¿Alguna vez has sentido que compartes piso con un aristócrata victoriano que apenas tolera tu presencia?
Muchos tutores conocen de cerca esa fría indiferencia felina, una frustración que el veterinario Manuel Manzano sintetiza perfectamente en un solo concepto: "mi gato pasa de mí, le llamo y no viene".
La buena noticia es que romper ese hielo no es cuestión de suerte ni de forzar el cariño, sino de ciencia. Existen estrategias probadas que pueden transformar a un felino distante en un compañero proactivo y cercano.
El secreto no está en exigir su atención, sino en "reforzar el respeto hacia el animal" e "instaurar unas rutinas", dos pilares sagrados para cualquier gato.
Aprender a ignorarlo
El primer paso para acercarse a un gato consiste en respetar su espacio y aprender a ignorarlo. Es fundamental no perseguirlo por la vivienda ni fijar la mirada en él para evitar que se sienta acosado.
En palabras del veterinario, "si ustedes quieren acercarse al gato, la mejor manera es ignorarlo".
Perseguir al animal o cometer el error de arrinconarlo detrás de un sofá o en una esquina puede desencadenar reacciones agresivas por estrés, generando una situación de riesgo para el propio tutor.
Asimismo, las caricias no deben aplicarse de forma indiscriminada por todo el cuerpo, sino únicamente en las zonas específicas donde se concentran sus glándulas de feromonas.
Al frotarse, el gato deposita estas sustancias sobre la persona para integrarla dentro de su "entorno de confianza". Las tres áreas clave son la parte inferior de las mejillas, la parte inferior de la barbilla y la zona posterior de las orejas.
Cualquier otra región, como el lomo, la cola o las patas, debe posponerse en esta etapa. Como advierte el especialista: "Calma, no queramos hacer las cosas más rápido de lo que debe ser".
El 'beso de un gato'
En cuanto al contacto visual, mirar fijamente a un felino es interpretado como una amenaza. La forma correcta de interactuar es mediante el "beso de gato", que consiste en parpadear de forma lenta tras sostener la mirada durante dos o tres segundos.
El veterinario señala que este gesto es percibido de forma muy positiva: "Lo identifican como un gesto de que tú les estás queriendo decir: 'Oye, soy de tu clan, para mí eres importante, te aprecio'".
Por otro lado, ganar su confianza exige dedicarle tiempo de juego, con un mínimo recomendable de cuatro horas semanales distribuidas en sesiones diarias de media hora.
Las actividades más valoradas son los juegos de caza, los cuales no requieren grandes inversiones. Se pueden elaborar opciones caseras a coste cero —como atar un cordón a un tubo de cartón— o adquirir cañas de pescar con figuras de aves o peces.
Finalmente, resulta indispensable ofrecerle un entorno predecible basado en la norma 3-3-3. Según este criterio, el animal necesita tres días para explorar un nuevo territorio, tres semanas para consolidar una rutina clara y tres meses para integrar todos estos conceptos y sentirse totalmente "como en casa".
Aun cuando la adaptación no ocurre de un día para otro, mantener la constancia durante este periodo garantiza que el felino reconozca el hogar como un espacio seguro.
Aplicando estas pautas con paciencia, el veterinario asegura que el gato responderá al llamado, comerá de la mano y buscará la compañía de su tutor de forma espontánea.
