales: "Un día van a acabar cazando a un compañero o una compañera y nos vamos a cagar. Todo el gremio va a hacer así y va a decir: 'Pues no me vuelvo a saltar la normativa', o dejo la profesión, que también está pasando, porque para trabajar así mejor me dedico a otra cosa".
Una carrera a contrarreloj
Para frenar esta situación y exigir la revisión del Real Decreto, el colectivo veterinario ha puesto en marcha una recogida de firmas masiva que requiere un último empujón popular antes de la fecha límite en noviembre.
"De verdad, tenemos que espabilar. Un pliego son 10 firmas, lo puede pedir cualquiera, no hace falta que seas veterinario. Un fin de semana rellenáis un pliego de estos perfectamente en una comida familiar", anima la clínica.
La petición final de los profesionales es directa y urgente para evitar que el marco legal siga perjudicando la atención médica de las mascotas: "Les va la vida en esto a nuestros animales. Despertar, firmar, moveros. O sea, socorro. Se nos acaba el tiempo".
