Para Helena Resano, la vida en casa se entiende a través de una dinámica de cinco, aunque uno de ellos camine a cuatro patas.
Su compañero de vida se llama Owie, un bichón habanero macho de 13 años que ha redefinido por completo su forma de entender el mundo animal.
"Tengo la convicción de que aún no es consciente de que es un perro", confiesa la periodista entre risas en una entrevista con Mascotario, al describir la personalidad de su pequeño compañero.
Owie cuenta con un sentido del humor peculiar y una rutina nocturna sagrada que marca el ritmo de la casa: "Su momento preferido del día es cuando nos sentamos en el sofá, por la noche. Saca todos sus juguetes y nos tiene un buen rato lanzándole pelotas".
Un clic familiar, paseos bajo la lluvia y hábitos únicos
La llegada de Owie marcó un antes y un después definitivo en el hogar. La periodista recuerda con precisión el instante exacto en el que dejó de verle como una mascota para sentir que era alguien vital en su existencia.
"La primera vez que me separé de él. La primera vez que nos fuimos de viaje sin él. Los cuatro sentimos que faltaba el 'quinto' de la familia", afirma conmovida.
A lo largo de estos 13 años, Resano ha protagonizado situaciones disparatadas por el bienestar y las manías de su bichón. La más destacada tiene que ver con su aversión al agua del cielo.
"Odia la lluvia. En cuanto abrimos la puerta y ve que está lloviendo, se da media vuelta". Así que, en días de lluvia, lo monta en el coche y se lo lleva a un parking abierto con plazas techadas para que pueda hacer sus necesidades tranquilamente.
Owie.
"Y cuando esa opción es inviable, salgo con un paraguas. Le tapo a él, mientras yo acabo empapada", relata con complicidad. Sin embargo, esa devoción es totalmente mutua.
Si Owie pudiera hablar y tuviera que definir a su dueña con una frase recurrente, Helena lo tiene claro: "Se empeña en mantenerme limpio y a mí, lo que me gusta es ensuciarme".
Y es que, si pudiera regalarle un territorio soñado en cualquier parte del mundo, sería sin duda la naturaleza salvaje: "En el monte es feliz, persiguiendo animales, explorando, encontrando todos los charcos llenos de barro en los que poder ensuciarse".
Un lenguaje secreto al piano
Con el tiempo, Helena y Owie han desarrollado un código de comunicación no verbal impecable. "Se queda mirando sus cuencos, y sé que me está pidiendo algo. O que no tiene agua o que tiene hambre. Me espera paciente, tumbado", explica la presentadora.
Pero si hay un momento íntimo y mágico que los conecta de manera especial, es cuando la música entra en escena: "Cada vez que me pongo a tocar el piano viene y se tumba en el sillón que hay justo al lado. Se acuesta y se queda relajado, escuchándome".
En la convivencia diaria también hay espacio para pequeños momentos cómicos y un punto de celos territoriales. "Sus enfados cuando nos cruzamos con otro perro me dan un poco de vergüenza, pero en el fondo lo adoro. No acaba de entender que son sus iguales. Los ve como una amenaza, supongo que para él y para nosotros", señala.
Cuando se miran, Rosano percibe "una mezcla de devoción y amor incondicional, de lealtad a prueba de todo". Una paciencia en la que reconoce que él la supera con creces: "Es un perseverante nato. Sabe cómo conseguir lo que quiere".
El refugio perfecto ante el nido vacío
Para la comunicadora, Owie ha sido una auténtica lección de vida y un salvavidas emocional silencioso. "Nunca había tenido una mascota. Desde que llegó, tengo otra sensibilidad con los animales", reflexiona con honestidad.
"El amor incondicional que te dan es increíble. Nunca pensé que podías querer tanto a un animal. Su sensibilidad, su forma de mirarte, de esperarte paciente, de alegrarse cada vez que entras en casa…".
Esa presencia reconfortante ha cobrado un sentido todavía más profundo en los últimos tiempos, convirtiéndose en su gran pilar cuando las dinámicas de la casa han cambiado:
"Me ha salvado seguramente en esta última etapa en la que el nido se ha quedado vacío. Él sabe cómo llenarlo".
Una banda sonora vital y la nostalgia del futuro
Si tuviera que ponerle una banda sonora a su forma de estar en el mundo y al camino que han recorrido juntos, Helena elige el ritmo fresco e independiente de Summercat.
Además, si su historia compartida fuera un libro, llevaría por título un fiel reflejo de su carácter: El perro que recorrió medio mundo sin saber que era un perro.
El paso del tiempo y el vínculo con sus hijos dejan estampas repletas de ternura en la memoria de la periodista. "Hay una frase que me marcó: para él vamos a ser toda su vida, la única vida que va a conocer. Para nosotros, será una etapa de nuestras vidas. Y en mi caso, será la que más nostalgia me va a generar", confiesa emocionada.
Siempre recordará cuando llegó a casa por primera vez, cuando sus hijos eran pequeños, cómo jugaban con él, cómo le echan de menos cuando se van y cómo les echa él de menos a ellos.
"Va a las puertas de sus habitaciones y les huele. Sabe que ya no están en casa, pero que siguen ahí y que, de vez en cuando, vuelven y para él es una fiesta". Una historia sin artificios, profundamente verdadera, donde un pequeño bichón habanero sigue recordando a diario el verdadero significado de la familia.
