El ecosistema de Amboseli atraviesa una crisis tras confirmarse el fallecimiento de 18 elefantes desde finales de junio.
Las fuerzas de seguridad kenianas han logrado detener a cuatro sospechosos tras una serie de registros en las localidades de Tikondo y Kimana, donde se incautaron productos químicos de alta toxicidad y sin etiquetado legal, presuntamente introducidos de forma clandestina desde un país vecino.
Las autoridades mantienen abierta la búsqueda de un quinto individuo que podría ser clave para esclarecer la trama tras estos decomisos.
Las sospechas de intoxicación
Los exámenes preliminares del Servicio de Vida Silvestre de Kenia señalan que los paquidermos habrían ingerido tomates contaminados con pesticidas de uso agrícola, lo que les habría provocado un envenenamiento por cianuro.
Estos frutos fueron hallados en los estómagos de varios ejemplares que manifestaron debilidad y parálisis previas a su muerte.
"La conservación de la vida silvestre no puede limitarse a las fronteras de las áreas protegidas, porque los animales salvajes se mueven libremente por paisajes comunitarios, privados y agrícolas", informó la ministra de Turismo y Vida Silvestre, Rebecca Miano, según recogieron este domingo medios locales.
"Por lo tanto, la colaboración entre agencias gubernamentales, comunidades, propietarios de tierras, áreas de conservación y otras partes interesadas es indispensable", señaló además, destacando además que los análisis siguen "sujetos a verificación científica adicional antes de que la investigación se considere completa".
Un conflicto histórico
La hipótesis del pesticida ha generado un fuerte escepticismo entre los pobladores y los guardabosques de la zona.
Varias voces comunitarias sostienen que tanto las familias locales como su ganado consumen de forma habitual los cultivos de esas mismas granjas sin haber registrado un solo caso de intoxicación o muerte, por lo que no descartan que se trate de una patología patógena aún desconocida.
A pesar de estas discrepancias, la ministra Miano agradeció el apoyo de los habitantes por su "vigilancia y cooperación", valorándolos como "socios indispensables y los principales guardianes del patrimonio de vida silvestre".
Esta crisis golpea a una especie que arrastra décadas de vulnerabilidad. Kenia sufrió entre 1979 y 1989 una dramática reducción de su población de elefantes, que pasó de 170.000 a 16.000 individuos debido a la caza furtiva.
Aunque la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres prohibió el comercio internacional de marfil en 1989, la presión sobre el hábitat y el tráfico hacia mercados asiáticos han causado una caída global del 60 % en las poblaciones de elefantes africanos en los últimos 50 años.
El ecosistema de Amboseli, que alberga a unos 1.500 ejemplares y ostenta un crecimiento sostenido desde los años setenta según el Amboseli Trust for Elephants, se enfrenta ahora al reto de frenar esta mortandad en sus fronteras.
