Angelica Rimini
Publicada

Una tortuga boba que sobrevive a la amenaza del cambio climático, un pequeño tiburón nocturno cuyos huevos guardan la llave para salvar a otras especies en peligro, y un pingüino antártico que funciona como el termómetro de la salud de los polos.

Las historias de estos tres animales han sido el eje central de la liberación de fauna recuperada que ha tenido lugar en la Bellver Blue Tech Zone (Oropesa, Castellón), sede de la Fundación Azul Marino.

Este acto, en el que también se han liberado caballitos de mar y un ejemplar de pintarroja (Scyliorhinus canicula), ha servido como marco para la presentación de Fauma, un proyecto tecnológico que busca transformar la relación de los ciudadanos con la conservación ambiental.

Tres ventanas a la supervivencia marina

En su fase inicial, el proyecto se apoya en el seguimiento de tres especies con perfiles muy distintos, pero con un alto valor científico.

La pintarroja (Scyliorhinus canicula) es la primera. A pesar de estar clasificado como una especie de 'preocupación menor', este pequeño tiburón de fondo es clave en el laboratorio.

El estudio del desarrollo de sus huevos (conocidos como 'bolsos de sirena') ofrece a los biólogos un conocimiento crítico que luego aplican para proteger a otros tiburones en peligro de extinción que no pueden ser investigados en libertad.

La tortuga boba (Caretta caretta) es catalogada como 'vulnerable' por la UICN. Se estima que solo una de cada mil crías logra alcanzar la edad adulta.

Actualmente, la especie se enfrenta además a la feminización masiva de sus poblaciones y a la pérdida de nidos enteros debido al aumento global de las temperaturas.

Aunque sus poblaciones son estables, el pingüino Juanito (Pygoscelis papua), actúa como un bioindicador del ecosistema antártico. El monitoreo de sus colonias permite a los científicos anticipar riesgos para otras especies de pingüinos que ya se encuentran en situación crítica.

Datos clínicos y cámaras en directo sin filtros

A través de la plataforma, que ya está disponible en App Store y Google Play, los usuarios pueden acceder de forma directa al día a día de estos animales dentro de los centros de recuperación.

Más allá de la observación pasiva mediante cámaras en directo, la propuesta incluye el acceso al diario médico de cada ejemplar.

Este registro, actualizado en tiempo real por los propios biólogos y veterinarios, detalla los pesos, las analíticas de sangre, las notas clínicas y los hitos en la rehabilitación de los animales.

El objetivo es desmitificar el trabajo científico y mostrar de forma transparente los recursos y el esfuerzo necesarios para devolver un animal a su hábitat natural.

Un modelo de financiación para la investigación

En este lanzamiento inicial, el Oceanogràfic de Valencia, la Fundación Oceanogràfic y la Fundación Azul Marino son las tres instituciones que han aportado sus instalaciones, animales y personal científico.

El proyecto se sostiene mediante un sistema de suscripciones anuales divididas en tres niveles de implicación (Amigo, Hermano y Héroe).

Los fondos recaudados se destinan de manera directa a la financiación de los proyectos de conservación e investigación de las entidades colaboradoras.

El modelo está diseñado para ser escalable, con la previsión de incorporar nuevos centros de recuperación y proyectos de biodiversidad a medida que se consolide la comunidad.