En los hogares europeos la sensibilidad hacia los animales no deja de transformarse, pero en los códigos legislativos algunas fronteras tradicionales se resisten a caer.
Mientras en países como España los debates recientes giran en torno a la regulación del acceso de perros a establecimientos o su reconocimiento pleno como miembros de la familia, al otro lado del Mediterráneo se libra una batalla legal de calado histórico que afecta al estatus de los grandes équidos.
Italia ha comenzado a dar los pasos para un cambio normativo radical: retirar a caballos, mulas, burros y ponis de la categoría de ganado productivo y catalogarlos oficialmente como animales de compañía (animali d'affezione).
El proyecto, impulsado bajo el revelador título de "Fine corsa" (Fin de carrera), arrancó formalmente su andadura legislativa tras ser presentado en la Cámara de Diputados y depositado ante el Tribunal de Casación de Roma por la organización Animal Equality Italia en alianza con la Fundación Islander.
El vacío legal del "animal de plato y de paseo"
A diferencia de lo que ocurre con los animales de compañía tradicionales, la legislación italiana actual mantiene para los équidos una doble clasificación al nacer.
En el registro figurarán mediante la etiqueta DPA (Destinato alla Produzione Alimentare, destinado a la producción de alimentos) o no DPA.
Esta distinción permite que miles de ejemplares que han compartido su vida con seres humanos en labores agrícolas, terapias, equitación o simple compañía puedan acabar en el matadero al finalizar su etapa productiva o deportiva.
La nueva propuesta de ley de iniciativa popular busca eliminar por completo esa ambigüedad. Sus puntos clave contemplan:
- Prohibición absoluta del sacrificio: Vetar la matanza de équidos en todo el territorio italiano con fines alimentarios.
- Reconocimiento como animales de compañía: Equiparar su protección jurídica a la de perros y gatos.
- Control y trazabilidad estricta: Reforzar las inspecciones para impedir el comercio ilegal o la falsificación de documentos que envían animales de paseo al plato.
Una brecha entre el consumo y la conciencia social
Detrás del impulso de la ley existen datos sobre el cambio de hábitos en la sociedad italiana.
Según los estudios presentados por los promotores (basados en análisis de la consultora Ipsos), el consumo de carne de caballo ha caído en picado en los últimos años.
Aunque el 83% de la población afirma no consumir este tipo de carne y más del 70% considera a los caballos animales con los que siente un vínculo afectivo similar al de una mascota, el país continúa siendo uno de los principales consumidores de este mercado dentro de la Unión Europea.
Matteo Cupi, director ejecutivo de Animal Equality en Italia, y Nicole Berlusconi, presidenta de la Fundación Islander, coinciden en que la ley busca "cerrar la brecha entre la sensibilidad ciudadana y una legislación obsoleta".
La campaña cuenta además con el respaldo manifiesto de figuras de la cultura, la televisión y diputados de diversos espectros políticos (desde el Movimento 5 Stelle y el Partito Democratico hasta Forza Italia).
Un camino de 50.000 firmas antes del Parlamento
A pesar del apoyo institucional y social, la iniciativa debe recorrer aún el estricto cauce que fija la Constitución transalpina para las propuestas de iniciativa ciudadana. La plataforma promotora necesita recoger 50.000 firmas válidas.
Si se alcanza la cifra antes del plazo límite fijado a principios de enero de 2027, el Parlamento italiano estará obligado por ley a abrir el debate formal sobre el texto e iniciar su tramitación en las comisiones correspondientes.
De salir adelante, Italia se convertiría en un referente europeo al redefinir las fronteras jurídicas que separan a los animales de granja de aquellos destinados a la convivencia y la compañía humana.
