Muchos tutores de gatos comparten la misma frustración a la hora de alimentar a sus felinos: abren una lata de comida húmeda, el animal devora la primera mitad con entusiasmo, pero la porción restante guardada en la nevera o dejada a temperatura ambiente queda completamente ignorada.
El veterinario Carlos Gutiérrez abordó recientemente la consulta de una tutora cuya gata de dos años prefería hacer huelga de hambre antes que consumir comida refrigerada o recalentada.
Como señala el especialista, este comportamiento es sumamente habitual en la especie. "Se vuelven unos auténticos gourmet que solamente quieren el plato que les gusta", se ríe en un vídeo de YouTube.
Desde un punto de vista puramente sensorial, la exigencia del felino tiene una explicación lógica. Cuando una lata se abre y entra en contacto con el aire, sus componentes comienzan a oxidarse de manera natural, lo que altera su perfil aromático.
A esto se suma el factor térmico: la comida refrigerada pierde gran parte de su olor. "Nuestros gatos saben lo que es bueno, lo que les gusta y quieren eso. La latita recién abierta tiene más sabores porque no ha tenido contacto con el aire, no se han oxidado ninguno de sus componentes y cuando está fría de la nevera también pierde sabor".
El pulso de la negociación felina
Más allá del aspecto del sabor y el aroma, existe un factor de aprendizaje y comportamiento. En muchas ocasiones, la negativa a comer se transforma en un reto de persuasión donde el animal aprende a condicionar la respuesta de su humano.
"Hay veces que nosotros caemos en un error que es en ponerle la latita la gata llega, la huele y se da la vuelta y no la come".
Al retirar la porción rechazada al cabo de poco tiempo para ofrecer una lata completamente nueva, el tutor refuerza involuntariamente la conducta del felino.
"Se la dejamos ahí media horita, una hora, y de repente decimos: 'Ay pobrecita, voy a cambiarle esa lata, le voy a poner otra recién abierta que se va a quedar sin cenar'. Y entonces ahí le estamos dando un mensaje a nuestra gata: 'Si aguantas lo suficiente, al final te caerá la comida rica'".
Ajuste de formatos y gestión de horarios
Para corregir esta dinámica y evitar el desperdicio constante de alimento, Gutiérrez plantea dos estrategias principales. La primera opción consiste en adaptar el tamaño de la ración mediante productos específicamente concebidos para un único consumo.
"Hay sobrecitos, comida húmeda para nuestros gatos que vienen en raciones un poquito más pequeñas. Entonces, si ves que tu gata por lo que sea no tolera que la latita esté abierta, dale raciones más pequeñas. Suelen venir sobres más pequeños y así no desperdicias tanta comida".
La segunda estrategia pasa por modificar el momento en el que se ofrece la comida para eliminar la atención constante durante el rechazo. El propio veterinario ejemplifica cómo aplicó esta técnica en su hogar.
"Nosotros retrasamos un poquito la hora de la cena y le ponemos la comida húmeda a la hora a la que nos vamos a dormir, para que perciba un mensaje: 'Mis humanos ahora mismo están apagados o fuera de cobertura, como los teléfonos móviles, así que no puedo hacer este show. Ya sé que lo único que tengo en el plato es lo que me tengo que comer'."
Esta pauta permite que el animal entienda que no habrá negociaciones ni relevos de latas durante las horas de descanso, logrando así una ingesta completa del alimento sin ceder ante el hábito del desperdicio.
