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Sueles pasear por la calle con tu perro un día de calor sofocante a las cinco de la tarde. Tú caminas protegido con tu calzado estival y él va completamente descalzo. Sin embargo, pocos dueños son conscientes de la temperatura real que alcanza el suelo bajo el sol.

El veterinario Andrés Santiago advierte con dureza sobre esta imprudencia estival: "Tú vas con tus zapatillas, mientras que él anda descalzo sobre una plancha a sesenta grados".

Uno de los principales problemas de esta situación es la capacidad de resistencia del propio animal. El perro no siempre va a gemir ni a quejarse al instante cuando empieza a sentir dolor.

"Los animales aguantan callados mucho tiempo, ya lo sabes. Para cuando cojea o se sienta de golpe y no quiere seguir, ya se ha quemado las almohadillas. Que es piel viva", explica el especialista.

Las consecuencias de una quemadura

Las lesiones por contacto prolongado con superficies ardientes generan un sufrimiento intenso y un proceso de recuperación sumamente lento e incómodo para la mascota.

Cuando el tejido de la pata entra en contacto con el asfalto abrasador, los daños son inmediatos. El tejido blando de las almohadillas se pela y deja al descubierto capas profundas y muy sensibles, provocando ampollas y levantamiento de piel.

Al ser la zona de apoyo anatómico del animal, la curación resulta compleja porque la herida sufre fricción continua. Esto significa que el animal sufre dolor constante en cada paso.

Además, es importante saber que existe un riesgo elevado de infección. El contacto directo del tejido lastimado con el suelo sucio de la calle favorece la entrada de bacterias. Como resume de forma tajante Andrés Santiago, se trata de "un desastre por un paseo mal dado".

La regla de los 7 segundos

Evitar este sufrimiento no requiere inversiones ni métodos complejos, sino cambiar de hábitos y aplicar el sentido común antes de cruzar la puerta de casa.

Antes de bajar a la calle, coloca el dorso de tu mano directamente sobre el asfalto y cuenta hasta nueve. "Si a los siete segundos has apartado la mano, tu perro no puede ir por ahí. Así de simple. A ti te protege la chancla. A él nada. Se nos olvida siempre", remarca Santiago.

La solución no tiene misterio y es gratuita. Hay que evitar las horas centrales del día. Los paseos largos deben realizarse a primera hora de la mañana, cuando la superficie conserva el frescor de la noche, o bien entrada la noche.

Si resulta imprescindible sacar al animal durante las horas de calor para que haga sus necesidades, la pauta es evitar las aceras y el asfalto. Conviene buscar zonas de sombra, césped o tierra.

Asimismo, es vital recordar que la arena de la playa a mediodía alcanza temperaturas extremas que queman con la misma intensidad. Cuidar la salud de sus patas es una responsabilidad que recae de forma exclusiva en el dueño.

Como concluye el veterinario: "El perro no te va a decir 'esto quema'. Lo tienes que averiguar tú por él. Con la mano en el suelo y contando hasta siete".