Ana Mena es, sin duda, una de las artistas más cotizadas y escuchadas del pop actual. Con giras multitudinarias, éxitos constantes en las listas de España e Italia y una agenda profesional que apenas le da tregua, la malagueña vive envuelta en un ritmo vertiginoso.
Sin embargo, cuando los focos del escenario se apagan y la música deja de sonar, la cantante encuentra su verdadera desconexión y paz en un entorno mucho más terrenal: la compañía incondicional de sus tres perros.
La intérprete no ha dudado en declararse públicamente como una "perrista" confesa. Para ella, los animales no son un simple complemento en su día a día, sino su auténtica "terapia personal" para mantener los pies en la tierra tras enfrentarse a estadios abarrotados y entregados a su música.
Una familia canina llena de energía
El universo canino de Ana Mena está compuesto por dos border collie y un pastor belga, tres razas caracterizadas por su inteligencia, vitalidad y necesidad de actividad constante.
Entre ellos destaca Poleito, el más mediático y fotografiado de la manada, a quien los seguidores de la artista ya conocen de sobra por sus apariciones estelares en redes sociales durante sus descansos en casa.
Aunque por discreción la cantante prefiere no detallar públicamente el origen o las fechas de nacimiento exactas de sus mascotas, siempre ha dejado claro que su pasión por ellos va mucho más allá del ámbito doméstico.
Su amor por los animales es tan impulsivo como genuino: "Perro que me encuentro por la calle, perro que acaricio", ha llegado a reconocer con humor en televisión, dejando anécdotas memorables como estar a punto de perder trenes por quedarse charlando y saludando a las mascotas que se cruza por el camino.
Entre el campo malagueño y el ritmo de Madrid
La logística para cuidar de tres perros de gran tamaño con una agenda internacional no es sencilla, pero la cantante ha establecido un engranaje perfecto basado en la cercanía familiar.
Cuando la rutina lo permite, sus perros conviven con ella en su residencia de Madrid. Sin embargo, durante los largos periodos de grabación o sus giras prolongadas por Italia, los animales se trasladan a la casa familiar en Estepona (Málaga).
Criada en un entorno cercano a la naturaleza, la artista confía plenamente en el cuidado de sus padres y de su círculo íntimo, asegurándose de que sus compañeros de cuatro patas mantengan siempre una vida activa y rodeada de campo.
Volver al suelo
Para la artista, regresar a casa después de semanas de viajes y entregarse al juego con sus animales es el único método capaz de devolverle la serenidad.
Sacar a pasear a sus border collie y a su pastor belga o simplemente tirarse al suelo a jugar con Poleito se ha convertido en su ritual sagrado para despojarse del estrés del espectáculo.
En un mundo mediático donde todo va a gran velocidad, Ana Mena ha encontrado en la lealtad y el cariño sin filtros de su manada su refugio más valioso: un recordatorio diario de que las cosas más sencillas siguen siendo las que mejor alimentan el alma.
