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La llegada de un nuevo felino al hogar suele romper la aparente calma de la rutina diaria. Aunque tendemos a humanizar su comportamiento, la territorialidad de la especie hace que cualquier cambio en la estructura familiar sea percibido como una amenaza.

"Es natural preocuparnos cuando notamos estos cambios, pero entender los signos reveladores es el primer paso para promover una convivencia armoniosa", explican los expertos en etología felina.

A menudo, el descontento se manifiesta a través de un alejamiento paulatino o mediante un incremento repentino de las llamadas de atención.

Un cambio drástico en el carácter del animal suele ser la primera señal de alerta. "Nuestros queridos felinos pueden pasar de ser amorosos y juguetones a gruñones y hasta dejar de comer de un día para otro cuando ingresa un nuevo gatito en la familia", destacan los especialistas.

Alterar las necesidades biológicas

Esta respuesta emocional no solo afecta a su ánimo, sino que altera directamente sus necesidades biológicas básicas.

"Si has notado que tu gato apenas prueba su comida, puede que esté expresando su ansiedad o estrés a través de sus hábitos alimenticios", comentan los expertos sobre este rechazo al comedero.

El lenguaje corporal directo y las marcas químicas en el hogar se convierten en la principal herramienta de comunicación frente al intruso.

"Te ha pasado que mientras estás acariciando al nuevo miembro, tu gato de repente empieza a bufar o a dar pequeños zarpazos sin previo aviso; esa es su manera de reclamar su territorio", señalan los etólogos.

Reafirmar su presencia

A este rechazo directo se le suma la necesidad imperiosa de reafirmar su presencia en el espacio compartido.

"Tu gatito residente sentirá la necesidad de marcar su espacio seguro rociando un poco de orina en las esquinas o frotando sus mejillas en los muebles para demostrar quién manda", explican los especialistas.

Cuando la vía territorial no basta para recuperar el protagonismo perdido, el felino puede recurrir a la interacción forzada o a la vía destructiva.

"Si busca la forma de ser acariciado saltando a tu regazo o si encuentras arañazos en el sofá, es solo su manera de expresar su descontento al ver que no tiene toda tu atención", añaden los expertos.

No forzar el contacto

Para reconducir la situación, los profesionales enfatizan la importancia de no forzar los contactos entre ambos animales y mantener una pauta progresiva.

"Si estás introduciendo un nuevo gatito en casa, hazlo de manera gradual y supervisada, dejándolos que interactúen a su propio ritmo y tiempo", recomiendan los conservacionistas y educadores felinos.

Garantizar la estabilidad en la rutina diaria y multiplicar los elementos de enriquecimiento ambiental resultará imprescindible para devolver la calma a la casa.

"Dedica tiempo de calidad a cada gato por igual y mantén horarios consistentes para la alimentación, el juego y las caricias; esto ayudará a reducir la ansiedad proporcionándoles seguridad", concluyen los especialistas.