El parvovirus canino y la panleucopenia felina representan dos de las amenazas más serias y contagiosas para los cachorros de perros y gatos.
Aunque comúnmente se asocian con cuadros digestivos graves, se trata de enfermedades virales agresivas capaces de poner en riesgo inminente la vida del animal si no se abordan con la rapidez adecuada.
Estas patologías no limitan su daño al aparato digestivo. La veterinaria Laura explica que ambos agentes se replican en células intestinales y en la médula ósea, lo que desencadena complicaciones severas.
Además, la especialista recalca un punto crucial sobre la vacunación al advertir que "si la pauta de vacunación no es completa seguramente de mayores pueden tener más incidencia de enfermar; además la vacuna no es 100% efectiva".
La transmisión ocurre principalmente por la vía fecal-oral, ya sea por contacto directo o a través de fómites. Las personas pueden transportar el virus en la suela de los zapatos o en la ropa sin saberlo.
Existe además la transmisión intrauterina, la cual deja consecuencias graves en los recién nacidos, como muerte súbita por miocarditis en perros o hipoplasia cerebelosa con ataxia en gatitos. El periodo de incubación suele oscilar entre los 5 y 10 días tras la exposición.
Sintomatología y diagnóstico oportuno
La inapetencia, los vómitos y las diarreas líquidas o con restos de mucosa y sangre son los síntomas clínicos dominantes. A nivel interno, la réplica en la médula ósea destruye los glóbulos blancos, debilitando las defensas.
Para diagnosticar la enfermedad se recurre a un test de antígenos en heces, aunque Laura aconseja no realizar la prueba antes de tiempo, recomendando esperar a que se manifiesten las primeras señales para evitar falsos negativos.
Superar la enfermedad
Al carecer de un antiviral específico, el abordaje es plenamente sintomático y de soporte, requiriendo en la mayoría de los casos una hospitalización de entre 7 y 10 días para administrar fluidoterapia intravenosa, antibióticos contra infecciones secundarias y protectores gástricos.
Superada la enfermedad, desinfectar el hogar resulta crítico, dado que el virus puede sobrevivir hasta un año en el entorno.
La veterinaria insiste en que "todas las superficies que hayan tenido contacto con estas heces del gatito o del perrito tienen que ser limpiadas con lejía y a ser posible secadas al sol", aconsejando no ingresar nuevos cachorros a la vivienda durante ese periodo de tiempo.
Ante cualquier sospecha de letargo o trastornos digestivos, la atención veterinaria inmediata es la única garantía para salvar la vida del paciente.
