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Para la civilización maya, el colibrí no era un simple pájaro: representaba la resurrección de las almas, un mensajero entre mundos capaz de llevar los pensamientos y deseos de los hombres.

Siglos después esa mitología parece haber cobrado un sentido literal en un santuario que no solo devuelve el vuelo a estas diminutas aves, sino que también devolvió la vida a quienes las cuidan.

El proyecto Terraza Colibrí es el fruto de una alianza tan azarosa como extraordinaria entre dos personas que encontraron en el rescate animal un propósito de vida: Edgar, un joven apasionado por la conservación, y Katia, una mujer que halló en estas aves la fuerza para desafiar a la propia muerte.

"Estás aquí por algo": el ave que cambió un destino

La historia de Katia, de origen libanés, comenzó hace exactamente 12 años en un escenario de extrema vulnerabilidad.

Dos años antes, los médicos le habían diagnosticado un cáncer terminal con un pronóstico devastador: apenas dos meses de vida.

Sin embargo, contra todo pronóstico, siguió adelante. Fue entonces cuando un colibrí herido se cruzó en su camino.

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"Lo miré y dije: Ya sé por qué estás aquí, estás aquí por algo", recuerda Katia con emoción.

Aquel encuentro fue una epifanía. Desde ese momento, decidió transformar su hogar y destinar dos habitaciones de su departamento exclusivamente al cuidado y rehabilitación de colibríes convalecientes.

A lo largo de más de una década, por sus manos han pasado más de 110 ejemplares, lo que la ha llevado a formarse de manera autodidacta y profesional en los complejos cuidados veterinarios que requiere un metabolismo tan acelerado como el de estas aves.

Su labor ha cruzado fronteras: hoy en día recibe mensajes y videos de personas de diversas partes del mundo que le piden asesoría para salvar a pájaros heridos.

La unión hace la fuerza

De manera paralela, hace seis años, Edgar y su novio encontraron otro colibrí herido en el sur de la ciudad.

Tras ayudarlo, decidieron ir más allá y convertir su terraza en un oasis urbano para la especie.

Para hacerlo de forma rigurosa, se asesoraron con biólogos expertos, particularmente de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), sobre la flora endémica y las plantas específicas capaces de atraer y alimentar a estos polinizadores.

El esfuerzo dio frutos rápidamente. La terraza empezó a recibir visitantes poco comunes en entornos urbanos, desde especies locales como el colibrí Tilmatura dupontii hasta ejemplares migratorios.

El destino de ambos proyectos se unió gracias al poder de las redes sociales. Cuando Edgar supo que del otro lado de la ciudad había una mujer que realizaba milagros médicos con las aves, no dudó en contactarla.

En una ocasión, una pareja de ancianos viajó desde el Estado de México para llevarles un ave moribunda, rogando por su salvación. Katia les respondió: "La vida Dios la da y Dios la toma, pero haremos todo lo posible".

Inteligencia alada

Quienes ven a los colibríes como simples adornos del aire desconocen su enorme capacidad cognitiva. Katia y su ayudante, Cesi, son testigos diarios de la notable inteligencia de estos pequeños pacientes.

"Es un pájaro muy inteligente. Por ejemplo, si tardamos más de 20 minutos en alimentar a un bebé, viene, se posa en la mano o en el hombro, abre el pico y chilla diciendo: Ahora sí, ya me toca que me alimentes", relata con una sonrisa.

Hoy, el flujo de trabajo de Terraza Colibrí funciona como un verdadero centro de recuperación integral. Edgar gestiona el centro de acopio: recaba la información, rescata a los animales heridos y los traslada a la "Unidad de Cuidados Intensivos" en casa de Katia.

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Ella los medica, los alimenta y cura sus alas o picos hasta que recuperan la vitalidad. Cuando llega el momento más emotivo, el del alta médica, Katia prepara el regreso a la libertad.

"En la mañana les doy la bendición y me despido de ellos. Yo no puedo ir a la liberación, así que se van con Edgar" explica.

De vuelta en la terraza las aves abren sus alas y regresan al cielo, cumpliendo una vez más el viejo mito maya: el de las almas que resucitan y vuelven a volar.